La normalidad debuta con poca actividad en los aeropuertos

Poco a poco, las terminales aeroportuarias van recuperando el tránsito de pasajeros en vuelos nacionales e internacionales. Aena preveía ayer algo más de medio millar de operaciones, muy lejos de las seis mil realizadas el pasado año en estas fechas

Cinco vuelos internacionales llegaron este domingo a Canarias: aterrizaron en Tenerife Sur y Gran Canaria. Todos sus pasajeros pasaron los controles de temperatura establecidos por Aena en las terminales para evitar un rebrote de la pandemia.

Personal de Aena, junto con técnicos de Sanidad Exterior, iniciaron los controles de temperatura en los aeropuertos de Canarias, fijados para todos los pasajeros extranjeros que entren en nuestro país una vez que ha decaído el estado de alarma y hemos entrado en la nueva normalidad.

En Canarias había ayer programados 48 vuelos nacionales e internacionales, la mitad de ellos de llegada, además de los vuelos interinsulares.

Con el extranjero solo hubo 10 vuelos -cinco de ida y cinco de vuelta- y que llegaron a Tenerife Sur (Manchester, Dusseldorf y Katowice) y Gran Canaria (Londres y Frankfurt), según informan fuentes de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena). Los aeropuertos de Tenerife Norte, Lanzarote y Fuerteventura siguen sin recibir tráfico internacional. Las cifras de vuelos, rutas y conexiones distan mucho con lo que había antes del coronavirus.

Ayer domingo estaban programados en toda la red de Aena 650 vuelos, de los que aproximadamente la mitad fueron de llegada. El dato nada tiene que ver con las más de 6.000 operaciones que había el año pasado en estas fechas.

El caso de Barajas.

El aeropuerto madrileño recibió sus primeros vuelos turísticos a primera hora de la mañana: de los 40 vuelos que aterrizaron en Barajas a lo largo del domingo 18 fueron internacionales, y también hubo otras 40 salidas desde España al resto del territorio nacional y de la Unión Europea.

Los motivos de los primeros pasajeros tras el estado de alarma son muy diversos: Elena viaja a Holanda para coger un vuelo humanitario hacia Panamá; Jaime se va a Menorca por trabajo, así como Diego, que ha conseguido un nuevo empleo en Londres y desea comenzar allí una nueva vida, por lo que espera una apertura de fronteras definitiva.

El aeropuerto está muy cambiado desde marzo, cuando albergó a sus últimos turistas: está prácticamente vacío y totalmente señalizado contra el coronavirus con marcas, carteles, o advertencias por megafonía; los bares y restaurantes están cerrados, y las despedidas o los reencuentros se tienen que producir fuera, ya que al interior solo se puede acceder con un billete de avión.

«El aeropuerto está muy vacío, es muy extraño, no tienes nada abierto, ninguna cafetería, si quieres un café tienes que salir a una máquina que hay fuera», afirma Aurelia, que vuelve a su país de origen, Rumanía, después de 10 años viviendo en Alicante. «Me voy porque es mi oportunidad de cambiar de trabajo y poder hacer lo que siempre me ha gustado, ser maestra», señala Aurelia, a quien le han cancelado tres vuelos desde el 7 de junio, hasta ayer domingo, cuando por fin consiguió el de repatriación -Rumanía ha extendido un mes más el estado de alarma, por lo que los únicos vuelos que salen hasta el 17 de julio son para repatriados-.

Esperando a los primeros turistas desde las cinco y media de la mañana se mantenía una hilera de taxistas: al mediodía muchos no habían realizado todavía su primera carrera.

Miguel es uno de ellos. «No hemos cargado aún, vienen pocos vuelos y utilizan otros medios o vienen muchos familiares a recogerlos. Hoy está la cosa un poco floja, esperemos que la semana que viene vengan más vuelos y más gente, sino tenemos la ruina encima», lamenta.

Como él estaban Tomás o Ángel, que aseguraba que la espera está siendo «bastante dura» y además estaba preocupado porque ayer había 7.000 taxistas operativos pero a partir de hoy comenzarán a trabajar el 100% de los taxistas madrileños.

Las puertas de entrada al aeropuerto comenzaron a llenarse de familiares y amigos poco antes de la llegada de otros dos vuelos, uno de Bruselas y otro de Londres. En el de Bruselas vino José «por trabajo» y después de «mucho tiempo». Cuando llegó se declaró «sorprendido» porque no vio «ningún control». Walter es belga y después de cuatro meses se iba a reencontrar con su pareja, y comentó que en el vuelo vio «mucha gente» y, aunque le hicieron rellenar un papel -la declaración responsable del viajero-, no le han tomado la temperatura -la toma la realiza un sistema de cámaras termográficas que muchas veces son imperceptibles-.