La Sal de la vida

29/07/2019

De las diez islas de Cabo Verde, Sal concentra la mayor oferta de ocio y aventura, en un entorno cien por cien africano. Es imposible salir de allí sin hacerse la promesa de que pronto regresaremos.

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Binter conecta Canarias con esta isla los martes, viernes y domingos con un cómodo reactor. Una vez allí, rodeados de otros aviones que enlazan esta pequeña perla del Atlántico con toda Europa, tras poco más de dos horas de vuelo desde Gran Canaria, llegaremos a la terminal del Aeropuerto Internacional Amílcar Cabral -en homenaje al escritor y líder de la independencia de Guinea y Cabo Verde-, donde, tras una pequeña cola para la revisión de la documentación y el abono de la nueva tasa de seguridad aeroportuaria, empezará nuestra aventura.

En la misma terminal esperan los servicios de alquiler de vehículos y una importante flota de taxis de color azul celeste, que surcan como rayos en apenas 16 minutos la distancia que hay hasta el núcleo turístico de Santa María por unos 12€. Antes, hay una segunda zona turística en expansión, más alejada de la playa central de Santa María, con grandes cadenas hoteleras, como Meliá Tortuga Beach y Hilton, entre otros.

La isla de Sal es muy pequeña, apenas 216 kilómetros cuadrados, totalmente llana, lo que la hace ideal para runners y ciclistas en tierra. Su punto más alto, Monte Grande, está a 406 metros y tiene poco más de 34.000 habitantes. Estamos en el destino perfecto para quien necesite desconectar unos días al borde de la arena rubia con una maleta llena de libros, comer sano y pasear. De hecho, el lema de la isla, que está en boca de todos como un mantra, es “No stress”.

La playa central de Santa María está cortada por un embarcadero de madera, pero tanto a la izquierda como a la derecha puedes disfrutar de todo tipo de actividades náuticas. Esta es la cuna de Mitu Monteiro, campeón mundial de kite surf, y aquí podrás practicar surf, kite surf, SUP, montar en motos de agua o hacer excursiones en motoras y veleros.

La industria de ocio turístico está muy bien desarrollada en esta zona. Hay decenas de compañías que ofertan excursiones para ir a bucear, nadar entre tiburones y tortugas, o volar en los modernos jet propulsores de un flyboard. También existen interesantes ofertas para salir a pescar un enorme marlín -es uno de los mejores lugares del mundo, según los expertos- o hacer una divertida excursión a caballo o en quads.

A la izquierda de Pontao, encontrarás un original gimnasio al aire libre muy frecuentado por los jóvenes locales, cuyos aparatos han sido reciclados con piezas de vehículos y desechos de la construcción.

Esta playa es para quedarse y disfrutar todo el día, con unas aguas color turquesa que jamás se olvidarán de tu memoria.

Por la noche, Santa María se transforma en un paraíso de sabores y ritmos de los que disfrutar sin límite horario. Lo recomendable es probar productos frescos capturados del mar el mismo día, bien de manera sencilla o en una cataplana, un recipiente cóncavo de metal en el que se guisan pescados, mariscos y verduras, de sabor exquisito. Hay numerosos locales de música, varios beach clubs y tiendas de artesanía africana.

Lugares de interés

Salinas de Pedro Lume. Uno de esos espectáculos majestuosos que no hay que perderse. Enclavadas en el fondo de un volcán, estas salinas fueron una potente industria entre los siglos XVI y XX. Además de admirar los artilugios de madera y la industria de una salina tradicional, el espacio permite bañarse y flotar como lo haríamos en el Mar Muerto. Si tiene suerte, en el minúsculo muelle a la base del cráter verá llegar alguna barca con pescadores locales y descargar atunes de gran tamaño, que despiezan allí mismo, entre las rocas, antes de llevarlos a restaurantes y hogares de la capital o de Santa María.

Ojo azul. Tras un largo camino de tierra llegamos a la zona de Buracona, llena de agujeros que recuerdan el origen volcánico de la isla en los que entra el mar formando deliciosas piscinas naturales. En una de las cavidades entran los rayos del sol, impactan en el fondo y proyectan una imagen azul celeste que impresiona. Es el famoso ojo azul.

Pontao. Uno podría estar todo el día ensimismado en este puente de madera. Por la mañana, los pescadores desembarcan todas las capturas de primeras horas del amanecer y decenas de mujeres y jóvenes se afanan en escamarlos y prepararlos, bien para cualquier comprador o para suministrar a los restaurantes de la zona. Es uno de los mejores momentos para disfrutar del ambiente africano-criollo. Disfrute de una buena conversación con ellos y ellas y del llamativo colorido de algunas de las piezas capturadas. Por la tarde, son los más jóvenes los que invaden el embarcadero y compiten a diario por hacer la pirueta más arriesga hasta caer al mar aprovechando la venida de una gran ola. Es un espectáculo sano, auténtico y divertido.

Palmeira. Es uno de los secretos mejor guardados por los habitantes de la isla. Es su playa, adonde acuden tras la jornada laboral y, sobre todo, los fines de semana para pasarse todo el día en familia, de picnic. Frente a ella se levanta el gran muelle comercial y único puerto de la isla, por donde entran los gigantescos cargueros con todo lo que consume la isla y decenas de yates y catamaranes anclados a la espera de más excursionistas y buceadores.

Nadar entre tiburones. En Shark Bay, al este de la isla habita una colonia de tiburones limón que nadan pacíficamente entre las piernas de los muchos turistas atraídos por esta atracción y curiosidad de la naturaleza.

La Sal de la vida
Datos prácticos

Población: 33.700

Superficie: 216 km2

Capital: Espargos

Visado: Desde el 1 de enero de 2019 todo europeo con estancia inferior a 30 días está exento de visado. En su lugar, se ha instaurado la TSA (tasa de seguridad aeroportuaria), por la que hay que abonar 30,83€ (3.400 escudos caboverdianos)

Lengua: portugués, criollo

Seguridad: beber agua embotellada, comer verduras y alimentos bien cocinados

Conducción: Sirve el carnet de España