Rubén acaba con las urgencias

18/06/2020

Su zurdazo a la red vale oro en Almería y eleva a la UD, que puso fin a su sequía de triunfos y se embolsó tres puntos de valor superlativo para alicatar la permanencia y restituir la salud anímica. Mel apostó por una versión más gremial y granítica del equipo, sin Pedri pero con más músculo y dos delanteros, y sale reforzado por su estrategia exitosa

Más que un triunfo, una liberación. Así ha de catalogarse la conquista de la UD en Almería, un pulso que se presumía de espinas pero del que sale disparado el equipo, al que le propulsó su versión más gremial y solidario. Las Palmas tuvo un comportamiento impecable en un día trascendente. No podía fallar y tocaba en suerte el tercero. Un órdago ante el que no se arrugaron los muchachos de Mel, cuyo rendimiento mezcló los elementos necesarios para lograr el premio mayor: concentración, esfuerzo democrático, oportunismo, oficio y constancia. Venía en plena depresión la UD, sin victorias desde diciembre y con amenazas mayores a cuenta de su querencia al fatalismo. No hubo ni rastro de todo esta cadena de calamidades en el Juegos Mediterráneos. Los cambios en el once se ajustaron a la perfección, en un cumplimiento profesional y solvente de cada una de las obligaciones, que fueron muchas y variadas. De repente, en mitad del silencio almeriense, se agigantaron todos. Álex Suárez, Lemos, Srnic, Cristian y Varela entraron con autoridad, dejando una hoja de servicios encomiable. Y los que se mantenían del reinicio frente al Girona, elevaron sus pulsaciones hasta sincronizar todo lo que era importante para imponer orden y concierto. Uno por uno, quitando alguna cosita de Josep o Lemos sin eco final, e incluyendo a los reservas, pueden llevar mirar hoy al cielo y sentir el orgullo del deber cumplido. La UD ganó, se puede hasta decir que lo mereció por su gestión madura del encuentro de punta a punta y se ha sacudido urgencias y complejos en un momento capital del calendario, justo en la curva que podía descarrilarle y que ha tenido el efecto contrario, encaminando sus pasos a un final de curso a salvo de vértigos.

Mel, tantas veces señalado, también termina bien parado. Valiente en cambios en los que no le pesó el dorsal, como determinar la suplencia de Pedri, noticia mayor, o dosificar a Rubén cuando había bordado 45 minutos, anoche fue ese técnico al que son muchas las voces en la entidad que abogan por vincular al futuro inmediato. Es de justicia su ración generosa de responsabilidad en uno de los mejores partidos que se recuerdan. Porque, por encima de la estética, el lujo o la alharaca, el fútbol también se escribe desde la eficiencia y dominio silencioso que ejercieron sus jugadores en una demostración coral fantástica. Queda el triunfo, esencial por los tiempos que corrían, pero también permanece el procedimiento por el que la UD manejó apuros y ratos favorables para ahorrarse agonías y otras historias calamitosas.

A la UD le funcionó todo en la primera mitad. Hasta el VAR estuvo por la labor invalidando un gol al Almería que las imágenes de televisión debaten hasta el límite. Fue al borde del descanso, cuando Aguza peleó una pelota con Srnic que acabaría en centro a Juan Muñoz, siesta en la marca de Lemos, y rebote a la red tras dar en el palo. Cuando todos se disponían al saque de centro, el árbitro sorprendió al pedir la revisión de la jugada. Y más inaudito resultó que todo acabara en amonestación al jugador local por una supuesta falta que, en honor de la verdad, no pareció como tal. Todo se quedó en 0-1 en el intermedio. Una excelente noticia para Las Palmas, que hasta ese momento había acumulado un trabajo muy meritorio. Su único disparo, en la primera y última estirada de relevancia, había acabado en la red, aguijón mortal de Rubén de por medio. Antes y después, Mel ordenó repliegue intensivo para negarle al Almería el contragolpe. No le importó renunciar a la pelota si, cuando había opción. podía soltarse un envío largo a Benito, el recurso más fiable cuando hubo de estirar líneas. Javi Castellano también cumplió como tapón por delante de los centrales, poniendo una trinchera al juego de dominio que perseguía en vano anfitrión.

Salvando un par de malas salidas de Josep en balones fáciles, un intento lejano de Muñoz y alguna triangulación abortada, la UD tuvo siempre el partido donde quiso. Lejos de su área y sometiendo a desgaste a un Almería obligado a la basculación y la vigilancia. Todo, por la intimidación de un Rubén majestuoso cada vez que apareció. Cuando bajó a recibir, lo cosieron a faltas, imposible limpiarle la pelota. Y en la labor en la que mejor se gana las habichuelas, encarar y definir, rozó la perfección. En su primer galope, partiendo de campo propio, se le fue el regate largo. El colegiado anuló su acelerón por un orsay que, de serlo, era cuestión de centímetros.

No le restó colmillo porque, al rato, dibujó un desmarque de los suyos para clavar con la izquierda, de remate cruzado, un pase imperial de Benito. La jugada que precedió el gol merece comentario. Varela inició todo desde la frontal del área propia tras contra frenada al Almería. Lo que se intuía como trabajo para Josep acabó con orientación del argentino a la banda izquierda, la de Benito, para que el aldeano trazara una diagonal, con gambeteo ganador, cabeza arriba, asistencia al hueco con sutileza de zurda para que irrumpiera imparable Rubén. También con la izquierda y al ángulo imposible. Tan fácil, tan necesario.

Mandaba la UD justo en el ecuador del primer acto y daba la sensación de que hasta era lo normal, atropellado el Almería y bien controlado sus peligros. Así corrió el reloj, amenazando con la sentencia Las Palmas, Cristian construyó una acometida que remató al cielo a centro de Rubén, y un ritmo que, ciertamente, le venía bien. La última acción antes del paso por vestuarios fue la invalidación del 1-1 ya resignados los de Mel a la paridad en el electrónico. Hasta eso acompañaba.

A la vuelta del camerino resultó llamativa la ausencia de Rubén. Pero Mel estaba en inspiración y lo de descolgar a Varela y dar más alternativas en la zona ancha con Ruiz de Galarreta fue otro golpe maestro. Cuando se anunciaba crecida local, ocurrió que la UD rozó el 0-2 con un chutazo de Lemos que encontró la manopla del portero Fernando o una rosca de Eric que no enganchó por un pelo Cristian. Las Palmas ganaba, se gustaba, tenía al Almería acorralado.

No hubo trabajo para Josep y en la labor de contención, otros días sufrida y que siempre acababa quebrándose, esta vez la nota fue la mejor. Corrieron hasta la saciedad Srnic o Cristian, qué decir de Benito, Álex Suárez anuló sin estridencias al famoso Darwin Núñez y así, nombre por nombre, todos alcanzarían una reverencia a sus aportaciones.

Almería deja la ilusión de que lo mismo todavía alcanza para más a la hora de mirar la tabla y la ilusión de que la UD ha vuelto. Tardó en hacerlo, cierto, y también ha patinado mucho, demasiado quizás.

Pero con demostraciones como las de anoche, todo se perdona.