Von der Leyen, Zelenska y Metsola, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo este miércoles, / AP

Bruselas apuesta por un ahorro obligatorio de la electricidad del 5% en horas punta

La Comisión Europea propone una reducción de la demanda de los países europeos y un límite a los beneficios de las renovables que servirá para recaudar 140.000 millones de euros

OLATZ HERNÁNDEZ

La receta europea para frenar el precio de la energía incluirá finalmente un ahorro obligatorio de la electricidad de los Estados miembro. Así se contempla en las medidas presentadas este miércoles por la Comisión Europea, que fijan una reducción de la demanda obligatoria del 5% para los países europeos en horas punta y un 10% en general hasta el 31 de marzo de 2023. De este modo, Europa espera ahorrar 1.200 millones de metros cúbicos de gas durante el invierno.

El corte de suministro de Rusia del gasoducto Nord Stream 1 ha puesto más presión sobre la economía europea. Sin embargo, el tope al gas importado desde Moscú no contó con un claro apoyo de los Veintisiete en el último Consejo de Energía, por temor a un posible corte total a países como Alemania. Bruselas sigue trabajando para presentar una propuesta al respecto y será un debate que también se tratará en la reunión extraordinaria que ha convocado la presidencia checa el próximo 30 de septiembre.

El paquete de medidas de la UE contempla también una reducción obligatoria de la demanda de electricidad del 5% en horas punta, cuando el gas entra en el mercado, y un 10% en general. Eso sí, la Comisión Europea dejará en manos de cada estado el diseño de los mecanismos para aplanar esa curva de consumo, que espera que sirva para abaratar el precio del gas. Esa libertad que dará Bruselas podría servir para lograr un acuerdo a nivel europeo, a pesar de las reticencias de los países para adoptar medidas obligatorias.

La UE quiere limitar, además, los beneficios de las tecnologías inframarginales (que incluyen a las renovables y la nuclear) a 180 euros el Mwh. Su presidenta, Ursula von der Leyen, ha asegurado ante la Eurocámara, en su discurso sobre el Estado de la Unión, que de este modo espera recaudar 140.000 millones de euros, que destinará a proteger a los consumidores vulnerables.

El Ejecutivo europeo también propone una contribución solidaria a través de un impuesto a las empresas gasistas, petroleras y de carbón cuyos beneficios hayan superado en un 20% los de los tres años anteriores. Esa tasa será del 33% de los beneficios extraordinarios obtenidos por estas empresas. «Millones de europeos necesitan ayuda. Se deben usar esos beneficios caídos del cielo para aliviar sus facturas», ha destacado Von der Leyen.

Ante el «chantaje» de Rusia con su manipulación del flujo de gas a la UE, el continente ha diversificado su suminstro y actualmente solo imorta el 9% de gas desde Moscú. Las reservas europeas ya rozan el 84% de su capacidad, pero Von der Leyen ha insistido en que hacen falta más medidas de emergencia para frenar el precio del gas.

La Comisión Europea se ha comprometido, además, a analizar los cambios necesarios a llevar a cabo en el mercado eléctrico europeo. «Hoy en día se basa en principios obsoletos que no están a la altura. Habrá que hacer una reforma profunda y compleja, que esperamos que llegue en 2023», ha anunciado.

En el futuro energético, la UE ve con mucho interés los avances en la tecnología para generar hidrógeno verde. Y como parte de su plan REPowerEU, el continente quiere producir diez millones de toneladas de hidrógeno para 2030. Para lograrlo, se creará un banco europeo de hidrógeno que contribuirá a impulsar las inversiones en esta energía. «Subvencionar los combustibles fósiles fue un error. Hace falta un cambio de paradigma», ha señalado Von der Leyen.

La pandemia ha demostrado la necesidad de asegurar las cadenas de suministros y la llegada de materias primas. La UE ya ha puesto en marcha su proyecto para que Europa se convierta en una potencia en la fabricación de microchips. «Actualmente China es el mayor productor mundial. Hay que evitar tener una dependencia como la que tenemos ahora con el petróleo y el gas».