Hagan sitio en el cementerio (6-0)

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13/01/2018

Uno tras otro y hasta seis. Si no tenía bastante la UD con quedarse en paños menores por enésima vez, lo de ayer remite, directamente, al ámbito paranormal de un equipo que ya se bate en retirada. El 6-0 en Girona confirmó que el escudo está enfermo de muerte.

Valencia -Enviado Especial

Habían vendido que sudarían, que saltarían al campo futbolistas dispuestos a dejarse la pierna por la causa, mentalizados hasta el límite, conscientes de que esta camiseta merece otra consideración diferente al maltrato habitual de las últimas fechas. Aseguraron que no volvería a pasar, que en Montilivi sería diferente, que si tenían que caer lo harían sin ahorrar un gramo de honradez. Prometieron que estaban capacitados para rescatar a Las Palmas, que nadie se acordaría del pasado, que, tocado el fondo, todo lo que vendría sería para bien. Pidieron la comprensión y paciencia de la afición, con la que, pregonaron, la responsabilidad estaba más vigente que nunca. Anticiparon tiempos mejores, una versión diferente al arrastre colectivo de cada semana, decencia. Vendieron, aseguraron, prometieron, pidieron, pregonaron y anticiparon. Un perfecto elogio de la hipocresía. Porque cuando llegó la hora de jugar, en el momento de competir y echarle hombría, justo en el turno de justificar el jornal, la UD fue una obscenidad de punta a punta, ofreciendo la versión más catastrófica que se le recuerda en años. Hablar en estos términos con el equipo estando como está ya remite a las tinieblas. Pero los que vieron lo acontecido ayer en Girona certificarán que nada se exagera. Y los que, por lo que fuera, se ahorraron tanta ignominia, que ni pregunten a riesgo de que puedan romper el abono o, directamente, mandar al cuerno a estos chicos de pantalón corto, maneras arcaicas y trote miedoso que dijeron ser la UD Las Palmas.

Todos lo imaginaban y nadie lo evitó. Que Las Palmas podía perder ante el Girona era algo que se veía venir. Incluso hasta más que probable, mirando números, sensaciones y estados de ánimo. Pero que el apalizamiento se diera sin encontrar oposición tiene delito indefendible. Paco Jémez se había llenado la boca anunciando variaciones y novedades. Lo que había no le valía, pero percibía otra actitud, intuía que podría salirle bien, se fió de un vestuario que, recuerden, se ha llevado ya por delante a varios como él. No es el único culpable Jémez de este psiquiátrico. Muchos de los males vienen de serie, con los prodigios de Toni Cruz y Luis Helguera en los despachos y la complacencia presidencial. Pero Jémez, que se presentó vestido de militar y pasándose de frenada, tampoco está ayudando mucho. Lleva cuatro partidos con el dudoso mérito de empeorar lo que parecía imposible. Y en Girona, en un alarde suicida, optó por una defensa de tres frente al contrario con bandas de las más profundas de la categoría, Mojica a un lado y Portu al otro. El resultado fue un destrozo de época y que, es de justicia, también cuestiona los métodos de un entrenador fichado como salvador de la patria y que hoy no debería ni salir a la calle. Duele oír hablar de que en su plan falta tiempo a alguien que se comió los turrones en casa aplazando su desembarco mientras a la UD la desangraban en Vitoria o Getafe. Es honrado pero no basta que exprese sus disculpas por lo que está pasando. Choca que pretenda fichajes a gogó cuando se ha traído alguno bajo su supervisión que no mejora lo que había (Peñalba, de momento, no pasa de la categoría de bulto sospechoso). Y le retrata que insista en el trabajo como única solución al constatar que, desde que llegó, está en números de Ayestarán. Quizás debió quedarse en México o de vacaciones. Hasta la fecha, la casa está peor que como estaba.

