La presidenta del BCE, Christine Lagarde. / R. C.

La subida de tipos de EE UU presiona al BCE para acelerar su decisión

Economía asegura que tiene «margen» para afrontar el incremento del precio de la deuda pública

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

La actuación de los bancos centrales de las grandes potencias económicas para atajar la galopante inflación que acecha a sus economías desde finales del año pasado, agravada por la guerra en Ucrania, está ejerciendo aún más presión sobre el único organismo monetario que aún no ha movido ficha para subir los tipos de interés, el Banco Central Europeo (BCE). Sobre la institución presidida por Christine Lagarde se centran ahora todas las miradas después de que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), este miércoles por la noche, y ayer mismo el Banco de Inglaterra, prosiguieran con sus alzas del precio oficial del dinero.

En el caso estadounidense, los tipos se incrementaron medio punto, en lo que fue la subida más importante de los últimos 22 años en una sola jornada, hasta el entorno del 0,75% y el 1%. Por su parte, el banco inglés también elevó su tasa oficial hasta el 1%. Pero el BCE sigue en una encrucijada de la que no sabe cómo salir: se trata de luchar contra la inflación, en la zona euro cerró abril en el 7,5%, pero a la vez evitar un descarrilamiento de las economías ante las muestras de atonía del PIB en el primer trimestre del año, con un crecimiento exiguo del 0,3%.

Tras la última reunión del Consejo de Gobierno del BCE, el 14 de abril, Lagarde avanzó que las compras netas de deuda terminarán con toda probabilidad en el tercer trimestre, aunque no quiso precisar el momento para el alza de tipos. «Podría ser una semana o meses después», afirmó, que en todo caso no quiso comprometerse a poner fecha a un alza de tipos y advirtió también de la enorme incertidumbre para el crecimiento que supone la guerra de Ucrania. Unos días después, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, reconocía que una subida de tipos es posible en el mes de julio, coincidiendo con el final de las compras netas de deuda.

Ayer mismo, el ejecutivo italiano del BCE, Fabio Panetta, apuntaba que la economía europea se encuentra «de facto» en una situación de estancamiento, lo que acentúa la necesidad de que la institución monetaria actúe con prudencia. Por eso, ha insistido en que hay que «ser prudentes» ante una subida de tipos.

La duda entre los inversores es si habrá varias subidas de tipos en la zona euro en el segundo semestre o solo una. Pero la tendencia, y así lo estiman todos los indicadores, es que el precio del dinero se despedirá de los niveles actuales. De hecho, la tensión ya se refleja en la deuda pública. El bono español a 10 años cotiza en el entorno del 2%, cuando hace apenas cuatro meses se encontraba en el 0,5%. Por su parte, el euríbor cerraba abril en el 0%, medio punto por encima que un año antes.

Con estas tendencias, todo parece indicar que el coste de la financiación será más caro a partir de la segunda mitad del año. Y ello implica que las hipotecas nuevas que se constituyan serán más caras, como los créditos y préstamos de consumo.

Ante esta situación, la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, considera que España «tiene margen para enfrentarnos a esta progresiva subida de tipos», en referencia a las decisiones que pueda tomar a partir del verano el BCE en la zona euro. Calviño ha recordado que desde el sector público «hemos absorbido la deuda del sector privado en la pandemia, lo que ha supuesto un colchón para ahora enfrentarse a subida de tipos», en referencia a familias y empresas.

Además, ha indicado que las últimas previsiones macroeconómicas, remitidas a Bruselas la semana pasada, «tienen en cuenta los tipos medios de la deuda emitida». «Aunque los tipos suban, va a seguir bajando el tipo de interés medio de la deuda española», ha indicado la vicepresidenta, quien ha recordado que los 140.000 millones de euros emitidos en deuda pública para apoyar durante la pandemia, supone que ahora la sociedad cuente con un «colchón» de cara a una subida de tipos de interés que prácticamente todo el mercado da por hecha.