Terraza en un bar de Sevilla durante el confinamiento de marzo. / R. C.

La falta de recursos y la alta incertidumbre lastrarán la recuperación española

El PIB se desplomará más que el europeo por el volumen de empleo temporal y no haber aprovechado la bonanza económica

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZ Madrid

España sufrirá este año una caída de su economía sin precedentes. No será la única, pero sí donde más se note. El PIB nacional se desplomará un 12,8% según el FMI, lo que sitúa al nuestro como el país desarrollado que sufra la mayor contracción del económica. Por detrás de España solo se sitúan 16 países de todo el mundo, pero la mayoría de ellos son destinos como Fiji, Maldivas, Bahamas o Islas Mauricio, lugares donde su única vía de ingresos es el turismo, bajo mínimos.

La media de la eurozona retrocederá un 8,3%, casi cinco puntos menos que España y por delante de nuestro país se situarán Italia, Portugal, Francia y Grecia, pero ninguno superará el 10% de caída. Y lo peor no es este año, ya dado por perdido, sino los próximos. El organismo vaticina que en 2021 España (7,2%) será la economía que más crezca de la UE, que rebotará un 4%, lo que supondrá una pérdida de tres billones de euros en términos de PIB en solo dos años. Por ello, el FMI calcula que habrá que esperar a 2023 para que se recupere el nivel económico de 2019 en Europa, y también en España.

No solo es el FMI quien da datos tan pesimistas. Organismos nacionales como BBVA Research también están en la misma línea. Esta semana revisó sus previsiones con un fuerte recorte para el cuarto trimestre, que pasa de avanzar un 6% a solo un 2%, lo que supondrá un escenario aún peor al comienzo de 2021. Así, el organismo ha rebajado del 7% al 5% el crecimiento esperado para el año que viene, una cifra que podría subir al 6% gracias a las ayudas de la UE.

«Es una caída sin precedentes desde tiempos de guerra», explica a este periódico Miguel Cardoso, economista jefe para España en BBVA Research, quien incide en que la recuperación del segundo semestre también lo será, pero que incluso así en 2021 seguiremos un 5% por debajo del nivel económico de 2019. «Tardaremos al menos tres años en recuperar las cifras prepandemia», señala, y eso si no hay confinamientos extremos como el de marzo que echen por tierra las previsiones. Y es que el gran enemigo de la economía española es la incertidumbre por un lado y la gran incidencia del virus, por otro.

Pero, ¿por qué España es el país que más caerá en esta crisis? Los expertos consultados coinciden en señalar que la alta dependencia de nuestra economía al sector servicios y el turismo está haciendo que esta crisis de aislamiento social incida más en España, además de el tejido productivo español, formado en su gran mayoría por pymes y micropymes, a quienes les cuesta más superar baches de este calibre. Cardoso incide además en la temporalidad del empleo, un punto al que también hizo referencia el propio FMI en sus conclusiones sobre España. «La destrucción de empleo los dos primeros meses de crisis fue mucho mayor aquí a pesar de que por primera vez se hizo uso de los ERTE. La afiliación descendió un 5% porque cerca del 25% de los trabajadores tiene contratos de días o semanas y los empresarios decidieron no renovarlos ante la alta incertidumbre».

Adaptar los ERTE

Íñigo Fernández de Mesa, vicepresidente de la patronal de empresarios (CEOE), explica que además los confinamientos en España fueron más estrictos y largos que en el resto de Europa, lo que tuvo mayor incidencia en el consumo. También alude a que el sector público «no ha hecho los deberes en época de bonanza económica», por lo que ahora hay menos recursos para poder apoyar a los sectores más afectados. Y, por último, asegura que los recurrentes anuncios del Gobierno de subidas de impuestos «generan grandes incertidumbres en los inversores».

Pide que los fondos europeos se utilicen «con cabeza» y que la formación tenga un papel muy importante. En esta idea coincide Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea: «Tenemos a mucha gente que lleva seis meses sin trabajar y hubiera sido bueno que pasaran todo ese tiempo formándose por si tienen que cambiar de trabajo».

Los ERTE han sido el gran mecanismo de protección de las familias frente a la crisis, pero los expertos coinciden en que hay que adaptarlos a la nueva situación tras el shock de la primera ola. «Al inicio, cuando cae el meteorito, lo importante era proteger a cuanta más gente mejor, pero luego hay que ir adaptándolos para trasvasar recursos entre sectores más competitivos», explica De la Fuente.

La economía va a cambiar y los empleos también deberían hacerlo. Esa es la tesis de Toni Roldán, director del Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol, que argumenta que «la extensión de los ERTE tiene un límite porque no se puede sostener esta situación eternamente. Es probable que la gente viaje menos los próximos años y una parte de la hostelería y el turismo perderá su empleo, habrá que reubicar a esas personas». «Gran parte de los ERTE que quedan se convertirán en EREs», asegura.

Por su parte, Joaquín Maudos, director adjunto del Ivie y catedrático de la Universidad de Valencia, explica que el objetivo no debe ser solo regresar al Producto Interior Bruto de antes de la crisis, sino mejorar el resultado potencial con «reformas estructurales, que están en el baúl de los recuerdos desde hace años». Para ello ve imprescindible «aprovechar» los fondos europeos y proponer proyectos que empujen a las reformas necesarias, como la del sistema de pensiones, la fiscal o la educativa y «focalizar la inversión hacia los determinantes de la productividad, como son el I+D, el capital humano o los intangibles».