p

Trabajo a distancia: el portátil es la nueva oficina

Transformación. La pandemia ha cambiado la mentalidad de las empresas y cada vez son más los empleados que optan por vivir allí donde tengan más calidad de vida. Canarias gana enteros como destino para los teletrabajadores europeos

LORETO GUTIÉRREZ Madrid

Y a era una tendencia en alza antes de la pandemia, pero el virus ha forzado un salto acelerado al teletrabajo que ha hecho crecer de forma exponencial el número de los denominados «remote workers» o trabajadores remotos. Cuando un portátil y una buena conexión a Internet bastan para cumplir las obligaciones profesionales se puede elegir vivir en cualquier lugar del mundo, y en un contexto de transformación global Canarias aparece en el mapa como un destino atractivo para un perfil de público que no para de crecer.

«Antes estaba mal visto y generaba desconfianza, porque se identificaba con la imagen de un joven tumbado en una hamaca con un portátil bebiendo de un coco», señala Nacho Rodríguez, fundador de Repeople, empresa canaria que presta servicios a los teletrabajadores que se quieren instalar en las islas, «pero ahora las empresas se han dado cuenta a la fuerza que no solo se puede teletrabajar, sino que aporta valor añadido», añade. Repeople se dedica también a impulsar iniciativas para promocionar Canarias como destino de este tipo de viajeros y su responsable confirma que en el último año se ha multiplicado el interés. «Se ha producido un incremento impresionante del mercado a pesar de que todavía hay limitaciones por la pandemia, y la previsión es que cuando la situación se normalice haya una explosión de crecimiento en el sector», asegura.

Antes se les llamaba nómadas digitales, una denominación acuñada hace años que se ha quedado trasnochada precisamente porque se identificaba con el joven buscavidas. Los cambios estructurales que se han producido en la sociedad a raíz de la pandemia global han ensanchado la horquilla y para englobar a todos los perfiles se ha optado por el término de trabajador remoto, en el que cabe tanto el que viaja teletrabajando como el que se instala en un sitio para teletrabajar una temporada larga.

NISTASIsa Herrera«En principio vine a Fuerteventura para un par de meses, pero la empresa se ha adaptado al teletrabajo y ahora me voy a quedar al menos hasta julio»Sara González«Cobro menos que antes pero valoro mucho más otras cosas positivas que me permite este trabajo, como tener más tiempo libre y vivir en un sitio maravilloso»Los teletrabajadores han crecido mucho en las islas la previsión es que se dispare cuando se controle la pandemia

En Canarias la franja de edad mayoritaria oscila entre los 29 y 36 años, aunque la media va en aumento con la incorporación de profesionales seniors de mayor nivel adquisitivo. Valoran la flexibilidad horaria y la calidad de vida. «No hay límite», señala Rodríguez, «hay teletrabajadores de 30 años pero también de 60, hay profesionales de empresas tecnológicas, diseñadores gráficos, pero también arquitectos. Todas las profesiones del conocimiento se pueden desempeñar en cualquier lugar con una buena conexión de Internet», asegura.

En función del perfil hay también varias opciones para instalarse. Generalmente los más jóvenes optan por los espacios de coliving, alojamiento con zonas comunes en las que compartir experiencias y hacer vida social, pero los hay que prefieren un alquiler de larga temporada para vivir solos, una opción que está amortiguando en parte la debacle de las viviendas de alquiler vacacional en zonas urbanas. «Sea cual sea el perfil, para todos es importante que haya una comunidad en el lugar de destino, personas con las que compartir ideas y proyectos», señala Rodríguez.

Isabel Herrera -Isa-, malagueña de 29 años, trabaja para una empresa tecnológica con sede en Barcelona. Cuando la pandemia le impidió ir a la oficina empezó a darle vueltas a la idea de asentarse una temporada larga en algún lugar donde pudiera combinar su labor profesional con tiempo libre de calidad. Le hablaron de los alicientes de Fuerteventura, decidió visitar la isla y poco después ya se había instalado en Corralejo. Allí vive desde octubre y calcula que se quedará al menos hasta el verano, aunque no descarta alargar su estancia. «En principio la idea era pasar aquí estos meses de pandemia y volver cuando todo se haya normalizado», señala, «pero las empresas ya se han adaptado al teletrabajo porque es más económico y más flexible, los hábitos están cambiando y lo más probable es que no pongan objeción a que sigamos como hasta ahora», añade. Isa eligió compartir apartamento, aunque asegura que lo hace sobre todo por ahorrar gastos. «Hay días que tengo dos o tres reuniones de trabajo por internet y puede llegar a ser un poco incómodo si vives con más gente», explica, «en mi caso lo hago porque es más barato y no por hacer vida social, que ya la tengo fuera de casa».

De momento está feliz con la experiencia. «Esta opción es ideal para mí, porque no sirvo para pasarme el día en una oficina, me gusta estar con gente, moverme y equilibrar el trabajo con otras actividades, playa, naturaleza y todo lo que me permite el buen tiempo, y aquí en Fuerteventura hay mucha vidilla», asegura.

Surfeando las olas sobre su tabla pasa buena parte del tiempo libre Sara González, una gaditana de 30 años que trabajaba como ingeniera en una fábrica de Sevilla hasta que el virus lo puso todo patas arriba. Cuando la crisis la dejó en la calle encontró empleo de comercial en una compañía telefónica para trabajar desde casa y en ese momento lo tuvo claro. «Después de haber pasado el primer confinamiento en Sevilla me dije que si nos volvían a encerrar que fuera en un sitio de playa, y casi de un día para otro me vine», señala.

Ahora tiene un salario menor que en su anterior empleo y su tarea no se corresponde con su formación, pero asegura que ha salido ganando. «Cobro menos, aunque valoro otras cosas positivas que me permite este trabajo, como tener más tiempo libre y estar en un sitio maravilloso. Eso mejor que tener más dinero y no poder disfrutarlo», asegura.

de la población activa europea ya teletrabajaba en 2019. Con la pandemia se ha multiplicado y cada vez más empresas fomentan esta fórmula entre sus empleados.

de los trabajadores remotos están en una franja de edad entre 29 y 36 años, sin responsabilidades familiares, aunque la media va en aumento.