Hagan sitio en el cementerio (6-0)

Además de la inexistente aportación colectiva (Gálvez achicó en soledad, a Viera nunca se le podrá negar el pan y la sal y Calleri recibió y repartió en su lucha siempre perdida), lo que más repudio causó en la UD vino con su nueva demostración de anemia. Sin ganas de nada se presentó en Montilivi. El resto vino con los experimentos de Jémez, cuya limpia en defensa se llevó por delante a Simón, Lemos y Dani Castellano, y que aparcó la meritocracia para calzar a Peñalba y Jairo sí o sí. Así invitó al abuso a un Girona siempre cómodo y que, literalmente, le pasó por encima. Alcanzó el descanso ganando por la mínima (1-0) de milagro. Colgó mil balones sobre Raúl y el árbitro le escamoteó un penalti de libro. En la segunda parte ya fue incontenible la inundación. No hay mejor resumen de todo lo que ocurrió, porque partido hubo un rato mal contado, que recordar los goles y sus méritos en claro contraste con Las Palmas, una broma de pésimo gusto y en la que se vivieron situaciones surrealistas, como la un doble cambio con 6-0 y en el minuto 87. Corolario de un día abominable y que le expone ante el resto. Nunca nadie jugó tan mal por Girona, no se recuerda un cante de esas dimensiones, jamás se dio algo similar o que se le parezca. Todo eso y más, con la UD de comparsa experimental.

Entre medias, del primero al sexto, el descarrilamiento culpabilizó a todos. Raúl, casi siempre vendido, y, cuando no, también inseguro. La defensa hecha un trapo, sin ayudas de los de arriba, en la zona ancha burocracia absurda, con pases en corto, horizontales y abyectos. Y arriba, Viera en soledad, Calleri ahogado, Momo sin pulmones y Jairo a otra cosa. Enfrente, un Girona bien cosido, trabajado, elemental en todo pero con una voluntad imbatible. Su vestuario quizás huela a linimento y no a desodorante. Pero miren la tabla a ver si pueden disimular la envidia. Un equipo con mayúsculas, sin alharacas ni publicidad. Van a la faena y la sacan adelante. Podrían aprender otros, la UD mismamente, la presunta candidata a llevarse unos puntos que jamás mereció y que acabó dando hasta lástima. No le metieron diez de casualidad y porque el anfitrión, saciado hasta arriba, comprendió que ya tenía suficiente. Si es grave hacerlo de pena, agota calificativos que el contrario termine haciendo circo contigo.

La expedición regresó anoche, madrugada cerrada, entre silencios e indiferencia. No merece menos. Hoy es carne de escarnio, personifica el fracaso más despreciable, está arrastrando a todos a la fatalidad, a un descenso que asoma como realidad inevitable. Esto quedará para la historia. Esto no se va olvidar.

Ficha técnica

6 - Girona: Bono; Aday Benítez, Jonás Ramalho, Bernardo Espinosa, Juanpe, Johan Mojica; Pere Pons (Aleix García, m.77), Àlex Granell, Borja García, Portu (Douglas Luiz, m.77); Cristhian Stuani (Michael Olunga, m.45).

0 - Las Palmas: Raul Lizoain; David García, Alejandro Gálvez, Ximo Navarro; Javi Castellano (Alen Halilovic, m.64), Gaby Peñalba; Hernán Toledo, Momo (Tana, m.87), Jonathan Viera, Jairo Sampeiro (Vicente Gómez, m.87); Jonathan Calleri.

Goles: 1-0, m.24: Cristhian Stuani (p). 2-0, m.57: Michael Olunga. 3-0, m.64: Borja García. 4-0, m.69: Michael Olunga. 5-0, m.73: Portu. 6-0, m.78: Michael Olunga.

Árbitro: Mario Melero López (comité andaluz). Amonestó a los locales Àlex Granell (m.52) y Pere Pons (m.54), y a los visitantes Javi Castellano (m.23), Jonathan Viera (m.53), Gaby Peñalba (m.53), Jonathan Calleri (m.55) y David García (m.56).

Incidencias: Partido correspondiente a la decimonovena jornada de LaLiga Santander, disputado en el Estadio Municipal de Montilivi ante 10.037 espectadores.