Alentejo, el alma tranquila de Portugal que renació junto al lago Alqueva
Esta región situada al lado del país vecino se funde en una geografía de memoria, donde la tierra y el agua cuentan la misma historia
¿Qué haría si le dijeran que van a hundir su casa, la escuela en la que aprendieron a leer sus hijos y usted, la iglesia a la que confió su fe, así como todos los recuerdos del municipio que le vio crecer para construir el lago artificial más grande de Europa Occidental?
En el año 2002, 400 habitantes de la Aldea de la Luz, pueblo situado en la región de Alentejo, dentro del municipio de Mouraõ, al sur de Portugal, vivieron en sus propias carnes este hecho, pero con la fortuna de que su pueblo volvió a reconstruirse exactamente igual a tan sólo dos kilómetros de la antigua localidad.
Dos gallegos, una canaria, dos lisboetas y una algarvía -gentilicio de la ciudad portuguesa de Algarve- con un objetivo en común: conocer y enamorarse de Alentejo, una región poco conocida del país vecino que tiene rincones con historias dignas de guion de película.
Por sus calles cubiertas de mármol se suele respirar una tranquilidad abrumadora, de esa que te deja observar detalles que la masificación impide como las flores anaranjadas y fucsias en los balcones de sus casas terreras, lo imponente que se ven sus castillos cubiertos de verde y las ventanas que ofrecen paisajes de ensueño. Pero lo más llamativo de esta región es la historia que se esconde tras la construcción del embalse Alqueva, el mayor lago artificial de Europa Occidental, el cual comenzó a gestarse a finales de los años 50 pero se materializó décadas después.
La Aldea de La Luz vivía de la agricultura, la ganadería y la pesca. El objetivo de la creación del lago era abastecer de agua la localidad, generar energía hidroeléctrica y favorecer el desarrollo turístico y económico. Pero para ello era necesario hundir -literalmente- a la aldea bajo la presa.
Tras años de resistencia y tristeza, los vecinos aceptaron el traslado idéntico de su municipio, pero exigieron hacerlo juntos y en condiciones dignas. Hoy en día, se puede caminar por la Aldea de la Luz renovada y también queda un pedazo de la no se hundió bajo la presa. Justo al lado del museo que recuerda con imágenes como fue el traslado y guarda una maqueta enorme de la aldea sumergida, sobrevive la única casa que quedó tras el hundimiento y que sus vecinos aún admiran con nostalgia.
Comida y vino, una delicia
Si hay algo que destacar de Alentejo a parte de sus miradores hacia el lago, su gente amable y acogedora y sus castillos imponentes, es su comida: carne, pescado, caldo, migas de pan, queso, aceitunas, verduras y como no, su vino. Cada restaurante ofrece una variedad única, es por ello que la comida y cada trago vino merece ser disfrutada con tiempo y cariño.
Si le gusta el silencio, el vino, el pan caliente, las miradas al horizonte y las conversaciones sin apuro al final del día, su destino ideal es el Alentejo.