Personas sin hogar guían a los turistas

25/02/2020

Hace tres años, la Fundación Arrels, entidad que desde 1987 atiende a las personas sin hogar que viven en Barcelona, se lanzó a ofrecer unas rutas por la ciudad para escuelas y empresas en las que el cicerone era uno de esos hombres y mujeres que, por desgracia, conocen las calles mejor que nadie.

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«No eran rutas turísticas sin más –explican en Arrels–, se trataba de ayudar a comprender los problemas, conocer los recursos que existen para las personas sin hogar, acercarse a la historia de alguien que ha vivido en la calle y saber los espacios que habían marcado su experiencia». La iniciativa resultó tan interesante que desde el verano pasado la ofertan también para los turistas que llegan a la ciudad interesados en algo más que en el Parque Güell y la Sagrada Familia. No es un hecho aislado;varias capitales europeas llevan tiempo vendiendo estos tours ligados a la experiencia de estas personas: Dublín, Londres, Atenas, Berlín, Amsterdam...

¿Por qué llegaste a la calle?, ¿cómo fue tu primera noche al raso?, ¿cómo te encuentras ahora que tienes hogar? Son preguntas recurrentes de los turistas a Hans, Juan Carlos y Manuel durante las rutas por la Ciudad Condal en el llamado ‘Ultimate Homeless Tour’. Hans Udo nació en Stutgartt (Alemania)hace 62 años:«En mi país tenía familia, trabajo y un hogar, pero la forma de vida que llevaba y el carácter de la población no me hacían feliz. Por ese motivo decidí abandonarlo todo e irme a España, un lugar que me enamoró desde el primer momento». Desembarcó en 2008 en Barcelona, que le había deslumbrado durante unas vacaciones, con el objetivo claro de buscar trabajo, pero la primera noche le robaron el equipaje y se quedó sin dinero ni pasaporte. Acudió al Consulado alemán donde, asegura, le dijeron que era su problema haber perdido el pasaporte «y que si quería ayuda que fuera a uno de los centros sociales» que le apuntaron en una lista. Esa misma noche durmió en el parque de la Ciudadela y así pasó dos años. Hoy vive de alquiler en una habitación con ayuda de Arrels.

«Cuando estás en la calle –explica otro de los guías, Juan Carlos, catalán, 51 años, 9 de ellos sin hogar–, la gente te ve y sale corriendo, algunos cambian de acera y tienen miedo de ti. Lo que puedes sacar de mi historia es que no siempre te tienes que quedar ahí, que puedes cambiar si quieres y si te ayudan. Esto les sorprende porque muchos pensaban que la gente vive en la calle porque quiere y no siempre es así».

¿Turismo oscuro?

Para estas personas, todo esto supone un modo de integrarse de nuevo en la sociedad, una manera de ganarse la vida y de dejar de usar las calles como residencia para convertirlas en lugar de trabajo. Y para el turista es una alternativa diferente, la ocasión para internarse en la cara menos conocida o accesible de la ciudad de la mano de un auténtico experto.

En Irlanda, por ejemplo, viven una dramática situación: se estima que unas 10.000 personas no tienen hogar;se concentran en Dublín, que acoge al 10% de la población del país. Derek McGuire hace una ruta de 90 minutos por 10 euros que incluye zonas donde maldurmió durante dos años tras perder su hogar en 2014. Aporta información sobre «cómo mantenerse a salvo, esconder posesiones y mezclarse con las multitudes». Y comparte anécdotas sobre los albergues, la epidemia de heroína y los ‘cuatro rincones del infierno’, cuatro bares famosos porque la noche siempre acababa en pelea.

Hay quien enmarca estos tours en el llamado ‘turismo oscuro’, ese que busca acercarse a lugares marcados por tragedias, el morbo, la muerte... Aunque el hecho de que sean asociaciones que trabajan con las personas sin hogar las que organizan los tours parece descartar esta catalogación: «El ‘sinhogarismo’ –aclaran en Arrels– es una problemática a menudo invisibilizada en Barcelona, aunque afecta a 1.200 vecinos y vecinas según nuestro último censo. Tras las cifras se esconden historias como la de Juan Carlos, Hans o Manuel, que definen su labor como una tarea importante de sensibilización que muestra una realidad desconocida, rompe prejuicios y les aporta la satisfacción de sentirse útiles». Esto dice Hans: «Quiero que los turistas terminen pensando a menudo en la problemática de las personas sin hogar. Si vuelven a su país y acaban colaborando con las organizaciones locales, la ruta habrá sido un éxito para mí».