In memoriam

Para mi amigo, maestro y suegro, Joaquín Galarza

07/04/2020

«Hablabas con él, cerrabas los ojos, y era como si estuvieses hablando con un joven que empieza y que quiere comerse el mundo montando una startup»

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Hombre hecho a sí mismo, empezó trabajando en el negocio de su madre en una tienda colonial en Las Palmas de Gran Canaria, y ha dejado un legado familiar que es realmente su gran herencia, durante su vida creo una empresa, Grupo Galaco/Cadiex, que hoy factura más de 75 millones de euros anuales y emplea alrededor de 360 personas. En los 70, fue pionero en introducir en Canarias la palabra y la herramienta denominada Marketing y en aplicar la inteligencia emocional, vamos un visionario adelantado a sus tiempos.

Es muy fácil recordar a Joaquín como persona y empresario. Lo difícil es pensar que ya no está con nosotros porque emprendido un viaje sin retorno físico. Todavía recuerdo esas visitas a su finca de San Mateo, su refugio en Las Palmas, donde entre paseos ensimismado con sus flores y plantas, siempre estaba dispuesto a que tuviéramos una buena charla y hablarme de cualquier cosa o de una reflexión o idea tuya, de un nuevo sueño, o una nueva iniciativa o nueva publicidad para tú querida empresa.

Era casi imposible separar a Joaquín del brillo de sus ojos, de su dinamismo y de su entusiasmo, cuando hablaba del grupo Galaco/Cadiex y su equipo. Tenía dentro el virus del optimismo y el amigo que se acercaba a él quedaba contagiado, doy fe. He conocido muy pocos seres humanos tan apasionados como él.

Quería a su empresa y su gente como una prolongación de su familia, y su familia como una prolongación de su empresa. Cuando hablaba de un nuevo proyecto o idea, lo hacia con tanto cariño y efusión que parecía que estaba hablando de un nuevo hijo/a o un nuevo nieto.

Fue leal con sus amigos, cumplidor de la palabra y fiel a sus promesas hasta decir basta, y aunque algún indeseable se aprovechó de esa cualidad humana para hacer su agosto, no por ello cambió de criterio y supo poner tierra de por medio.

Otras cualidades fueron la generosidad y humildad. Era incapaz de decir yo, hablaba de nosotros con grandeza y orgullo. Le encantaba compartir lo mejor que tenía y siempre tendía su mano incondicionalmente a cualquiera que llegara hasta él de frente y sincero. Nos ganaba a todos en vitalidad. Joaquín era un hombre sin edad, por que su juventud interior era irresistible y podía con todo. Hablabas con él, cerrabas los ojos, y era como si estuvieses hablando con un joven que empieza y que quiere comerse el mundo montando una startup.

Su gran afición fue los viajes a su querida África. Para mí era un maestro, porque me inició a estos fantásticos viajes y experiencias. Me enseño amar a esta tierra y toda la magia que llevaban estos viajes a su lado. Era su ilusión cada año realizar un viaje como mínimo a esta fantástica tierra, donde venia cargado de miles de impresionantes fotos, siempre he pensado que de alguna manera encontró muchos de sus principios y valores allí, su mirada penetrante contagiaba vitalidad, amor y cariño por lo que hacía, y no dejaba inmune a nadie.

Recuerdo aquellas conversaciones y paseos a su lado como una de las cosas más increíbles que me pasaron en la vida, cada una de ellas era especial y diferente, aportándote tanta sinceridad, pasión, sabiduría y humildad que era imposible intentar que mí corazón no se acelerara y latiera con la mayor de las fuerzas y vitalidad. Francamente estos momentos eran para mí una de las más grandes inspiraciones y eran momentos mágicos.

Joaquín fue el fundador de un bonito grupo empresarial, pero lo creó con el mismo amor con que formó su familia, estoy seguro que ese fue uno de sus éxitos. Su obsesión en el trabajo fue la búsqueda de la excelencia y el crecimiento diferenciador, y esa misma obsesión le llevó a convertirse en un hombre radicalmente noble, de una calidad humana excepcional y sin miedo a decir lo que opinaba. Se que Joaquín no quería pasar a la historia como un gran hombre, sólo ansiaba permanecer en esta vida con esa fuerza y apego que le tenía a la propia vida y eso sí, pudiendo disfrutar de ella en plenas facultades. Y finalmente fue lo que consiguió.....

Y así lo tengo yo guardado en mi corazón y memoria, como mí amigo, maestro y suegro. Amigo del alma para mi seguirás cumpliendo 86 años el año que viene, gracias por elegirme ser parte de tú vida y hasta el infinito y más allá.