Consumidores en una tienda el pasado 'Black Friday'. / R. C.

La inflación se dispara sin freno hasta el 5,6%

El IPC sube otras dos décimas, sigue en máximos de tres décadas por el alza de los alimentos y los combustibles

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

Los precios siguen sin dar tregua en este último tramo del año previo a la Navidad y afecta cada vez a más productos de la cesta de la compra, y no solo a la electricidad por el alza de la luz. El Índice de Precios de Consumo (IPC) subió un 0,4% en noviembre en relación al mes anterior y situó su tasa interanual en el 5,6%, dos décimas más que en octubre y su nivel más alto en 29 años. En este caso, se debe fundamentalmente al encarecimiento de los alimentos y, en menor medida, de las gasolinas, según el INE.

Esto provocará que las pensiones suban en enero un 2,5%, la inflación media de los últimos doce meses (de diciembre a noviembre), tal y como establece la nueva fórmula de revalorización que incluye la primera fase de la reforma que se aprobará definitivamente este jueves en el Congreso.

Con el dato de noviembre, el más elevado desde septiembre de 1992, el IPC interanual encadena su undécima tasa positiva consecutiva, según los datos avanzados publicados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Según Estadística, en el comportamiento interanual del IPC destaca la subida de los precios de la alimentación y, en menor medida, de los carburantes y lubricantes para vehículos personales, en contraste con los descensos que experimentaron en noviembre de 2020. Por contra, el INE destaca un descenso de los precios de la electricidad en noviembre de este año frente al mismo mes del año pasado. De esta forma, se propaga la mecha inicial del alza de precios provocada por el alza de la luz a otros muchos productos y bienes.

El INE incorpora en el avance de datos del IPC una estimación de la inflación subyacente (sin alimentos no elaborados ni productos energéticos), que aumentó en noviembre tres décimas, hasta el 1,7%, con lo que se sitúa casi cuatro puntos por debajo de la tasa del IPC general. El INE publicará los datos definitivos del IPC de noviembre el próximo 15 de diciembre.

La escalada de precios de noviembre pone contra las cuerdas el poder adquisitivo de los trabajadores, que ven cómo los precios suben de forma exponencial, ya asentados por encima del 5%, mientras que el alza de los sueldos no llega a ese nivel. Esa fue precisamente una de las causas del conflicto del metal en Cádiz, la semana pasada, por la negociación de un convenio que no recogía este incremento de precios y que llevó a una huelga de nueve días.

Además, con el dato del IPC de noviembre, el Gobierno ya puede comenzar a hacer sus cuentas para revalorizar las pensiones a partir del próximo mes de enero. El Pacto de Toledo establecía que a partir del próximo año la revalorización de las prestaciones se realizará con la inflación media de los últimos doce meses, con el dato de noviembre registrado. Las pensiones han subido un 0,9% en 2021, con lo que la Seguridad Social se verá obligada a incrementar considerablemente el gasto en prestaciones a partir del próximo mes de enero.

Las alarmas sobre la inflación se encendieron tras el verano, aunque poco a poco han sido más intensas con el paso del tiempo. Esta misma mañana, el vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, ha avisado de que «la inflación es el elemento más preocupante», ha reconocido Guindos, para quien los factores que impulsan el actual incremento de los precios «tienen una naturaleza transitoria», lo que hará que la inflación se modere sin duda a partir del año próximo.

No obstante, el elministro de Economía en el Gobierno de Mariano Rajoy ha reconocido que la aceleración de la inflación ha ido más allá de lo esperado y ha advertido de que, si continua más allá, su caída y perdida de intensidad serán menores de lo proyectado.

Por su parte, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha insistido este lunes en que persisten los riesgos para la economía española, debido a las tensiones en las cadenas de suministro y el repunte inflacionista. Hernández de Cos ha mantenido la valoración de que la inflación es «transitoria», si bien podría tener una persistencia «mayor de la previamente estimada».

