Un joven hace la compra en un supermercado de Madrid. / efe

El mayor gasto energético obliga a los hogares a cambiar sus hábitos de consumo

Las marcas blancas ganan peso en una cesta de la compra que cada vez se llena con menos productos

Clara Alba
CLARA ALBA

La subida de los precios de la energía empieza a pasar una seria factura no solo al bolsillo de los consumidores, sino también a sus hábitos de consumo. Destinar mayor parte del presupuesto familiar a la factura de la luz ha supuesto tener que recortar en otras partidas, tal y como constata el Banco de España en un informe publicado este martes, en el que el organismo advierte que esta situación ha sido especialmente notable en los hogares de menores rentas.

Es cierto que la energía que se consume, al final, es un bien de primera necesidad. Por eso, el Banco de España explica que «ante el incremento de su coste, los hogares tenderán a hacer ajustes poco significativos en su demanda y a reducir, por el contrario, su gasto en otros bienes o su nivel de ahorro».

La institución constata el fuerte vínculo entre las perspectivas de gasto nominal de las familias y las de inflación. Y, ante unos precios desbocados al 10,8% en julio, la tasa de ahorro también se reducirá... en aquellos casos que tengan margen de maniobra para hacerlo.

«Las perspectivas de los hogares sobre la evolución de sus rentas y de crecimiento económico se han visto afectadas negativamente por la guerra en Ucrania. Ambas variables, así como la evolución prevista de la inflación y, para los hogares con deudas, la de los tipos de interés, condicionan las expectativas de los hogares sobre las perspectivas acerca de su situación financiera, que han registrado un cierto deterioro desde el inicio de este conflicto bélico», indica el organismo en su informe.

Partidas afectadas

En concreto, la situación actual parece haber afectado más a las perspectivas de gasto en algunas partidas específicas. Es el caso del gasto en bienes duraderos, que, tal y como señalan los expertos, «habitualmente se ve más afectado ante episodios de repunte en la incertidumbre, de deterioro en la posición patrimonial de las familias o de reducciones de su poder adquisitivo».

Esta situación obliga a las familias a posponer sus decisiones de compra, tal y como ya está ocurriendo, por ejemplo, en el mercado automovilístico. Las matriculaciones cayeron un 12,5% en julio (un mes tradicionalmente muy positivo para el sector), con el canal de particulares acaparando la mayor parte del retroceso.

Según los datos del Banco de España, los consumidores han ajustado ya a la baja sus expectativas de gasto en equipamiento del hogar y en automóviles en los últimos meses «y en particular desde el inicio del conflicto bélico».

En contraposición, las perspectivas relativas al gasto en vacaciones han seguido recuperándose, al calor de la eliminación de las restricciones asociadas a la pandemia. Pero en los hogares de rentas más bajas, que han debido destinar mayor parte de su presupuesto al gasto energético, esta situación, de nuevo, no ha sido así.

El Banco de España incluye aquí a los hogares con bajos colchones, que son aquellos que no disponen de suficiente liquidez (o alguna forma de obtenerla) para cubrir gastos imprevistos que asciendan a una cuantía equivalente a una mensualidad de los ingresos familiares. Y mientras los que acumulan mayor patrimonio pueden mantener sus niveles de gasto, las rentas medias y bajas piensan ya en contenerlo.

Menos compra, más cara

Lo mismo que ocurre con los bienes duraderos sucede en la cesta de la compra, ante el evidente traslado que ya ha tenido la subida de los precios de la energía a los alimentos, con especial impacto en productos de primera necesidad. Esta situación también ha obligado a girar el comportamiento del consumidor en el supermercado. Según un estudio de la consultora Gelt, se compran menos productos cada vez que se va a la compra, se opta por lo más barato y las marcas blancas ganan peso en el carrito.

En concreto, entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022, se produjo una caída del 23,6% en el número de productos que se incluyen de media en una compra. Aun así, el gasto promedio en cada transacción ha subido un 8,3% en un año, de manera que los consumidores se ven obligados a hacer compras de menor tamaño con el mismo presupuesto o ligeramente superior.

Todos los alimentos han sufrido subidas generalizadas en el periodo analizado. De media, un 25,8%, siendo el pan, los cereales, la harina y algunas frutas y verduras los que más se dejan notar en el día a día.

Otra de las reacciones de los consumidores ante el aumento del coste de los productos básicos de alimentación y limpieza es la elección de marcas blancas frente a las Premium o de fabricante. La tendencia en este sentido es creciente: el pasado mes de junio estas marcas tuvieron un 3,2% de cuota más en la compra que su promedio habitual. Es destacable que, según otro informe de Gelt publicado en abril, las marcas blancas también habían subido sus precios un 8% por encima de las de fabricantes: el 18% frente al 10% respectivamente.

«Los consumidores reaccionan intentando ajustar su gasto, lo que tiene mayores implicaciones para las marcas: creo que vamos a ver menos fidelidad, decisiones más centradas en el precio, eliminación de productos de capricho y no tan necesarios y tendencia a la búsqueda de ofertas. La subida de cuota de las marcas blancas es un ejemplo de ello», indica José Luis Varela, Global Head of Data de Gelt.