Fútbol: Primera División

El club quiere premiar a Paquito

24/12/2017

Con la llegada de Jémez al banquillo del Gran Canaria, Paquito pasará a tener un puesto específico. Desde el club quieren recompensar el saber estar, la profesionalidad y el acto de valor del excapitán amarillo. Aún está por decidirse su nueva función, pero podría ser el enlace entre la plantilla y la directiva.

Las Palmas de Gran Canaria

Entre lágrimas, así cerraba Paquito su efímera y obligada etapa en el banquillo de la UD Las Palmas. Las circunstancias, después de volver el pasado verano al equipo de su vida, le llevaron a tomar las riendas del conjunto isleño. Tras el paso a un lado de Manolo Márquez y la destitución de Pako Ayestarán, el granadino tuvo que comerse el marrón que le había dejado el preparador vasco. Un conjunto roto y destrozado moralmente. Aun así, el que portase el dorsal ocho a su espalda con la casaca amarilla en las tres categorías del fútbol español intentó revertir la situación, a pesar de no ser entrenador.

Y con su esfuerzo profesional y emocional cautivó a todos. Es por ello que desde el club quieren recompensar su actitud y disponibilidad. Paquito, que logró una victoria ante el Betis, empató ante el Espanyol y cayó contra Alavés y Getafe, seguirá ligado a la entidad. Desde la zona noble del Gran Canaria premiarán su sacrificio. La llegada de Paco Jémez conlleva a que su rol vuelva a variar y lo más probable es que sea el nexo entre la plantilla y la directiva. Una labor más ejecutiva y algo más alejada del verde.

La tranquilidad y la entereza total que destiló el que fuera técnico interino de Las Palmas, calaron hondo en la hinchada, que es consciente de que Paquito no fue el problema, sino que trató de ejercer de salvavidas. Una transición hacia el nuevo entrenador, puesto que Ayestarán había dejado al equipo en un verdadero abismo.

Siempre habló con cautela y prudencia, haciendo hincapié en la importancia que tenían sus futbolistas y no su figura. Fue claro y sincero, sus ruedas de prensa eran el relato de la afición. Su sentir, el de cada uno de los fieles y valientes que continúan sufriendo por la UD.

En su adiós a los banquillos, con Paco Jémez en el palco, no pudo despedirse como soñaba. Quería una victoria que dejara a la escuadra grancanaria en la mejor situación posible, pero Las Palmas volvió a patinar, a mostrar su imagen más moribunda. Y, una vez finalizó el enfrentamiento en el Coliseum Alfonso Pérez, Paquito bajaba a sala de prensa emocionado, sabiendo que su equipo se desangraba y su tirita no había salido como le habría gustado.

Colista y con un 2017 para olvidar, pero que el bueno de Ortiz recordará siempre. Jamás imaginó, como reconoció en reiteradas ocasiones, ser el entrenador de la UD Las Palmas. Nunca lo buscó y, por motivos de fuerza mayor y una mala planificación deportiva, le tocó vivir. Hizo lo que pudo, con sus limitaciones pero siempre con corazón. El club lo sabe y quiere mostrar su gratitud. Otro, en su lugar, hubiese mirado hacia otra dirección. Paquito, adicto a este escudo, afrontó el reto y aportó cuatro puntos al casillero del conjunto isleño. Lo más probable es que sea ese nexo entre jugadores y dirección deportiva. No merece menos.