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La abuela de las croquetas
Ensayo de un camarero

La abuela de las croquetas

'Ensayo de un camarero' es el resultado de las reflexiones y vivencias de un profesional de sala anónimo de Gran Canaria

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 4 de diciembre 2023

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Mi abuela Pepita hacía las mejores croquetas que yo he probado. Pasaba el día entero boleando croquetas de jamón, espinacas, pescado o pollo. Luego repartía éstas en diferentes «tuppers» a las vecinas, la familia, etc. Eran unas croquetas perfectas, parecían de esas de quinta gama como las que algunos restaurantes venden como croquetas caseras, tanto por su forma como por su sabor y textura.

Suele pasar en algún servicio que nos topamos con alguna de estas abuelas, que nos recuerdan a la nuestra. Aunque no siempre tienen que ser abuela, también alguna o algún experto en recetas que bajo la tranquilidad que le brinda su cocina y tras haber estudiado las recetas de revistas o de los «reality show» que podemos ver en diferentes cadenas de televisión, intervienen para exponer su sabiduría en gastronomía y explicar como se debe preparar y cocinar un plato. Y eso en unos pocos minutos mientras el trabajo de la sala se te va amontonando.

Cuando me acerco a una mesa y pregunto aquello de, «¿qué tal todo por aquí?, ¿todo bien?». Es curiosa la respuesta del comensal que te dice, «bueno las croquetas están buenas, pero les falta cremosidad», o «la tortilla esta bien, pero las papas cortadas en trocitos mas pequeños hubieran estado mejor», o «la ensaladilla está un poco sosa, le falta cebolla y deberías ponerle aceitunas troceadas dentro». Estos comentarios de los comensales que acuden a los restaurantes son un clásico de las anécdotas que experimentamos los que estamos en sala.

Me pregunto si ese apasionado de la cocina que tiene una actitud más propia de un inspector de la Guía Michelin, ha salido de su casa a almorzar o cenar con sus amigos y ha dicho, «bueno, a ver a qué cocinero puedo ayudar hoy a mejorar su carta». Acaso no piensa que a lo mejor la cocina de ese restaurante ha elegido hacer la receta de esa ensaladilla o tortilla de esa forma porque a la mayoría de los clientes les gusta, o que quizás si lleva años realizando esas croquetas es porque tienen una aceptación considerable.

En mi opinión, cuando acudimos a un restaurante al que nunca habíamos ido antes, o que nos han recomendado, estaría bien aceptar esos platos antes de juzgarlos. Para ello también es preciso entender el concepto del restaurante. No a todo el mundo le gusta el picante, o la tortilla poco hecha, o quizás es que la cebolla en la ensaladilla no es para todos los públicos. Las opiniones son bien recibidas, de hecho eso ayuda mucho a crecer a un establecimiento y reporta una serie de datos a tener en cuenta si estos se repiten continuamente.

Pero, ¿para que ibas a salir a un restaurante a comerte los mismos platos que te cocinas en tu casa? ¿Acaso no es más divertido disfrutar de otro tipo de experiencias gastronómicas y probar texturas y sabores diferentes que no conocías?

Brindo por aquellas personas que cuando van a un restaurante, acuden a él abiertos a experiencias nuevas, a disfrutar del momento con los amigos, tu pareja o familia, aunque el punto de esa tortilla tan jugosa no es el que más te hubiese gustado. Y por aquellos que cuando crean que sus croquetas sean mejores que las del restaurante, nos traigan un «tupper» para probarlas como hacía mi abuela Pepita y así poder dar también nuestra opinión. Siga en Instagram a Ensayo de un camarero.

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