¿Cumplimos o nos escaqueamos? Mitos y realidades del absentismo laboral

24/02/2020

De las 203 jornadas de trabajo al año pactadas de media en España, se faltan casi 11 días por bajas médicas y algo menos de una por ‘otras causas’

El Gobierno ha puesto en el centro del debate el absentismo laboral en España con la derogación del artículo de la Ley que permitía el despido por bajas médicas acumuladas. Una medida que ha sido enarbolada por unos como el colmo de la justicia laboral y relativizada por otros que han tirado de estadística para recordar que rige una parte tan residual de las relaciones laborales en España que apenas tendrá efecto. 30 casos habían sido detectados, dijo el presidente de la patronal, Antonio Garamendi. Cada parte implicada ve la situación con el color de su óptica. Pero el debate bien merece un análisis sosegado: ¿Tienen las empresas españolas un problema real con las ausencias de sus trabajadores? ¿Somos cumplidores o no? La radiografía es compleja por la limitación de los datos y por la multitud de factores que entran en juego en el dilema. Pero la sentencia del Constitucional que ‘desató’ la reacción del Gobierno cita como referencia el informe que hace la Fundación Adecco desde hace nueve años. Basado en el análisis de la estadística oficial disponible, la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL), sus conclusiones destierran algún que otro mito.

EL DILEMA, EN DATOS

La tasa de absentismo resulta de calcular las horas de trabajo efectivas pactadas entre empresas y trabajador (que excluye vacaciones y festivos), las horas no trabajadas por incapacidad temporal (’la baja’) y por otras causas ocasionales. Hay sectores donde el total de horas pactadas ronda las 1.900 al año y otros, como Educación, donde apenas superan las 1.300. La media en el último año estudiado, 2018, fue de 1.630. Y la tendencia ha continuado similar en 2019. Si tomamos de referencia una jornada media de 8 horas, son 203 jornadas anuales con las que hay que cumplir. De ellas, dicen los datos, estamos de baja 87 horas al año. Casi 11 días. Y el 70% de estas ausencias están justificadas por enfermedad común. ¿Y las ausencias que no son por una baja?

Para calcular el ‘factor escaqueo’ se realiza una estimación sobre las bajas médicas alargadas sin necesidad que pudiesen darse (basándose en el cálculo de varias variables) y otras ausencias, realmente residuales, que suponen 6,3 horas por asalariado al año. Este cálculo que hace Adecco suponen 17,2 horas al año. Poco más de dos jornadas. ¿Es mucho? ¿Es poco? Depende de dónde se ponga el acento. Con una población de 15,7 millones de trabajadores, se pierden 1.350 millones de horas al año. O, extrapolado a otro plano, 753.000 trabajadores no acudieron ni un solo día del año a su puesto de trabajo. Para Javier Blasco, director jurídico de Grupo Adecco, el problema es de carácter económico y «recae sobre todo en las pequeñas empresas, que son mayoría en nuestro país». Desde otra compañía del sector, Randstad, Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales, recuerda que la tasa se situó en el 5,2% en el primer trimestre de 2019, por debajo de la media de la UE, «lo que a priori, no parece motivo de alarma» aunque sí cree «que se trata de un fenómeno estructural en nuestra economía que merece un análisis riguroso por parte de todos, sobre todo a la luz del repunte que ha experimentado durante los últimos años». Para Pedro J. Linares, secretario confederal de Salud Laboral del Comisiones Obreras, las horas al año de ausencias que no son baja «son poquísimas, minutos al mes». En cuanto a la tasa, cree que el incremento en los últimos años se debe a que hemos asistido a un «proceso de intensificación» del trabajo que puede explicar muchas ausencias. Para Linares «no existe un problema real de fraude en las bajas por mucho que se quieran usar a veces los datos de forma alarmista».

MÁS EN ÉPOCA DE BONANZA

Sobre este último apunte hay controversia. Que haya un paralelismo en los datos analizados entre crisis económica y descenso de ausencias del trabajo por bajas es lo que hace pensar que los trabajadores tienen una pequeña horquilla a la hora de decidir ir al trabajo o no en función de su estado de salud. O visto de otra forma: el factor miedo funciona. Esto explicaría que de nuevo la tasa de absentismo en España siga en aumento. «En época de crisis, con el empleo menguado, el trabajador tendería a ‘defender’ su puesto», refleja el citado informe.

DIFERENCIA POR TERRITORIOS

El País Vasco es la región donde más horas se falta al trabajo de España. No quiere decir que por ello se les considere menos cumplidores, sino que cuentan con un sector de Industria muy fuerte, donde, tradicionalmente, se da un mayor número de horas perdidas. La sensación de seguridad económica que disfruta la región, en detrimento de otras del sur, y la fuerte implantación de la actividad sindical, puede explicar la diferencia. Junto al País Vasco se sitúan Navarra, Asturias y Castilla y León. En todos los casos, las jornadas perdidas superan la media de 12 cada año. En el extremo opuesto, en Baleares y Andalucía no se llega a las 8 jornadas perdidas.

