Una mujer camina frente a un supermercado en Madrid. / Foto: efe | Vídeo: EP

El IPC subió al 6,5% en diciembre, máximos desde mayo de 1992

El dato se sitúa dos décimas por debajo de lo anticipado por el INE, pero sigue sufriendo el impacto de los precios de la energía y los alimentos

CLARA ALBA Madrid

La inflación no toca techo. Tras dispararse un 5,5% en noviembre en términos internauales, el IPC escaló al 6,5% en el último mes del año, según el dato definitivo publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El indicador, que deja un avance medio del 3,08% de los precios en 2021 (el más alto en 10 años), es dos décimas inferior al 6,7% del dato adelantado, pero incluso así hay que remontarse hasta mayo de 1992 para encontrar un alza superior de los precios en España. En el caso de la tasa mensual (1,2%), el dato definitivo es una décima menor al que adelantó Estadística (1,3%).

En la subida registrada tuvo especial incidencia el alza de la electricidad, algo de esperar teniendo en cuenta que los precios de la energía en el mercado mayorista marcaron durante varios días consecutivos máximos por encima de los 300 euros por megavatio hora, convirtiendo diciembre en el mes más caro de la historia. «El incremento de la inflación en diciembre ha tenido un origen muy generalizado, lo que indica que se está produciendo un traslado de los mayores costes de producción hacia los precios finales al consumo», constata Mª Jesús Fernández, economista senior de Funcas.

Según detalla Estadística, los precios de la electricidad subieron un 72,0% en tasa interanual en diciembre. Una cifra que podría haber sido mucho más elevada, del 96,8%, de no ser por las bajadas de impuestos aplicadas por el Gobierno sobre la factura final del consumidor.

Y la escalada energética impactó directamente en la vivienda, que sufrió una variación anual del 23%, más de seis puntos por encima de noviembre. Del mismo modo, los alimentos y las bebidas no alcohólicas elevaron su tasa dos puntos en el mes, hasta el 5%.

Según los datos del INE, una de las partidas que más se encareció fue el aceite de oliva con una escalada de casi el 24,5%, seguida de la carne de ovino, que sube un 21,8%. La escalada de precios también se dejó notar en la carne de vacuno y de ave con subidas del 6% en términos anuales, igual que el pescado fresco y congelado. Los huevos se encarecieron un 6,2%, la leche un 4,5% y la fruta fresca un 9%. También subieron un 8% las legumbres y hortalizas.

La subida de precios también se ha trasladado ya al sector hotelero, con un incremento de seis décimas, hasta el 3,1% en hoteles, cafés y restaurantes.

Espiral alcista

Sin tener en cuenta la rebaja del impuesto especial sobre la electricidad y las variaciones sobre otros impuestos, el IPC interanual alcanzó en diciembre el 7,3%, ocho décimas más que la tasa general del 6,5%. Así lo refleja el IPC a impuestos constantes que el INE también publica en el marco de esta estadística.

La inflación subyacente (sin alimentos no elaborados ni productos energéticos) aumentó en diciembre cuatro décimas, hasta el 2,1%, con lo que se sitúa casi 4,5 puntos por debajo de la tasa del IPC general. Es la tasa más elevada de la subyacente desde marzo de 2013.

Esta espiral alcista de la inflación, acelerada desde el pasado mes de marzo, no es exclusiva de España. La subida de precios se ha desbocado en todo el mundo ante factores como la crisis de suministro y unos precios de las materias primas disparados.

Una tensión inflacionista que ha obligado a los bancos centrales a recular en el discurso con el que desde hace meses mantenían que el alza de precios era «transitoria». En EE UU, con el IPC también disparado al 7%, nadie duda ya de que la Reserva Federal (Fed) aplicará la primera subida de tipos de interés en marzo. Y habrá otras tres o cuatro a lo largo del año, según las previsiones.

A este lado del Atlántico la presión también es cada vez mayor para el Banco Central Europeo (BCE) y algunas voces apuntan ya a que el organismo tendrá que mover ficha antes de que acabe el año, a pesar de que su presidenta, Christine Lagarde, insiste en que no tocarán tipos al menos hasta 2023.

Sea cuál sea el devenir de la política monetaria, la realidad es que la inflación en la zona euro se sitúa ya en el 5%, máximos de 1997 y muy lejos del objetivo del 2% que el BCE marca como medida de estabilidad. Superar esa barrera significa un notable impacto sobre el poder adquisitivo de los hogares, que deben usar más dinero para comprar lo mismo, perjudicando el consumo. Es decir, daña el consumo y, por tanto, amenaza también el ritmo de recuperación.