La plaga Tuta amenaza los cultivos de tomate en Canarias

10/07/2019

La polilla del tomate provoca la caída de hasta el 40% de la producción destinada al abastecimiento del mercado canario. Las cadenas de alimentación se ven obligadas a cubrir la bajada de la oferta de esta fruta trayéndola de Portugal, otras zonas de la península y Marruecos

Las altas temperaturas en Canarias están provocando la proliferación de las poblaciones de la temida plaga Tuta Absoluta, una pesadilla para los productores de tomate que abastecen al mercado local que también está quitando el sueño a los exportadores hortofrutícolas.

La alarma saltó este último invierno, cuando las anormalmente altas temperaturas sacaron a la temida plaga de su letargo. El frío había ayudado en los últimos años a mantener a raya al bicho en cuestión –la pequeña polilla microlepidóptera–, porque «frena su ciclo biológico».

Pero Canarias se quedó este invierno sin el aliado climático, y comenzaron los problemas. «Los cultivos estaban llenos de Tuta en enero, lo nunca visto», explica el portavoz de la Federación de las dos asociaciones provinciales de productores hortofrutícolas de exportación (Fedex y Aceto) de Canarias, Gustavo Rodríguez.

Las explotaciones agrícolas que nutren al mercado local son los más expuestos a esta «grave amenaza» porque la producción se mantiene durante todo el año, a diferencia del tomate de exportación, que concentra los envíos entre octubre y mayo.

El sector agrícola dedicado al abastecimiento local «no puede mantener el terreno sin plantar un tiempo mínimo para romper el ciclo de la plaga», lo que dificulta su control. «La producción ha llegado a bajar en determinados cultivos hasta en un 40%», explica Antonio Guedes, empresario agrícola de Telde que suma 35 hectáreas de cultivos, la mitad de tomates, y que da empleo a unos 60 trabajadores.

Los supermercados de las islas no pueden dejar vacíos sus lineales, por lo que han empezado a cubrir esta bajada de la producción local «con tomates de Portugal, otras zonas de la península ibérica e incluso procedentes de Marruecos», advierten los empresarios agrícolas canarios.

Es el pez que se muerde la cola. Las cadenas de alimentación buscan nuevos proveedores, con lo cual aumenta la competencia. Y mientras, la superficie de cultivo en las islas se reduce por los efectos devastadores de la Tuta, por lo que la producción local pierde competitividad y se acentúa la pérdida de rentabilidad de las explotaciones canarias.

Los exportadores hortofrutícolas tienen más margen de maniobra porque tienen meses para combatir la plaga. Y lo están haciendo estos meses trabajando a destajo para desinfectar las áreas de cultivo y reducir su incidencia en la medida de lo posible.

Pero la virulencia de la expansión de esta polilla ha encendido las alarmas a todo el sector hortofrutícola, unido ahora en la búsqueda de medidas para hacer frente al enemigo común. Tal es su voracidad, que los agricultores detectaron en abril que también estaba atacando a la papa, y desde finales de mayo, advierten, ha pasado también a la berenjena. Desde el sector recuerdan que la producción de tomate cayó en 2010 en Canarias más de un 40% al verse arrasada por esta misma plaga, lo que provocó además la desaparición de varias empresas agrícolas que no pudieron superar las pérdidas económicas.

El Cabildo de Gran Canaria –la isla más afectada porque es la que cuenta con más superficie de cultivo– respondió hace varias semanas a la petición de auxilio del sector agrícola y acordó el enterramiento de los restos vegetales afectados por la Tuta Absoluta en el vertedero de Juan Grande como medida urgente para evitar su dispersión y el incremento del número de individuos.