Cuando la comunicación es falaz, hacen falta periodistas

MÓNICA CODINA Profesora titular de la Universidad de Navarra

El pasado 23 de octubre, el senador demócrata Bernie Sanders anunció en 'The Tonight Show' sus previsiones sobre el escenario postelectoral que viviría Estados Unidos. Trump proclamaría su victoria tras el primer recuento de votos durante la noche electoral y acusaría de fraude a aquellos Estados en que los demócratas prefieren votar por correo y cuyo escrutinio –decisivo para determinar quién será designado presidente de los Estados Unidos– se alarga en el tiempo.

Tras unas elecciones con resultados tan estrechos, las previsiones de Sanders se han cumplido y el presidente Trump ha mantenido su posición como ganador acusando a los demócratas de fraude electoral. Lo insólito es que, dos días después de las elecciones, las grandes cadenas de televisión estadounidenses –CBS, ABC o CNBC– han interrumpido la emisión en directo de una rueda de prensa, al oír a Donald Trump afirmar desde la Casa Blanca: «Si se cuentan los votos legales gano con facilidad, si se cuentan los votos ilegales nos roban las elecciones». Al cortar la emisión el presentador de CNBC afirmaba: «Estamos interrumpiendo esto porque gran parte de lo que el presidente de los Estados Unidos está diciendo, no es verdad en absoluto».

Ginny Whitehouse, profesora de Periodismo Multimedia en Eastern Kentucky University me escribe: «Es profundamente lamentable que el presidente se niegue a proporcionar al público información precisa y, peor aún, que deliberadamente lance información falsa. Las organizaciones de noticias y las plataformas de redes sociales están teniendo que tomar decisiones difíciles. El presidente los acusa de censura mientras siembra las semillas del caos. Está haciendo afirmaciones infundadas. Sí, el presidente Trump está siendo tratado de manera diferente a los presidentes anteriores, pero ningún otro presidente ha hecho tantas acusaciones falsas y de tal magnitud. La función del periodismo es informar sobre hechos fundamentados y basados en pruebas.... No hechos alternativos que no tengan base en la realidad. La función del presidente es buscar el bien de la nación... no enterrarlo en mentiras en un intento desesperado por aferrarse al poder».

Al juzgar que no debían dar voz a las acusaciones de fraude electoral por ser falsas y no estar basadas en evidencias, los periodistas no han querido minar el sistema democrático norteamericano y han decidido primar la defensa de la legitimidad de sus instituciones. Hoy nos preguntamos: ¿cómo han podido reaccionar de este modo las televisiones norteamericanas? ¿Se han atrevido a censurar al presidente Trump?

La situación pone de manifiesto los estertores de la cultura posilustrada, en que la deriva de la denominada sociedad líquida expresa las teorías del relativismo en hechos de cultura. La presidencia de Trump nos ha ayudado a entender mejor qué significa la cultura de la post verdad y de los hechos alternativos. Una cultura que estamos llamados a cambiar si queremos recuperar el funcionamiento de nuestras instituciones.

Son los periodistas quienes están llamados a defender la legitimidad de nuestras instituciones y el ethos social que las anima. De ninguna manera se puede consentir que el ejercicio del poder democrático se vuelva totalitario y pretenda usurpar las libertades públicas que nos corresponden por el simple hecho de ser humanos.