Por si le interesa

El buen sueño del médico de Urgencias

15/01/2020

«No es de recibo que el ciudadano que busca un alivio a sus males se tope con un mal profesional que le haga sentir culpable»

Gaumet Florido

Seguro que le ha pasado. A una hora muy propia, póngale usted que a las dos, a las tres o a las cuatro de la madrugada, decide de buena gana zafarse de la manta calentita que le arropaba, abrir los ojos como chuchos y darse una vueltita, por aquello de que le dé el aire, por el centro de salud que le corresponde. Total, no tiene otra cosa que hacer. Arde en deseos de verle la cara al médico o a la médica de turno al que el Gobierno canario le paga una guardia para que duerma a gusto con vigilancia asistida, la del guarda jurado que ha sido contratado para velar por su buen sueño. Y claro, es por esto, justo por todo esto por lo que el profesional sanitario te mira con ganas de que te parta un rayo: no está para aguantarte, y menos si vienes a contarle tus penas.

No es de recibo que el ciudadano que busca un alivio a sus males se tope con un mal profesional que, encima, le haga sentir culpable

No es ironía, no. Solo he tratado de empatizar y ponerme en el lugar del otro, para entender por qué hay médicos, una minoría, por fortuna, pero muy fastidiosa e irritante, que te trata así cuando te toca presentarte en un servicio de urgencias nocturno a horas un tanto intempestivas. Lo cuento porque no debo ser el único que lo ha sufrido. Mejor dicho, me consta que no. Y no debe pasar. Es inadmisible. No es de recibo que el ciudadano que busca un alivio a sus males se tope con un mal profesional que, encima, le haga sentir culpable, como si le debiera algo por encontrarse enfermo y se haya atrevido a recurrir a un servicio que ha sido habilitado para justo lo contrario.

Me acuerdo de incidentes así cuando veo que en el Servicio Canario de Salud ya cuentan con los profesionales y los recursos tecnológicos necesarios para afrontar intervenciones tan delicadas, de esas que salvan directamente vidas, como los trasplantes de corazón, o que incluso haya quien ya esté hablando de que se dé el salto y empiece a trabajar la telemedicina. Cualquier avance en las ciencias de la salud y en la atención sanitaria es siempre una muy buena noticia. Y como ciudadanos no podemos sino congratularnos.

Pero a veces tengo la sensación de que tanto los gestores públicos de salud como los medios de comunicación nos distraemos con los grandes acontecimientos, los grandes números, sean positivos, como los mencionados, o negativos, como la maraña de cifras de las listas de espera, y sin embargo, dejamos fuera de foco esta realidad del día a día en un consultorio de pueblo o en un servicio de urgencias que también, por qué no, salva o quita vidas. Es verdad que nuestra sanidad tiene mucho más de bueno que de malo y que los profesionales que hacen bien su trabajo son la inmensa mayoría, pero en un servicio tan trascendente como este un garbanzo negro amarga el plato completo. Un buen médico no solo ha de ayudar a curarte, sino que ha de atenderte bien, con respeto y sensibilidad.