Andrea Orcel, Ana Botín y José Antonio Álvarez, en septiembre de 2018. / R. C.

El juez rebaja a 51 millones la indemnización de Santander a Orcel

Se trata de 16 millones de euros menos que los consignados inicialmente por el fichaje frustrado del ejecutivo italiano

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

El Juzgado de Primera Instancia número 46 de Madrid ha rebajado a 51 millones de euros la indemnización que Banco Santander deberá pagar al banquero italiano Andrea Orcel por su fichaje fallido como consejero delegado de la entidad.

El pasado 9 de diciembre el magistrado Javier Sánchez Beltrán determinó que la entidad financiera debía pagar al ejecutivo la suma de 68 millones de euros: 17 millones en concepto de bonus de incorporación, 35 millones por asunción de incentivos a largo plazo, 5,8 millones de euros en concepto del salario no percibido por Orcel y 10 millones como indemnización por daños morales y reputacionales. Pero en un auto fechado este 13 de enero, el juez aclara y subsana dicha sentencia, declarando la validez y perfección del contrato de 24 de septiembre de 2018 y condenando al Santander a abonar a Orcel la cantidad de 51 millones de euros, resultante de rebajar de 35 millones a 18,6 millones de euros la indemnización por asunción de incentivos a largo plazo ('buy out').Finalmente, el juez ha descontado los seis millones de bonus que Orcel ya ha percibido y le resta la ecualización fiscal, de forma que la cantidad se rebaja en 18,6 millones.

Orcel, actual consejero delegado de UniCredit, demandó a Santander hace dos años y medio por haber dado marcha atrás en su nombramiento como consejero delegado del banco español.

Los hechos se remontan a septiembre de 2018, cuando Santander anunció a bombo y platillo el contrato de quien entonces era banquero de UBS. Y así rezaba el hecho relevante remitido a la CNMV. Se trataba de un fichaje externo, en sustitución del hasta entonces –y aún hoy– ejecutivo, José Antonio Álvarez. Al anunciar el movimiento, Santander recordaba que Orcel había trabajado «estrechamente» con el banco en las dos últimas décadas en las grandes operaciones desarrolladas por la entidad tanto de la mano de Emilio Botín como de su hija Ana.

Pero apenas cuatro meses después, el propio Santander dio un giro inesperado y decidió echarse atrás en esa contratación. Lo hizo, según explicó, por la falta de acuerdo económico por el elevado coste que le iba a suponer a la entidad la incorporación del ejecutivo italiano. El banco consideraba «inaceptable» el importe que tendría que desembolsar. La cifra ascendería a unos 50 millones de euros. A partir de ahí, Orcel demandó al banco en un caso que aún tiene recurso.