La clase empresarial, abatida

21/08/2018

El fallecimiento de Sergio Alonso causa una gran tristeza entre el resto de patronos de la isla, donde deja grandes amigos. Su ética, sus valores y su permanente sonrisa quedarán en el recuerdo

Las Palmas de Gran canaria

La tristeza inundó ayer los despachos de muchos directivos, altos ejecutivos y grandes empresarios del archipiélago. Muchos de ellos se mostraron abatidos por la pérdida del empresario Sergio Alonso, que no solo era para ellos un ejemplo de ética y honradez sino también un amigo, que siempre estaba dispuesto a escuchar y a conversar. «Hoy es un mal día, afloran muchos sentimientos. Se ha ido una gran persona», indicó ayer el presidente de Satocan, Juan Miguel Sanjuán, uno de los mejores amigos de Alonso.

Visiblemente afectado también se mostró el empresario Mario Rodríguez, presidente de Hospitales San Roque e íntimo de Sergio Alonso. «Es un día fatal. Estamos muy fastidiados. Se ha ido un gran empresario y una mejor persona que hizo mucho por nosotros, los canarios y sobre todo por Gran Canaria. Le echaremos mucho de menos», manifestó.

Ambos resaltaron sus grandes valores y lamentaron que nunca fue justamente reconocido en vida. «Nunca se le valoró como se merecía. Quizás se le haga ahora pero mejor hubiera sido en vida», señaló Sanjuán.

Y es que Sergio Alonso tenía una virtud que en la sociedad actual, tan superficial e interesada, está en peligro de extinción: decía y defendía de forma clara y directa aquello en lo que creía. Esto le generó más de un problema con la clase política y explica esa falta de reconocimiento.

En este sentido, el presidente de Astican, Germán Suárez, que lo definió como «un gran amigo», destacaba ayer que Sergio Alonso «defendió sus ideas siempre y no se dejó influir por las presiones políticas ni nada».

Eso sí, indica que era capaz de rectificar si alguien le demostraba que estaba equivocado. «Entonces decía, si es verdad, tienes razón», recordaba ayer.

El consejero delegado de Atlantis Publicidad, Alberto Cabré, destacó, al igual que el resto de empresarios una faceta más desconocida: su gran sentido del humor. «Tenía un carácter alegre y optimista y siempre tenía una frase original para responder. Daba gusto conversar con él, siempre tenía una sonrisa», indicó Cabré, que compartió muchos momentos con el empresario.

El presidente de Destilerías Arehucas, Rafael Méndez, lo recordó como una persona «brillante». «Lo admiraba mucho».