Valerón: «Ahora disfruto del fútbol mucho más que cuando jugaba»

02/03/2020

Voz serena, talante reflexivo y mirada madura. En la quietud de Arguineguín, a la orilla de la playa que le vio crecer, el que fue icono y bandera del fútbol contemporáneo habla de su mutación, lenta y meditada, a técnico. No surgió como vocación, como así lo reconoce. Respondió más a una búsqueda interior en la que las certezas fueron aflorando hasta encajarlo todo. Hasta hoy.

— En junio de desvinculó de la UD para iniciar, en solitario, su carrera como entrenador. Y, desde entonces, está al frente de la selección de Canarias sub-16. ¿Qué balance hace de esta etapa que emprendió meses atrás?

— Cuando puse fin a mi carrera como jugador profesional, empecé la etapa de ver lo que pretendía hacer desde ese momento, teniendo siempre en cuenta que quería seguir ligado al fútbol. Estar en el campo, cerca de los jugadores, reciclarme en labores técnicas... Aunque realmente no sabía en qué puesto específico y, también, necesitaba sentir que tenía la capacitación necesaria para ejercer. Y en eso he estado tras mi retirada, buscando mi lugar, el sitio en el que quería estar, desarrollar mi idea y mi metodología y la manera de practicarla. En el momento en el que sentí que llegó mi momento, decidí salir de la UD para emprender un reto, un desafío que me permitiera poner en práctica todo lo que había interiorizado durante el aprendizaje que había tenido. Surge, entonces, la posibilidad de llevar la selección de Canarias sub-16. Llevo desde el verano y, hasta el momento, estoy muy contento por todo el trabajo que he podido desarrollar hasta la fecha.

— ¿Qué le hizo aceptar la propuesta que le lanzó la Federación Canaria?

— Me llamó la atención el hecho de que implica una responsabilidad diferente a la clásica de un entrenador, que ejerce en un equipo con un determinado grupo de jugadores... Aquí entra el análisis, la captación de talento y de relacionarlo todo. La posibilidad de elegir, de explorar y seleccionar, me gustó y motivó desde un principio.

— Ya lo apunta. No es lo mismo ser entrenador que seleccionador. Son rutinas diferentes, responsabilidades quizás mayores...

— Hay muchos jugadores, demasiado territorio por abarcar... Estás acostumbrado a moverte en el fútbol profesional, en una cantera como la de la UD, en la que tienes lo mejor de lo mejor, y ahora pasas a ver fútbol en cualquier campo, en cualquier barrio... Llegas y, en un principio, es una tarea muy compleja, sientes que no llegas a todos los sitios en los que debes estar. Lo bueno se ve a primera vista. El asunto es detectar algo diferente donde la mayoría no lo ve. Ha sido un aprendizaje largo, complejo pero muy enriquecedor.

— ¿Cómo ha estructurado su rutina de trabajo considerando el campo, todo un archipiélago, que debe abarcar? ¿Qué metodología está llevando a cabo?

— Lo primero que hice cuando Ramón Medina me plantea la opción de coger la selección, con Tino Déniz como director tecnico, fue incorporar a mi equipo de trabajo una persona que, entendí, podía prestarme una gran ayuda, que es José Luis Sánchez, al que avala una trayectoria en la captación de varios clubes, entre ellos la UD. Lo conocía, tengo una gran relación con él y pensé que era la persona idónea para que fuese mi segundo. Con él integrado en mi rutina, ya comienza a ayudarme y a transmitirme de qué manera debo planificarme, qué aspectos se deben considerar a la hora de analizar a un jugador para valorar su progresión... Una serie de parámetros definidos para sumarlos a los que tienes. Luego se incorporó Alexis Santana como preparador físico para completar el organigrama.

— ¿Y de qué manera funciona junto a todo el equipo humano y técnico que hay repartido en las islas?