Un fin de año imparable

Ya en octubre la cesta de la compra es cada vez más y más cara debido a una subida generalizada de precios que no se detiene. El IPC disparó en octubre su tasa interanual hasta el 5,5%, lo que supone 1,5 puntos por encima de la tasa de septiembre y su nivel más alto en 29 años.

El encarecimiento de la electricidad que ha provocado un verdadero efecto cadena en un sinfín de productos está detrás de este incremento récord, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En menor medida, los carburantes y lubricantes para vehículos personales y el gas que también son muy necesarios para casi todas las industrias también han contribuido al auge así como los alimentos.

Con el dato de octubre, el más elevado desde septiembre de 1992, el IPC interanual encadena su octava tasa positiva consecutiva. Desde febrero, cuando la misma estaba estancada, los precios no han dejado de crecer mes a mes y lo han hecho de forma exponencial. La tasa interanual de agosto fue del 3,3% la de septiembre del 4% y la de octubre del 5,5%.

El dato de septiembre anticipó un alza de este riesgo para la economía, al registrarse una inflación interanual del 4,4%. Para octubre, las expectativas aproximaban la tasa al 5%, aunque finalmente ha sido ampliamente superada. Durante este mes, el coste de generación de la electricidad prácticamente no ha bajado del suelo de los 200 euros/MWh, registrándose varios récord históricos en algunos días del mes. Con ello, el importe de la factura sigue subiendo de forma considerable, a pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno para amortiguar esta espiral energética.

Con estos precios alcistas de la electricidad, toda la cadena de valor se ha ido contagiando del efecto inflacionista. Por una parte, porque cada vez más consumidores (no solo los domésticos acogidos al PVPC) se ven obligados a incrementar sus gastos en energía, sobre todo en el caso de las grandes compañías y las industrias. A partir de ahí, los costes se van trasladando a transportes, alimentación y todo tipo de productos que encarecen la cesta de la compra.

La secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen, ha recordado esta mañana en el Congreso que la factura de la electricidad que pagan los consumidores tiene, tras el decreto ley aprobado por el Gobierno el 14 de septiembre, un 60% menos de impuestos y un 96% menos de cargos que en 2018. Este decreto ley, aprobado tras la promesa del presidente Pedro Sánchez de que la factura media de 2021 no superaría a la de hace tres años, incluye, además de una rebaja a beneficios extraordinarios de las eléctricas por el sobrecoste del gas, una batería de rebajas fiscales.

Sin embargo, la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta a los alimentos ni productos energéticos, también aumenta, pero lo hace a un ritmo menor, con un alza de cuatro décimas hasta el 1,4%. En cualquier caso, hay un principio de efecto arrastre en toda la economía. Por el momento no es muy llamativo pero puede ir a más.

Así lo señalaba el pasado lunes el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, quien advertía de que tendrán que hacer una «revisión significativa a la baja» de las previsiones de crecimiento de PIB para este año. Todo ello en un escenario, incidió, de «elevada incertidumbre», en el que al desarrollo de la pandemia se le suma la tendencia inflacionista y «cuellos de botella» en las cadenas de suministro, por la escasez de recursos y el encarecimiento de los precios de energía.

De Cos destacaba cómo el deflactor recurrido para el consumo privado se queda en el 1,3%, «sólo dos décimas menos que en septiembre», subrayó, lo que implicaría, en caso de hacer una actualización en base a la misma, una revisión de más de 0,5 y 1 puntos porcentuales para los dos años.

Por su parte, otros organismos como la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) también avisaron de que este aumento de precios desbocado es uno de los principales motivos de que hayan rebajado las previsiones económicas. En 2021 la economía crecerá pero lo hará a un ritmo menor y se retrasará la ansiada recuperación.

En lo que todos los analistas coinciden es en señalar que esta vorágine de precios es más coyuntural que estructural. Es decir, que ha venido para quedarse durante algunos meses por los efectos de la subida de la luz. Sin embargo, esa temporalidad es superior a la esperada inicialmente. El propio FMI, que asume esta situación, estima que no será hasta bien entrado 2022 cuando los precios comiencen a relajarse.