Adicción a Canarias

27/09/2019

«La mejor acción posible en términos de conectividad está en generar una auténtica adicción a nuestras islas»

Al igual que cada año, vuelve este 27 de septiembre a celebrarse el Día Mundial del Turismo, en esta ocasión con un lema que a Canarias nos viene, en la actual coyuntura, como anillo al dedo: Turismo y Empleo: un futuro mejor para todos. Sin duda, muy dolorosa efeméride en esta ocasión tras el duro varapalo que supone la quiebra y cese de actividad empresarial de Thomas Cook, nuestro hasta ahora segundo principal proveedor de turistas.


Como anillo al dedo decía porque, como habrán escuchado o leído ya muchos de ustedes, el Turismo en Canarias –principal industria y motor económico de nuestras islas- lucha en estos momentos frente a una delicada realidad socioeconómica global cuyas consecuencias pueden resultarnos más dañinas de lo inicialmente previsto, tanto en términos de aminoración de la actividad económica en general como del riesgo de incremento del ya de por sí elevado nivel de desempleo en el archipiélago.


Si ya para esta próxima temporada de invierno 2019-2020 (del 1 de noviembre al 30 de abril), Promotur Turismo de Canarias había presentado datos que señalaban un reajuste de mercado en términos de una reducción en casi ¡600.000 plazas aéreas! menos para Canarias desde Alemania, Reino Unido, Escandinavia, Países Bajos,..., ahora el descalabro de Thomas Cook, con sus 3,5 millones de turistas que nos traía al año, supone el impacto de lleno de todo un misil en nuestra particular fábrica de petróleo: el Turismo, con un derrame muy difícil de controlar y subsanar al menos a corto y medio plazo.


Sin ser catastrofistas, pero sí realistas, añadamos a esta explosiva coctelera las incertidumbres del Brexit (daño a nuestro querido sector hortofrutícola); el frenazo en la economía alemana (reducción de sus exportaciones); los enfrentamientos comerciales entre superpotencias (USA-China) que, por extensión, acaban afectando a todas las economías (desciende el tráfico de contenedores en nuestros puertos); la devaluación de la libra esterlina o de las coronas nórdicas (menor capacidad de gasto de sus turistas); el incremento del precio del barril de petróleo (afecta a los precios de los billetes aéreos, y a nuestra factura energética); nuestra incomprensible inestabilidad política estatal (¿4 elecciones generales en 4 años?); la realidad del cambio climático (pregunten en Noruega o en Suecia); la concienciación medioambiental (Alemania proyecta gravar los traslados aéreos y bonificar los traslados en tren. O el fenómeno social de la vergüenza a volar que avanza en Europa para no contaminar);... vamos, el cumplimiento de Ley de Murphy en su máxima expresión.


En estos últimos años de gran bonanza turística en que Canarias se ha situado en cifras récord anuales de 16 millones de turistas recibidos (año 2017), por desgracia nuestro nivel de desempleo no ha logrado bajar de la psicológica cifra de los 200.000 parados, con un nivel de paro del 20% sólo superado por Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla.

Las islas tienen que hacer frente en este mes de septiembre a la caída de Thomas Cook.
Las islas tienen que hacer frente en este mes de septiembre a la caída de Thomas Cook.

Y si de manera simple asociáramos la previsible cifra final de 15 millones de turistas para el actual ejercicio 2019 (un millón menos que hace escasamente dos años) a los datos de empleo en las islas la última vez que recibimos dicha cifra de 15 millones, resultaría que a corto o medio plazo el paro en el archipiélago podría volver a situarse en niveles no deseados del 21 o 22% en rumbo hacia casi los 220.000 desempleados. O aún peor si la cifra de turistas bajara aún más a niveles de 14 o 13 millones/año. Entre otros motivos, porque a día de hoy en nuestras islas no hay alternativa real al sector turístico y de servicios. Por mucho que haya usted escuchado hablar de una tal diversificación de la economía canaria.


Ante tal panorama, si en todas las regiones y ciudades inteligentes (calificativo referido a sentido común, no a las nuevas tecnologías) cuidan y miman el Turismo, aquí ya estamos tardando actores públicos y privados en realmente encumbrarlo y ponerlo de verdad en la cima de nuestras agendas y prioridades socioeconómicas.


Para que de verdad el Turismo de y en Canarias se convierta en la auténtica locomotora que arrastre tras sí el positivo desarrollo a su vez del sector primario y del sector industrial, tratando de que ambos incrementen paulatinamente su peso en nuestro Producto Interior Bruto. Logrando así que, cuando el Turismo flaquee –como ahora-, sean estos importantísimos sectores alternativos los que nos sigan permitiendo mantener el equilibrio social y económico en esta nuestra atlántica región ultra-periférica.


Y el Turismo en general se encumbra convirtiendo a Canarias en nacional e internacional objeto de deseo, de adicción, no sólo los 365 días del año, sino también los años bisiestos. Concienciándonos de que nuestro primer y principal valor es nuestro territorio y su paisaje aderezado con nuestras habituales condiciones climáticas. Sin olvidar, por supuesto, todos nuestros otros valores como producto turístico que somos aportados por nuestra historia, nuestra cultura, nuestra etnografía, nuestras universidades, nuestros palacios de congresos y centros de convenciones, nuestra gastronomía, nuestra afable forma de ser, nuestro singular acento lingüístico, nuestra predisposición al servicio, nuestros valores solidarios....porque todo conforma el producto turístico Islas Canarias. Usted, yo, y su vecino o vecina, también.

Bueno, conveniente y necesario es que se dediquen –entre otros- esfuerzos en acuerdos de colaboración y de gestión con líneas aéreas, touroperadores y gestores aeroportuarios. Pero, como añadido, mejor aún resulta actuar en torno a la mejor acción posible en términos de conectividad: generar auténtica e insuperable adicción a nuestras Islas Canarias. Para que si una compañía aérea o un touroperador cae, rápidamente sean otros actores empresariales los que cubran su hueco dada la continua demanda de los mercados nacional e internacional por nuestras islas. Y así sigan aportándonos cual arteria estratégica para nuestra supervivencia y desarrollo, glóbulos rojos en forma de turistas. O sea, en forma de vida, economía y empleo.