— La Federación tiene a unas personas que trabajan en todas las islas que hacen labores de seleccionador, estableciendo filtros que facilitan la labor, pues la tarea de seguimiento en todas las islas es imposible sin la colaboración de esos técnicos. En una primera fase, únicamente seleccionamos jugadores de Gran Canaria y, en coordinación con Tenerife, encargados allí de la selección sub-14, hacemos una primera lista, en la que cada isla escoge a sus sub-16 y sub-14. Tras esa primera fase, se enfrentan Gran Canaria y Tenerife sub-14 y sub-16 en dos partidos, uno en cada sede. Y de ahí ya saco el grupo de sub-16 definitivo, al igual que en Tenerife los sub-14. Y con el grupo ya definido, vamos a las otras islas, a lo que nos puedan ofrecer Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro. La Federación nos transmite, a modo de sugerencia, no como imperativo, que, en la medida de la posible, el máximo número de islas tengan representación. Ahora tenemos esa premisa con Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura, Lanzarote y La Palma. Hay que recordar que los canarios que juegan en la península, de ser citados, irían con las comunidades autónomas en las que actúan, al igual que si hubiese algún chico de otra comunidad que jugase aquí en la cadete, podríamos seleccionarlo nosotros.

— ¿Reúne mucha complejidad eso de captar talento?

— Muchas veces vas a un partido en el que no hay un nivel que, en teoría, te permita sacar conclusiones. Pero si tienes el conocimiento y la capacidad adecuada, puedes ir más allá de la apariencia del juego.

— Estará siendo un tiempo de un enorme aprendizaje en todos los sentidos para usted. Una auténtica universidad del fútbol...

— Es exactamente lo que pretendía cuando decidí irme de la UD. Entrar en una zona más complicada, por su exigencia de trabajo, siempre con la idea de formarme para, en un futuro, dirigir al más alto nivel, a un equipo profesional.

— A diferencia de otros técnicos coetáneos, ha preferido bajar al barro y no vivir de su pasado y apellido. ¿Por qué eligió el camino más largo y difícil cuando podría haber dado el salto sin este peaje?

— Decidí dar este paso por convicción y por entender que era lo que necesitaba en este momento de mi etapa como entrenador. Además de la gente que ya trabaja conmigo, tengo la suerte de poder contar con el asesoramiento de personas de enormes conocimientos y experiencias, como es el caso de Tonono, director de Formación y Captación de la UD Las Palmas. Él me dijo que empezar por abajo, como estoy haciendo ahora, y antes en los filiales de la UD, iba a ser fundamental en mi carrera en los banquillos.

— Le conocimos y admiramos como jugador por su talento. ¿Qué rasgo define a Valerón como entrenador?

— Quiero que mis equipos sean como yo, con la forma de ser que tenía en el terreno de juego. En la gestión del grupo, en la manera de hablar y de motivar, me valgo de mi experiencia, de todo lo que he vivido. En cuanto al estilo de juego, está claro que lo que pretendo es que se practique un fútbol atractivo, que le guste a la gente y que haga disfrutar, al mismo tiempo, a los jugadores. Eso sí, sin estar falto de competitividad.

— El eterno debate en el fútbol de base: formación y estética o resultados. ¿Cómo lo contempla?

— Lo tengo claro y fácil. Una cosa va unida a la otra. Se puede ser competitivo y, a la vez, cuidar la faceta formativa. Lo que pasa es que se suele confundir la competición con ganar de cualquier manera. Cuando hablamos de competir no se trata de tener el resultado que persigues dándote igual el camino que sigues. Creo que en mi carrera me caractericé por ser competitivo como el que más. En eso nadie puede decirme lo contrario. Y, desde lo que he vivido, defiendo, también, un estilo, una personalidad en el campo que te haga reconocible. ¿Dónde está, entonces, el límite de competir y formar a la vez? Lo que trato de transmitir es el valor de dar un rendimiento, de superar a tu rival, sin establecerse objetivos por encima de tus posibilidades. Claro que también debemos considerar el desfase que se da en las competiciones de fútbol base, con equipos de nivel dos que se enfrentan a otros de nivel, digamos, cinco. Son diferencias insalvables. Ahí no hay nada que hacer.

— Alude a un problema crónico en las competiciones de las categorías inferiores que, de momento, no tiene solución...

