Fútbol: Primera División

Otra imagen, nueva esperanza

04/01/2018

Circulación rápida, al primer toque. Samper, entre los centrales, contribuyendo a una salida aseada del balón. Viera y Tana siendo los más partícipes, Calleri peleando y ayudando arriba. Imperioso Gálvez, con hechuras de capitán en su estreno. Hasta Aquilani, con pie y medio fuera del equipo, estaba metido en el partido.

Las Palmas de Gran Canaria

Puede que fueran las ganas, el desasosiego por ver algo. Como si solo cinco días bastaran para presentar una cara diferente, más reconocible. Aunque superar lo mostrado hasta ahora no tampoco era nada complicado. Pero anoche, con la irrupción del sargento de hierro, con el primer partido del salvador, de Paco Jémez, la esperanza era presenciar el fin de una tormentosa era. Despedido un 2017 que pasará a la historia como año de tortura y lamentaciones y esperar que el 2018 traiga consigo un milagro. Única manera de calificar a lo que tiene que ocurrir para que Las Palmas se salve esta temporada. Y aunque anoche eso no estaba en juego, las sensaciones y el sentir que con Paco el corazón de la UD vuelve a latir, imperaban entre el respetable.

Lo que, seguro, no eran imaginaciones ni irreales visiones optimistas, es que la actitud y las ganas eran otras. Cada balón dividido parecía el último, todos iban al choque, a la pelea. El toque y la elaboración no reñían con la garra. Así todo es posible. Muchas rotaciones por ambos lados, con Simón, Borja, Samper o Momo en el lado local. Jugadores irrelevantes en lo que va de curso, pero contagiados todos con el espíritu del nuevo inquilino del banquillo. Y si no que se lo pregunten a Borja con su primera asistencia como jugador de amarillo. Bendita confianza, lo que es capaz de conseguir.

Hubo un plan, una idea. El físico no aguantó la segunda parte, pero en la primera, Las Palmas jugó sus mejores 45 minutos en lo que va de temporada. La metamorfosis de muchos jugadores fue brutal. Momo recuperó más balones anoche que en las dos últimas temporadas juntas, Samper jugaba con jerarquía y estaba lejos de ser aquel chico tímido que casi ni la pedía, Chichizola volvió a mostrar la seguridad de principios de campaña y Bigas salió a volandas tras una actuación memorable. Y lo más importante, la comunión con la grada. El desapego que se había instalado en el Gran Canaria con la marcha del equipo, se esfumó ayer. Un partido, una imagen distinta fue suficiente para la marea amarilla, que necesitaba una noche así como el comer.

Y eso que al final se empató. No era lo más importante, la final será el sábado y ante el Eibar, pero nunca está de más ganar. Aunque lo vital es la confianza y fe que dan plantar cara al tercero, a la revelación del campeonato. Da igual que finalmente el Valencia se imponga en la vuelta y que Las Palmas quede eliminado en octavos, la autoestima de empezar el año y la era Jémez con estas sensaciones es un refuerzo para el equipo que no se lo va quitar nadie. Que pase el siguiente.