Otro capítulo del drama de la UD

20/04/2019

La visita a un Albacete lanzado a Primera amenaza con dinamitar toda la estabilidad de un equipo en crisis total y que ve, incluso, que la permanencia en la categoría corre peligro por la nefasta racha de resultados y la falta de recursos futbolísticos

Otro día de penitencia para la UD con motivo de la visita al Albacete. En verano muchos cálculos situaban a estas alturas del calendario la materialización del ascenso, al calor de la generosa chequera con la que se hizo la plantilla, a ojos de todos, infranqueable en Segunda. Nada más lejos de la realidad. Hoy está más cerca el descenso que otra cosa, el equipo ha terminado por derrumbarse y el drama que aguarda hasta junio, imposible cualquiera de las plazas de privilegio, es de aúpa. Ya nada se habla entre la semana de lo que espera en el campeonato, salvo de sumar los cuatro o cinco puntos más que eviten escarnios con la permanencia. Ahora el foco está puesto en la revolución que viene y que, seguro, terminará llevándose por delante a tres cuartas partes de la plantilla actual. Un papelón tremendo el que queda en manos de Pepe Mel, cuya continuidad tampoco es dogma de fe y al que le toca sacar jugo de futbolistas bajo sospecha, la mayoría en el escaparate de salida y con el arraigo por el escudo en entredicho. A Mel se le ha agriado hasta el gesto. Nada ha salido como esperaba. Y ni en sus previsiones menos coloridas vislumbraba este panorama, con su gente habiendo entregado la bandera sin resistencia, absolutamente entregados a su suerte, con una aparente desgana y resignación que tiene a la grada encorelizada. Así se escribe la actualidad de la UD, dolorosa por donde se mire y que para nada invita a estar pendiente de lo que haga. Encima, el portero Raúl, de lo poco fiable que había en nómina, ya está de vacaciones obligadas por dos fracturas que le tendrán hasta el verano sin poder ajustarse los guantes. Una pésima noticia en mitad del caos. De repente, da la sensación de que hay más en la enfermería que en el cupo de sanos. Raúl, Araujo, Blum...

La competición obliga, también la honra. Queda lo que queda, un desierto a la vista de las circunstancias. Y se supone que las obligaciones de correr, sudar, defender el escudo y emplearse a fondo no se negocian. Qué menos en esta fase del año, con todo arruinado, que dejar de arrastrarse y tirar de dignidad. Aunque el Albacete, metido arriba y con capacidad de hacer daño, no parece buen negocio en esta coyuntura. Un vistazo a los pronósticos asusta. Y comparar los estados anímicos y de forma también remite a una diferencia sideral. No perder hoy en el Carlos Belmonte sería una sorpresa con los antecedentes en la mano. Ganar rompería todas las quinielas. Claro que si hay algo de lo que sea capaz esta UD es de retar al orden establecido. Cuando parecía que lo tenía todo a su favor, en casa Mallorca, Elche y Cádiz, el naufragio fue bíblico. Y en las salidas a Riazor, Los Cármenes o el Carlos Tartiere, siendo los creyentes minoría, no saltó la banca por poco. Fuera del Gran Canaria tiene otro vuelo el equipo y Mel se agarra a eso para mirar a esta jornada con cierta esperanza. Bajo la mirada fiscalizadora de Maiorino, ya el futuro en construcción y sin saberse dentro, el entrenador trata de blindarse al desasosiego. Lleva muchos años en el oficio como para abandonarse y su carrera ahora está en adecentar los números y recomponer como se pueda en estas jornadas al grupo. Ha mirado al filial, rota en algunas posiciones, se muestra enérgico ante insinuaciones de que han echado el telón.

De ahí que se anuncien algunos cambios en el bloque con la intención de agitar. Es lo que queda, estimulaciones menores porque el premio deseado se esfumó, pero el orgullo por encima de todo. Nada peor podría pasarle a esta UD que confirmarse como comparsa y en manos de los futbolistas está el evitar tal oprobio. Que bastante ha llovido como para que no arrecie de una vez.

A falta de concretarse la lista de convocados, siempre abierta a novedades, y de si se mantiene Antonio Robaina en la rueda, el once, con Galarreta y Cala de vuelta, parece definido, con un dibujo en el que Rubén, salvo giro radical, seguirá como boya solitaria arriba. No es una fórmula que haya funcionado, y más con Rubén seco en las últimas semanas (no ha marcado desde que Mel asumió el mando a comienzos de marzo).

Sea como sea, salga quien salga, se impone, ante todo, un resultado que calme y serene, que oxigene y dé vitaminas. Un triunfo, mayormente.

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