— Es muy difícil de solucionar, es así. Ahí están las instituciones para tomar cartas en el asunto.Si tienes un grupo de jugadores cuyo tope, por nivel y posibilidades, es quedar quintos, con ser quintos ya tienes el éxito que necesitas, no hace falta decepcionarte si no sales campeón. No tienes motivo para salirte de lo que tienes y lo que trabajas, esto es, situar a un buen defensa como delantero para que marque goles y te solucione un partido apartando formación en beneficio de un resultado. Ahí nos equivocamos. El primer equipo al que cogí fue el Infantil B de la UD Las Palmas. Siempre ganábamos por goleada, por la ley natural de que nosotros teníamos a los mejores futbolistas. Pero si uno de mis jugadores se regateaba a medio equipo contrario y metía un gol, las cosas no estaban bien si yo no le explicaba que quizás esa no era la manera en la que debe entender el juego a su edad, que eso puede ser contraproducente para el futuro si ese individualismo le resta la interpretación colectiva que ha de hacer de un deporte en equipo.

— Ahí entraría en juego la sensibilidad del entrenador, claro que no todos lo ven así. No todos privilegian formación a ganar.

— Luego ves a chicos que, con 18 años, quieren hacer lo mismo que cuando tenían 13. Y, claro, llegan las frustraciones.Y si eso no lo corriges a tiempo, en la situación a la que me refería, has perdido a un futbolista.

— ¿No es una postura muy romántica y en extinción en un fútbol actual que no espera a nadie? ¿En un fútbol que, en el caso de Pedri, sin ir más lejos, ya le pide a un juvenil que sostenga a toda una UD?

— Eso ha sido así siempre, toda la historia. El error está en no diferenciar fútbol profesional de fútbol base, en no respetar los tiempos.Todos los chicos que destacan, que resuelven situaciones en los partidos, tienen más cabida. Quizás nos hace falta pararnos a pensar que muchos chicos que no definen al momento, con un poco de paciencia y ayuda, pueden llegar. Y muchos talentos se quedan a mitad de camino por esas prisas. Lo mismo en ese momento no ganas un partido determinado, pero inviertes en el futuro con esa comprensión que debes imponerte como entrenador. Eso sí, creo que en el fútbol se está evolucionando mucho en este aspecto, afortunadamente.

— Según su conocimiento del fútbol canario, ¿escapan al radar de UD Las Palmas y CD Tenerife muchas de las joyas que surgen en la tierra?

— Es difícil encontrar lejos de las dos grandes canteras. Pero hay. De hecho, cada año entran muchos jugadores nuevos procedentes de otros clubes. Eso pone en valor el trabajo que se hace en muchos equipos humildes, sin tantos medios. Es de admirar, aunque luego terminen perdiendo a sus mejores jugadores.

— ¿Y qué diagnóstico da del nivel cadete de Canarias, el que usted tutela ahora, a escala nacional? ¿Qué posicionamiento tiene nuestra cantera comparada con las restantes del país?

— Eso va por generaciones, por oleadas. Puede que hayamos perdido posicionamiento en las categorías inferiores de la selección española y, por extensión, en la absoluta. También por el concepto que tenemos del futbolista canario, los estereotipos de la técnica con balón y la falta de lucha cuando no lo tiene... Yo lo viví en primera persona. Decían que era muy flaco cuando empezaba, que sí, que lo era, que no llegaría a nada... El talento ha de ser eficiente y de esa manera podremos competir siempre. En otras palabras, no quedarnos en la virguería. Hay más. Cultura táctica, cultura del esfuerzo, que es esencial.

— ¿Es en eso donde incide especialmente en su labor docente?

— Los que hemos tenido la posibilidad de salir fuera, que hemos visto la otra parte, indispensable para triunfar y seguir adelante, sabemos que es algo fundamental del proceso de formación. El chico que está empezando es muy receptivo a la hora de recibir instrucciones y conceptos. Mi experiencia en este sentido está siendo muy buena.

— Se le ve feliz, motivado, en plenitud con lo que está haciendo. ¿Se ha trazado una hoja de ruta para el futuro? ¿Contempla un calendario a nivel personal?

— Tengo contrato hasta el 30 de junio con la Federación y lo que quiero es culminar de la mejor manera esta vinculación, esta etapa que está siendo tan importante para mí. La semana que viene tenemos competición, con la fase final del Nacional sub-16, y aunque tenemos complicado clasificarnos, al haber perdido con Madrid, lo vamos a intentar. A partir de ahí, estoy abierto al futuro y a ver lo que sucede.

— Pero antes exhibía su deseo de dirigir al más alto nivel cuando se den las condiciones que quiere. Abierto a lo que pase pero con máximas ambiciones...

