Prueba de algodón en Ponferrada

02/10/2019

Tras el triunfo con exhibición de Viera en la última jornada, la UD se examina en El Toralín, plaza siempre incómoda y en la que Pepe Mel persigue aprobar la asignatura pendiente de ganar fuera casa, circunstancia que se niega desde marzo.

Ponferrada, tierra del norte, campo bravo, anfitrión entusiasta. Nunca resultó fácil pisar El Toralín, una plaza en la que hay que ponerle, además de fútbol, hombría. Mentalización para que las piernas, la cabeza y el corazón vayan a una. Ahora que la UD viene de ganar, que ya es noticia, y exhibe a Viera y Pedri como armas nucleares, parece buen momento para poner una pica en El Bierzo y, de paso, espantar los fantasmas que le acompañan cada vez que hace las maletas y juega fuera de casa. Desde marzo no hay alegrías completas lejos del Gran Canaria, asignatura pendiente de todos y que en esta semana de doble desplazamiento, qué mejor que empezar con el primero.

El camino para cumplir objetivos y ratificar progresiones viene con una regularidad que, de momento, se le está negando a Las Palmas, con más prestaciones que puntos, y que necesita aumentar la cosecha en su casillero. Porque, no hay que obviarlo, de ir por detrás de tantos equipos, es la Ponferradina uno de los mismos, por lo que la carrera por remontar posiciones y recuperar terreno perdido empieza hoy mismo, ya que una victoria tendría visibilidad inmediata en la tabla. De eso se trata, de acompañar la estima con un panorama clasificatorio en el que comiencen a eliminarse riesgos. Vivir lejos del abismo y poder asomar a nuevas esperanzas, que va siendo hora tras años en caída libre. De ahí la importancia estratégica de este partido, que, por mucho que se ubique a inicios de octubre, reúne un valor simbólico incuestionable para ratificar el renacimiento de la nueva UD de Jonathan Viera.

Se hace difícil, casi imposible, dar referencias de las potencialidades del equipo eludiendo la figura de Jonathan, cuya presencia ya se traduce en resultados. El destrozo que le hizo al Albacete más lo que viene en camino le auguran una vida más cómoda mientras esté en nómina, presumiblemente hasta enero, lo que obliga a exprimirlo, a sacarle todo el jugo que tiene y que supone un lujo en esta categoría. Es opinión compartida que no hay jugador en Segunda como Viera. Y con la motivación que tiene y la manera de contagiar el gen ganador a sus compañeros, el vuelo que puede coger la UD apunta altísimo.

Ahora bien, hace lo que tiene que hacer Mel cuando puede mesura y discurso modesto tras los ecos de lo acontecido el pasado viernes. En realidad, todavía no se han eliminado del todo los apuros, pues nueve puntos de veinticuatro posibles nunca será motivo de fiesta. El proyecto volvió a asomar la cabeza, la cuestión radica, en adelante, en normalizar los triunfos, en acostumbrase a ganar como pregonaba el entrenador en verano.

Considerando que a la vuelta de la esquina hay otro encuentro y que, por fin, el fondo de armario está respondiendo, para esta noche parecen cantadas varias permutas. O, al menos, algunos matices que le den más vitaminas al equipo, siendo el frente ofensivo el más indicado, por variedad y abanico, para esos cambios. Pekhart viene de marcar gol y los puristas siempre abogan por mantener al delantero que justifica sus habichuelas con acierto ante la porteria. Cedrés, últimamente sin sitio, también podría hacerse hueco. Porque Viera y Pedri ni se tocan y la mezcla Ruiz de Galarreta-Fabio parece ser la apropiada para gobernar en la zona ancha, más ante un rival muy posicional como la Ponferradina, que planta trincheras con el escudo de la simetría táctica.

No es una Ponferradina de ida y vuelta y, a juzgar por sus sensaciones y números, se mueve mejor en pleitos nivelados, cuando ha de resolver en situaciones parejas. Eso lo ha previsto Bolo, consciente de que la UD viene con el martillo y dispuesta al abordaje. Sembrará de piernas el campo y querrá atar en corto a los artistas de amarillo. Jaulas para Pedri y Viera, músculo para incordiar en la sala de creación.

Ante el ímpetu que se espera del anfitrión, nada mejor que la verticalidad y la valentía. Las Plamas hace una eternidad que no celebra como visitante, aunque no ha parado ce crecerse en ambientes adversos rozando el resultado que se le resiste. Puede que haya merecido la pena si hoy, en El Toralín del León más profundo, al fin llegan las señales de victoria tan ansiadas y necesarias.