«Ramírez vete ya, Ramírez vete ya»

15/09/2019

La derrota de la UD Las Palmas ante el Almería desata la ira de un sector de la afición que pide la renuncia del presidente del club. En la directiva se respeta la protesta pero no cambia la hoja de ruta ni se considera vinculante.

El Estadio de Gran Canaria, con 10.000 fieles presentes este sábado, había mantenido un silencio respetuoso durante gran parte del encuentro que enfrentaba a la UD con el Almería. Y eso que todo lo que deparaba el choque era para mal, con el equipo a la deriva y marcador adverso. Algún murmullo de desaprobación, aplausos cuando el VAR desactivó un gol en propia puerta de Mantovani, protestas al árbitro, un tono más beligerante al descanso... Pero, cuando corría el minuto 70, el 0-2 en lo más alto y desenlace irreversible, el auditorio estalló. «Ramírez vete ya, Ramírez vete ya», comenzó a corear un sector mayoritario de la grada dirigiendo sus atenciones e iras al palco, en el que el presidente tuvo que aguantar los cánticos dirigidos en contra de su gestión.

El descontento de la afición fue en aumento según corría el cronómetro y, con el 0-3, volvieron a reproducirse con mayor virulencia estas protestas con el mandatario como destinatario. No quiso la grada ir en contra de su equipo, censurar a sus futbolistas. Tampoco a la figura del entrenador, habitual diana cuando no acompañan los resultados. Quedó patente que los lamentos tenían sentido unidireccional e iban al jerarca de la entidad. También se entonó «Las Palmas sí, Ramírez no» para poner más fuerza.

Fue un mal día dentro y fuera del césped. Y, finalizado el encuentro, en la zona noble del estadio hubo una reflexión de lo sucedido. Imposibe permanecer al margen del descontento del socio y obligatorio analizar los motivos que han llevado a este divorcio con la temporada recién comenzada.

Dificultades

Desde la dirigencia de la UD siempre se ha mantenido un respeto sagrado a la hinchada e incluso se han dado gestos para mejorar la empatía, como regalar los abonos tras el descenso a Segunda o hacer partícipes a los colectivos y peñas en la política de precios de los carnés, tal y como aconteció este verano. Y ahora que la mala trayectoria del equipo vuelve a poner en el disparadero al líder del consejo de administración, se quiere hacer una interpretación «serena, fría y comprensiva» de todo, tal y como trasladaron a este periódico fuentes de la UD.

Eso sí, el enfado del aficionado no cambia la hoja de ruta trazada para una temporada que, dicen, se avisó de que sería una campaña larga y dura por las dificultades sobrevenidas impuestas por el ajuste financiero. Y que ya sería un avance conservar la plaza en la categoría. Tanto Miguel Ángel Ramírez como sus ejecutivos consideran que se ha hecho la mejor plantilla posible con los medios de los que se disponía y que, con el paso de las semanas, debut de Viera mediante y el regreso de Pedri, además de la integración de los fichajes, la situación podrá mejorar.

También se resalta que se aceptan las sugerencias del seguidor, pero que un cambio en la presidencia de la UD no pasa por la precipitación o el enfado en un partido. Se recuerda que frente al Racing de Santander o Huesca, las anteriores actuaciones en casa, se despidió a los jugadores con aplausos en reconocimiento a su trabajo y mala suerte, por lo que lo de anoche se clasifica como algo puntual que también se da en otros campos cuando no acompañan los resultados. Miguel Ángel Ramírez asegura «tener la misma fuerza e ilusión» para seguir trabajando «por y para la UD», tal y como ha sido su intención desde que accedió al cargo en 2005.

Y el jueves, nuevo juicio

Los caprichos del calendario han querido que en solo tres días la UD vuelva a jugar en casa, por lo que se vivirá un nuevo juicio de la afición con Miguel Ángel Ramírez. La intención del presidente es seguir ocupando el palco y es una incógnita que reacción tendrá el público, si empezará apoyando al equipo y dependiendo de como vaya el partido volverá a girarse al palco o si directamente esgrimirá gritos contra el máximo mandatario.