— Como cuando fui jugador, ahora quiero demostrar mi capacidad en esta faceta del fútbol, la de entrenador. Quiero aprovechar lo que me surja en adelante. Mi etapa de formación como técnico en los filiales de la UD, teniendo al lado a Manolo Márquez, Tonono o Juan Manuel Rodríguez, ha sido fundamental en avanzar como lo estoy haciendo ahora. Porque es cuando he aprendido que no es lo mismo ser jugador que entrenador. Ahora entiendo muchas cosas que antes me generaban dudas. Siento que he tomado la mejor decisión con mi carrera como entrenador desde que la empecé. Filial de la UD, segundo en el primer equipo, Infantil B, vuelta al filial, ahora selección sub-16 de Canarias... Todo me ha enriquecido, me ha permitido crecer, madurar, ver el fútbol como tengo que verlo ahora.

— ¿Volverá a la UD? ¿Le haría ilusión poder entrenarla?

— No me quiero cerrar ninguna puerta, y por supuesto que la de la UD, menos. Estoy en una fase en la que quiero ganarme todo lo que me pueda venir. Aquí o fuera.

— El club, en su comunicado de despedida, habló de «motivos personales» en su salida. Con su trayectoria en la entidad, eso chirrió un poco...

— Estoy muy agradecido a la UD por todo. Al club, a sus dirigentes, técnicos, jugadores, empleados, aficionados... Decidí emprender una nueva etapa y creo que tanto yo como el club lo entendimos perfectamente.

— Habla de ganarse todo lo que venga pero cultivó una idolatría que persiste en la afición. ¿Hasta qué punto podrá desvincular su presente de su pasado?

— Nunca aceptaré una propuesta que me quiera más por lo que fui que por lo que soy. No quiero que me etiqueten por lo que hice como jugador. Quiero que se me juzgue ahora como entrenador, por lo que hago, por lo que aporto desde el banquillo. Quiero guiar mi carrera como entrenador de esta manera, cumplir con los tiempos que siento que debo cumplir.

— ¿En qué entrenadores se fija?

— Siempre me he fijado en los entrenadores que se acercan al fútbol que más me gusta. Guardiola, Setién... Pero, poquito a poco, me he ido dando cuenta del valor de otros estilos. Cojo de todos. Por ejemplo, ahora, que veo el fútbol con ojos de entrenador, me doy cuenta del valor que tiene Simeone en el Atlético de Madrid. Con sus rasgos, ahí lo tiene siempre, habiendo sido capaz de ganarle títulos a Barcelona y Real Madrid. Eso es tremendo. Muchos conceptos que antes no entendía, los cojo de él.

— ¿Y esa moda de ir a espiar en directo a colegas de profesión?

— Por vídeos he podido ver cómo trabajan muchos. Y una de las ventajas de dirigir a la selección de Canarias sub-16 es que tengo tiempo para formarme. Pronto iré a Las Rozas para ver el trabajo en las selecciones, con Pablo Amo o Luis de la Fuente, que fue profesor mío. Pensaba haber viajado más, pero mi labor actual me absorbe mucho, me ocupa todo mi tiempo.

— Buen síntoma e ilustrativo además...

— En esta búsqueda de encontrarme a mí mismo dentro del fútbol, estoy disfrutando muchísimo. Creo que es ahora cuando más disfruto del fútbol, incluso por encima de cuando era jugador.

— Pero cuando jugaba jamás mostró vocación de entrenador...

— Ha sido un proceso paulatino. He llegado a este punto tras varios años y acumulando la experiencia que llevo atrás. Lo que hace tiempo no terminaba de verlo, ahora no me plantea dudas.

— ¿No echa de menos la pelota?

— Para nada. Cuando ves que eres capaz de influenciar a los chicos, que les ayudas a mejorar, haces que encuentren su esencia, ves tu huella y tu trabajo en todos los progresos de un niño, sientes una satisfacción increíble. Me retiré con 41 años y cumplí todos mis sueños como jugador. No me quedó nada por hacer. Me sentí realizado plenamente, disfruté con el fútbol. No cambiaría nada de lo que viví. Pero eso ya acabó, ya queda atrás. Lo he asumido bien y he empezado la etapa de entrenador con madurez, sabiendo dónde estoy, lo que tengo, lo que he de mejorar y lo que quiero.