Christine Lagarde, presidenta del BCE. / afp

El BCE apunta a un escenario «apocalíptico» si Rusia corta el gas

El organismo monetario advierte del riesgo de recesión en 2023 con una inflación desbocada al 8,6%

Clara Alba
CLARA ALBA

Más presión para el Banco Central Europeo (BCE) ante el nuevo ciclo de subidas de los tipos de interés. La inflación de los 19 países de la moneda única rompió en junio un nuevo máximo al escalar hasta el 8,6%, desde el 8,1% de mayo.

El dato adelantado de la oficina estadística Eurostat, que se confirmará en las próximas semanas, implica el mayor encarecimiento de los precios en la región de toda la serie histórica. Y multiplica por cuatro el objetivo de estabilidad del 2% del organismo monetario.

Ya la pasada semana, el vicepresidente de la institución, Luis de Guindos, indicaba que en el peor de los escenarios de riesgo manejados, la recesión podría llegar ya en 2023. Y hoy ha sido el director general de Economía del organismo, el español Óscar Arce, el que ha insistido en el mensaje, al asegurar durante una intervención pública que si la situación de la guerra en Ucrania empeora y Rusia corta finalmente las exportaciones de gas después de verano, se desataría «un escenario apocalíptico, diría yo, pero que no es lamentablemente despreciable».

Es cierto que este es el peor de los escenarios manejados por el BCE, que en el central mantiene una previsión de crecimiento del 2,8% para este año en la zona euro. Pero la incertidumbre por la evolución de la guerra en Ucrania, y la respuesta rusa a las sanciones impuestas al país, sigue pesando en el ánimo del organismo central. No se trata solo de la energía. En Frankfurt preocupa, sobre todo, el encarecimiento de los alimentos.

Del mismo modo, los indicadores adelantados apuntan a un menor ritmo de crecimiento y a una inflación elevada que podría obligar al organismo a revisar sus previsiones económicas en el corto plazo. Sobre todo porque ya se estima que la elevada inflación se mantenga hasta final de año para empezar a moderarse en 2023 y alcanzar el objetivo del 2% ya en 2024.

Repunte generalizado

El IPC en términos armonizados (que la oficina estadística establece para equiparar los distintos componentes del indicador de cada país), sitúa a España en el grupo de cabeza con un dato armonizado del 10%, frente al 8,5% de mayo. Pero hay otros ocho países que presentan también el temido crecimiento de los precios a doble dígito, con Estonia y Lituania liderando la tabla con alzas del 22% y del 20,5%, respectivamente.

Todos los países registraron aumentos respecto a mayo, salvo en Alemania, donde el dato se moderó del 8,7% al 8,2% en el primer mes desde la entrada en vigor de medidas como el incentivo para la gasolina y la rebaja del abono transporte; y Países Bajos, que pasó del 10,2% de mayo al 9,9% en junio.

Aun así, son cifras aún muy elevadas que dejan la media de la zona euro en niveles insostenibles. Y los mayores problemas son para los países que, como en el caso español, superan esa media. El diferencial de precios es, sin duda, uno de los factores que más puede dañar la competitividad de una economía. Y la brecha en el caso español con la media de la región es ya de 1,4 puntos.

La información publicada el viernes indica que la escalada de los precios en el sexto mes del año respondió, sobre todo, a los precios de la energía. En concreto, según Eurostat, este indicador registró una subida interanual del 41,9% en julio, acelerándose desde el 39,1% de mayo. Por otro lado, el incremento del precio de los alimentos frescos en junio fue del 11,1% interanual, cuando en mayo ya había sido del 9%.

Los servicios se encarecieron un 3,4%, una décima menos que el mes anterior, mientras que los precios de los bienes industriales no energéticos subieron un 4,3%, frente al 4,2% de mayo.

Al excluir del cálculo el impacto de la energía, la tasa de inflación se situó en junio en el 5%, frente al 4,6% del mes anterior, mientras que al dejar fuera también el efecto de los precios de los alimentos frescos, el alcohol y el tabaco, la tasa de inflación subyacente se situó en el 3,7%, una décima por debajo del récord registrado en mayo.