Antonio Juan de Dios Navarro en la barra del negocio donde trabaja a diario en Arrecife. / CARRASCO

«Este año está siendo fatal, hemos bajado las ventas»

El bar Emiliano, en pleno centro de Arrecife, se mantiene en activo gracias al empeño de los profesionales que a diario trabajan en el negocio

JOSÉ R. SÁNCHEZ Arrecife

Lanzarote cuenta oficialmente en estas fechas mediadas de 2022 con unos 2.000 negocios con el rango de bar o cafetería. La cifra es pareja a la que se daba hasta antes de la pandemia, una vez que la ralentización económica ha hecho mella. Para poner en dimensión la suma, a inicios de siglo eran unos 1.000.

Ya existía el bar Emiliano en el estreno del milenio, cuando la calle Democracia de Arrecife era aún 18 de Julio. Y con las mismas caras que aún ahora hay. Probablemente, quien más horas y ganas le pone es Antonio Juan de Dios Navarro, empleado que se conoce el local como nadie. Mientras recoge vasos vaticina con poco optimismo el futuro del negocio. «Este año está siendo fatal, hemos bajado las ventas», asume. Y cuando se le pregunte en qué grado, lamenta decir que «en algunos días, hasta en un 60%».

Antonio de primera mano sabe que «la gente apenas tiene dinero y se nota la carestía de la vida». En el caso particular del bar Emiliano, en especial se tiene en cuenta el precio de la electricidad, «con recibos de casi el doble de lo que veníamos pagando». En consecuencia, lógico que haya que repercutir los costes de más en los precios de los productos. «Un poco hemos ido subiendo todo; 10 céntimos en unas cosas, 20 céntimos en otras», acota este profesional con décadas de experiencia y dedicación.

Calidad, intacta

Con las subidas, además de compensar parcialmente el repunte en el capítulo de gastos, se apuesta por preservar la calidad de los productos. El bar Emiliano lleva años, según los amantes del buen café, despachando género de máxima categoría. Y así sigue.

La intención de la propiedad pasa por mantenerse en activo mientras haya opciones de ir cubriendo desembolsos y obtener unas mínimas rentas. Así es porque la meta de la jubilación no anda lejos. Para ello, «se está sacando dinero de donde teníamos», explica Antonio, «aportando entre todos». Y junto al componente económico, el factor humano. Muchas jornadas de trabajo pasan de las doce horas.

El objetivo de aguantar goza de un elemento a favor de enorme trascendencia. La propiedad del local lleva años actuando con muchísima mano izquierda. «No nos han subido nada» en estos últimos años de tantas dificultades económicas. Y cuando no ha habido para hacer frente a los pagos comprometidos, se han dado las máximas facilidades. «Son las mejores personas que nos hemos encontrado en nuestra vida», sintetiza Antonio cuando toca explicar el trato de los caseros.

Desde que comenzó la crisis de la covid-19, este negocio apenas ha contado con ayudas oficiales para compensar los meses obligados de cierre y las pérdidas una vez que se pudo recuperar la actividad. «El Cabildo nos dio 1.500 euros», indica Antonio mientras desliza en la caja la moneda de euro por una botella de agua fría que acaba de servir.