Fútbol / Primera División

Y todos tan contentos en Albacete

25/06/2020

La UD ofrece una versión pragmática y rocosa para mantener su conteo de puntos en un partido con más ocasiones que fútbol y en el que Josep lució con una parada espectacular. Un remate al palo de cada uno aliñó una noche sin ritmo.

Pudo ganar y perder la UD en un partido, el de Albacete, con más ruido que sustancia. Todo se quedó en el amago para terminar como empezó, con reparto benévolo de bienes, sin goles y la sensación de que a unos y otros convenía dejarlo todo tal cual. Para Las Palmas el punto es oro si se mira por la salvación y calderilla para los que querían subir a vagones aristocráticos. Aunque todavía la tabla ofrece posibilidades, da la impresión de que se va a llegar demasiado tarde a la discusión de las plazas de arriba. El Carlos Belmonte tenía ese billete y, por lo que fuera, no hubo manera de agarrarlo.

Las rotaciones de Mel dieron galones a Kirian, rescataron a Srnic, Álex Suárez o Cristian y conformaron un equipo abrochado, con capacidad para tener la pelota y desplegarse con gente y llegada. Un planteamiento en el que, por encima de todo, se buscaba resguardar a la zaga y no exponerla al recurso del Albacete de buscar a Acuña con envíos largos y divididos, batallas en las que se maneja como pocos el sudamericano. Fue Acuña precisamente el que más se dejó ver en el primer acto del encuentro con un variado catálogo de recursos para armar el remate. Requirió a Josep con insistencia, pero la del minuto 6, una rosca desde fuera del área llena de veneno, obligó al lucimiento, con paradón a mano cambiada del valenciano. Tan espectacular fue el latigazo de Acuña como la respuesta que encontró. Una acción de videoteca, llena de intención y estética. El aviso no arrugó a la UD, que a fútbol siempre iba a ir por delante del Albacete. El problema es que el anfitrión planteó un partido lejos del raseo y el pase limpio. No le iba esa dinámica y bien que lo demostró, acumulando gente por detrás del balón, muy posicional todo, el estilo de su entrenador. Comprensible también porque anda en el alambre y, a riesgo de perder, mejor ni ganar.

Hasta el descanso caminó todo con muchas precauciones, midiendo cada equipo lo que tenía que dar y evitar. Fue una fase de instrascendencia en la que Varela dejó buenos detallesy a Kirian le sobró voluntad y faltaron pulmones. Cuando nadie lo esperaba, sonaron las astillas del Belmonte con dos buenos disparos, uno en cada área, más fruto de accidentes que de gestación. Primero fue Azamoum, cuyo tiro, no muy potente pero sí bombeado, rebotó en el larguero. Un susto que la UD enjuagó de inmediato y de la misma manera, mucho más agradecida para la vista y resultante de un derechazo espectadular de Varela desde la esquina del área y que, luego de dibujar una trayectoria perfecta, encontró el poste cuando merecía la red. Hubiese sido un gol de museo. Solo por eso debió entrar. De la nada, Albacete y UD se sacudieron los bostezos a golpe de ocasiones rotundas. El gol se resistió por centímetros, por puro azar.

Pero el encuentro no estaba para demasiadas fiestas. Se evidenció rápidamente, con un ritmo más ralentizado y conservador desde la salida del camerino. Mel tenía todo como quería, UD ordenada, maracdor parejo, munición de sobra con Pedri, Benito y Rubén en la banca, y posibilidades abiertas. Quizás miró demasiado atrás y le puso más ojo a garantizarse algo por muy limitado que se destapase un Albacete con posibilidades muy reducidas. En la reanudación, Josep volvió a salir en la foto ante un Acuña que era un verso suelto, persistente y obstinado, aunque no le alcanzara para superar a un meta que se agigantó cada vez que se le puso enfrente. Josep lleva cuatro partidos sin encajar gol, que no debe ser casualidad, y su saldo, con alguna salida a destiempo, ayer también la dejó para el inventario, explica a la perfección que la UD hoy viva libre de urgencias y por encima de cuentas siniestras. Su portero ha echado el candado, para penaltis, trallazos desde lejos, retos cara a cara... Está bendecido para bien del resto. Precintada el área de la UD, pues, en lo sucesivo, los acercamientos llegarían a balón parado y con juego directo, sobrados siempre Lemos y Álex Suárez, tampoco es que abundaran las noticias en los dominios de Nadal, inédito en intervenciones. Un robo de Srnic que no encontró receptor, Narváez muy alto tras rosca de Benito, un tiro de mentira de Galarreta y algún barullo en el que Pedri se dejó el cuero atrás simplificaron el balance ofensivo, insuficiente para rascar algo más de un día que se anunciaba propicio por las debilidades del adversario. Que Haro entrara en el minuto 94, con todo acabado y la única intención de consumir el cronómetro, ilustra que a Mel le cuadraba todo.

La UD no regresa con las manos vacías y puede que eso sea motivo de celebración cuando el calendario presentaba amenazas y, desde el reinicio, de doce posibles ya son ocho los puntos en la despensa. A golpe de empate, eso sí, se encarece lo que tenga que ver con el ascenso y sus derivaciones. Nunca le pidieron a Las Palmas asomarse a los mejores como exigencia innegociable y menos después de pasar lo que ha pasado, con un desierto sin victorias, pero faenas como las de anoche, lo que pudo ser y no fue, tampoco son de digestión tan feliz.