OJO AL MANDO INTERMEDIO

¿Cuál es el perfil del absentista? En este aspecto los datos absolutos dan paso a las valoraciones obtenidas a partir de encuestas. Si se cuentan las horas de baja en términos absolutos, podría deducirse que faltan más al trabajo (aunque se tenga justificación), mujeres de mediana edad. Pero si se excluyen las bajas maternales y permisos de lactancia, el perfil da la vuelta a un varón con cierta antigüedad en la empresa y que ya goza de un estatus de mando intermedio. La seguridad que siente este colectivo, que sabe que su despido no le sale a cuenta a la empresa, auspicia ese ‘goteo’ de ausencias con cierta impunidad. «La indemnización por un despido improcedente es algo insalvable a la hora de tomar una decisión en muchas empresas», valora Blasco.

TRABAJOS QUE DESTACAN

Los sectores de actividad en los que más se falta al trabajo han permanecido invariables a lo largo de los años. Las encuestas señalan el sector sanitario como el que más ausencias registra: médicos, enfermeros, administrativos, personal auxiliar... Todos se sitúan en el la cima del ‘ranking’ de trabajos donde más horas se pierden: 134 horas al año por asalariado; 16,7 jornadas. A este grupo le sigue Administraciones Públicas y Defensa, donde se encuentran representados los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Otro estudio de Randstad diferencia entre el absentismo por incapacidad temporal en cada sector y los que no son por este motivo. El sector sanitario también registra uno de los mayores porcentajes de ausencias que no son bajas, pero el que más es el sector de la fabricación de vehículos. Los que menos absentismo presentan, tanto por incapacidad temporal como sin ella, son los trabajos relacionados con el empleo y los servicios de información.

EL ‘EFECTO LUNES’

Al margen de las bajas por enfermedad, los autores del citado informe señalan que la falta de rigor con el cumplimiento de la jornada laboral hunde sus raíces en factores que también implican a la empresa. No todo incumbe exclusivamente al trabajador. «El absentismo tiene su origen, principalmente, en la desmotivación, en la falta de vinculación del trabajador con el proyecto o en factores como la percepción de falta de reconocimiento o la carga de trabajo inadecuada», señalan. Así, a través de las encuestas realizadas en las empresas, estas consideran que la principal causa, la de «máxima incidencia», es la enfermedad común. Pero hay otras como la dificultad para la conciliación entre la vida laboral y personal y el denominado efecto puente (faltar el viernes o el lunes, pegado al fin de semana). Desde el sindicato CC OO recuerdan que, en todo caso, no se puede «culpabilizar» al trabajador.

¿CONTROL O CONFIANZA?

Un 16% de las empresas encuestadas dice no controlar la veracidad de las razones alegadas para las faltas al trabajo. Y es que sin confianza, recuerdan los expertos, no hay productividad. Para ayudar, «está demostrado que la flexibilidad contribuyen a reducir las ratios de absentismo», valora Luis Pérez. En la actualidad, casi 3 de cada 10 empresas ofrecen la posibilidad de tener un horario flexible, al menos, a la mitad de la plantilla. Susana Cortés, responsable de RRHH en Novartis España, explica su fórmula contra los pocos casos sin justificar que se dan. «La propia dinámica de la organización detecta rápidamente las ausencias, pues trabajamos en equipos donde la colaboración es fundamental y es difícil no detectarlas. Una conversación donde se diga la preocupación por las ausencias es siempre la primera medida. Esto ayuda a entender casuísticas y poner medidas que ayuden a evitar estas situaciones».

LA OTRA CARA, EL PRENTISMO

Si el absentismo real ya es difícil de calcular por falta de dato oficial estricto, la falta al compromiso en el trabajo, aun acudiendo al puesto de trabajo, lo es mucho más. Una de las peculiaridades más llamativas del informe que realiza Adecco es precisamente el análisis que hace de este factor en la empresa a través de encuestas. Casi la mitad de las preguntadas por el particular dice no tener problemas de productividad por el exceso de tiempo dedicado al desayuno, al café, el cigarrillo o las distracciones con redes sociales, teléfono y navegación por internet. Pero un 30,8% sí observa estas prácticas. Susana Cortés, responsable de RR HH en Novartis España, lo señala como «un gran reto» que en su empresa entienden como un cambio cultural, «donde el colaborador no se sienta valorado solamente por su mera presencia en su lugar de trabajo, sino que sea la calidad de sus contribuciones». Este cambio debe ir acompañado además, considera, de flexibilidad horaria e, incluso, «de formación sobre cómo realizar reuniones eficientes, cómo priorizar y ser efectivos, etc.», señala Cortés. Aunque la mayoría de las compañías consultadas diga que no tiene problema con el presentismo en sus plantillas, lo cierto es que ya existen formas de combatirlo, que algunas aplican y que son recogidas en el citado informe. Y son muy expeditivas: limitar el tiempo de duración de las reuniones o, directamente, apagar las luces del edificio para obligar a salir.