Recuperar el Gran Canaria

24/04/2019

La UD no gana en casa desde el pasado 17 de febrero y necesita retomar cuanto antes la pegada en su estadio para espantar los riesgos clasificatorios que, a día de hoy, pueden comprometer la permanencia.

Desde el 17 de febrero, más de dos meses ya, no gana la UD un partido en el Gran Canaria. Fue ante el Sporting de Gijón y por la mínima (1-0). Y de los últimos cuatro encuentros en casa, perdió tres y empató el restante, sumando un punto de los últimos quince de los disputados en Siete Palmas. Números y parámetros insostenibles y que explican, en buena manera, la delicada situación clasificatoria del equipo, ahora más pendiente del descenso que de otras historias.

La misión de recuperar la fortaleza como local y de poner fin a esta sangría en territorio propio adquiere en estos momentos una importancia capital dado el propósito de espantar, cuanto antes, riesgos que comprometan la permanencia, que los hay y palpables tras la derrota en Albacete del pasado sábado.

Un repaso a la trayectoria de la UD en su feudo arroja luces (invicto hasta marzo, con seis victorias y ocho empates) y sombras, las que se han multiplicado en el último tramo de la competición con los tropiezos consecutivos frente al Mallorca, Elche y Cádiz.

En total, diecisiete actuaciones como anfitrión, 51 puntos posibles, se han sumado 26, lo que supone el 50% en números redondos, parámetros muy alejados, eso sí, de lo esperado y que se empequeñecen por los desajustes a domicilio, con únicamente dos victorias (más la que se suma por la eliminación del Reus).

Mel se ha propuesto, por encima de todo, asegurar el factor campo, consciente de que ahí estará el evitarse más oprobios clasificatorios. Tres de las próximas cuatro apariciones serán en la isla y, curiosamente, frente a rivales implicados en la salvación (Lugo, Rayo Majadahonda y un Córdoba ya sentenciado), lo que añade trascendencia a un hipotético pleno.

Por si fuera poco, la salida intercalada, el derbi frente al Tenerife en el Heliodoro, también pone en juego puntos cruciales en la pelea por mantenerse lejos de la zona problemática, lo que dibuja un horizonte cercano para la UD plagado de trascendencia.

Por lo pronto, el enfrentamiento del próximo domingo ante el Lugo (17.00 horas) se encara como una final sin margen de error y después de haber encadenado seis jornadas consecutivas huérfanas de triunfos. El condimento que se espera tampoco acompaña: una afición de uñas y que, previsiblemente, acudirá en bajo número al estadio.

En la plantilla se asume, eso sí, que el desencanto popular está más que justificado y asumen que, en lo que queda de campaña, deberán lidiar con esta desafección ambiental. Ya no hay lugar para llamamientos ni mensajes al socio. Toca ganar como premisa innegociable (y, si se puede, rendir mejor) para culminar el calendario sin más daños que los causados.

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