La vicepresidenta primera, Nadia Calviño. / e. p.

Calviño advierte a la CEOE de que no es imprescindible su apoyo a la reforma laboral

La vicepresidenta recalca que es «preferible» el sí de los empresarios pero no supone un «condicionante» para la llegada de los fondos de Bruselas

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOS Madrid

La contrarreforma laboral se llevará a cabo aunque no cuente con el respaldo de la patronal. Este es el aviso que este miércoles lanzó la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, a los empresarios pese a que desde Bruselas defienden que debe hacerse con el beneplácito de los agentes sociales. Y lo hace en un momento clave en el que la negociación se ha intensificado y debe resolverse, haya acuerdo o no, en las próximas semanas para cumplir con el compromiso realizado a Europa de aprobarse antes de final de año. Es más, previsiblemente se incumplirá el plazo fijado por la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para cerrar la negociación, quien había previsto alcanzar un acuerdo antes de que termine noviembre.

En este escenario, las palabras de Calviño asegurando que el apoyo de la CEOE a la reforma laboral no es un requisito imprescindible para que lleguen a España los fondos europeos contienen un velado mensaje a los empresarios, que hasta el momento se han mostrado muy reacios a los cambios en el mercado laboral que ha puesto el Gobierno encima de la mesa. La ministra de Asuntos Económicos se une así a los sindicatos, que llevan meses exigiendo que no exista un derecho a veto por parte de la patronal. «No es un condicionante en sí mismo», reconoció durante una entrevista en RNE.

Es decir, o se suman al carro o puede ser incluso peor para ellos. En el horizonte además sobrevuela el reciente 'no' de la CEOE a una de las patas claves del primer paquete de la reforma de las pensiones: el nuevo mecanismo de equidad intergeneracional que implicará una subida de 0,6 puntos de las cotizaciones sociales. Su descuelgue de la negociación trajo un mayor castigo, ya que los empresarios cargarán con más esfuerzo económico del que estaba previsto, algo que podría replicarse en la reforma laboral si también se desmarcan.

No obstante, Calviño mostró una vez más, al igual que vienen haciendo todos los miembros del Gobierno –también la vicepresidenta tercera– que son optimistas de cara a atraer a la CEOE ya que es «preferible» contar con «apoyo social». «Yo confío en llegar a un acuerdo tripartito, no porque nos lo exija nadie, sino porque es lo deseable», apuntó Calviño, que resaltó su «determinación» en lograr alcanzar el aval tanto de sindicatos como de empresarios. Y señaló que se trata de un objetivo común que comparte «absolutamente» con la ministra de Trabajo.

Calviño subrayó que los agentes sociales «saben» que España «se juega mucho» con la contrarreforma laboral y ensalzó el «compromiso» de los interlocutores para seguir trabajando en ese nuevo marco laboral, que –remarcó– «europeizará» el mercado de trabajo español y donde lo importante, de cara a Bruselas, es que aborde problemas estructurales como la temporalidad y el paro juvenil.

Por su parte, el presidente de ATA, Lorenzo Amor, se ha sentido aliviado por el hecho de que los fondos europeos no dependan de su posición respecto a la negociación laboral: «Es bueno que la llegada de fondos no esté condicionada a nuestra decisión». Amor recordó que hay «pocoas avances, mucha rigidez y poca flexibilidad» en los textos que se están negociando, lo que dificulta su aprobación como autónomos.

Sin avances

La vicepresidenta incidió en que la negociación se ha «intensificado» desde la semana pasada, con dos reuniones semanales, y se irá «afinando» de cara a lograr un «equilibrio» que permita cerrar un acuerdo en las próximas semanas para contar con tiempo suficiente para tramitarse en diciembre en el Congreso y cumplir así con el compromiso con Bruselas de que se publique en el BOE antes de que termine el año.

Pero el reloj avanza y el acuerdo se resiste, e incluso se complica, al menos el tripartito. La reunión que mantuvo este miércoles el Gobierno con sindicatos y patronal terminó sin ningún avance, según precisaron a este periódico fuentes del diálogo social, aunque desde el Gobierno se mostraron más optimistas.

El debate continuó centrado en la contratación, más específicamente en los contratos formativos y en la conveniencia o no de fijar un límite de edad en los 30 años. También se discute sobre su duración y el salario. En el encuentro se pasó de puntillas por la temporalidad, que es donde está uno de los escollos, ya que la patronal se opone a los nuevos límites establecidos. Tampoco se ha avanzado en los ERTE, ya que el Ejecutivo aún no ha entregado la nueva propuesta a la que se comprometió tras la oposición frontal al esquema presentado.