Un pozo de extracción de petróleo. / R. C.

La «avaricia grotesca» de las energéticas «daña a los más pobres y destruye el planeta»

El apoyo del secretario general de la ONU a un impuesto especial se extiende entre el ámbito político y activista

ZIGOR ALDAMA

El impuesto especial para gravar los beneficios caídos del cielo que registran las compañías energéticas tiene muchos detractores que se hacen oír en todas las esferas. Desde que el Ejecutivo de Pedro Sánchez lo anunció, con el fin de recaudar 2.000 millones de euros al año, las empresas afectadas y la mayoría de analistas económicos lo han criticado por diferentes razones: las primeras lo consideran injusto, porque aseguran que en España no obtienen grandes réditos a pesar de sus resultados récord en la primera mitad del año, y las petroleras señalan que ya pagan 5 puntos más en el Impuesto de Sociedades -como la banca-; los segundos consideran que es poco efectivo, ya que vaticinan que su coste acabará repercutiendo de una forma u otra en la factura de los consumidores, por mucho que el Gobierno busque formas de prohibirlo.

No obstante, España no es, ni mucho menos, el único país que aplica un impuesto de este tipo. Reino Unido o Italia gravan estos beneficios extraordinarios al 25% -Roma lo ha incrementado este año desde el 10%-, e incluso Estados Unidos está planteándose hacer algo similar. Su presidente, Joe Biden, criticó que las energéticas estén haciendo «más dinero que dios» y pidió a Exxon que comience a invertir y a pagar sus impuestos. «Las petroleras tienen 9.000 permisos para extraer petróleo, pero no lo están haciendo porque ganan más sin producirlo y dejando que el precio suba», disparó.

Este jueves, en un duro discurso, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se sumó al también nutrido coro de voces -sobre todo del ámbito politico- que exigen estos impuestos especiales. «Los beneficios combinados de las energéticas en el primer trimestre se acercan a los 100.000 millones de dólares. Urjo a todos los gobiernos a que graven estos beneficios excesivos y que usen esos fondos para ayudar a los más vulnerables en estos momentos difíciles», demandó. Guterres señaló que «muchos países en vías de desarrollo, ahogados en deuda y aún con problemas para recuperarse de la crisis del Covid, podrían ser llevados al precipicio» por la escalada de precios iniciada tras la pandemia y acrecentada por la guerra en Ucrania. La tormenta sociopolítica de Sri Lanka es un buen ejemplo de ello.

«Es inmoral que las empresas petroleras y de gas que estén obteniendo beneficios récord de esta crisis energética que afecta a las personas y comunidades más pobres y tiene enorme coste para el clima», denunció Guterres durante una conferencia de prensa en la que denunció que la industria se mueve por una «avaricia grotesca» que daña «a los más pobres a la vez que destruye nuestro hogar común, el planeta».

Otras medidas adicionales

Diferentes organizaciones también consideran que el impuesto a los beneficios extraordinarios es una iniciativa en la buena dirección. «Hay argumentos sólidos a favor», afirma el Instituto de Políticas Fiscales, argumentando que dichos impuestos «no crean una distorsión ni alteran el comportamiento» de las empresas. Will Snell, director de la Fundación Fairness, además lo considera «efectivo y justo» y afirma que las objeciones al mismo nunca son sólidas. Es más, recuerda que el gobierno del Reino Unido, por ejemplo, ya los ha implementado en varias ocasiones durante el último siglo: «En la Primera Guerra Mundial se gravó el exceso de beneficios, con respecto a los niveles previos a la contienda, con un 50%. Más recientemente, en 1981 Margaret Thatcher impuso un impuesto especial para los beneficios de los bancos durante la recesión». Snell argumenta que el impuesto se debe encuadrar en el marco de otras medidas dirigidas a crear un sistema fiscal más justo.

En España, los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Guestha) también consideran que los impuestos a los beneficios caídos del cielo pueden ser beneficiosos para los consumidores si son redistribuidos entre ellos. O sea, recomiendan un descuento separado en las facturas de electricidad que sea proporcional a su consumo. De esta forma, los beneficios extra revertirían directamente en una reducción clara de los precios de la energía.