Pejiño y Viera, el pasado sábado en el partido ante el Ibiza en el Gran Canaria. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Máxima confianza en la reacción... Pero ya con la exigencia de no fallar ante el Burgos

Seis puntos de quince posibles y la decepción ante el Ibiza añaden presión a los próximos compromisos de una UD obligada a estar arriba

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria.

Seis unidades de quince posibles es un parámetro muy alejado de las previsiones que se tenían en la UD para estas alturas del curso. «No se sube en septiembre, pero tampoco conviene dejarse más de la mitad de los puntos a las primeras de cambio», dice una fuente del club a propósito de las cuentas en este tramo del calendario. Las Palmas, de momento, ha sumado menos de lo que debería en las cinco jornadas consumidas del calendario y aunque no hay motivos para la preocupación, sí se respira cierta resignación por el hecho de que este proyecto distinguido por la exigencia y fichajes de renombre siga sin tener el respaldo pleno de los resultados y que comiencen a establecerse diferencias que llamativas con la cabeza de la tabla ( el Sporting, líder, ya queda a siete puntos).

Muchas miradas estaban puestas en la capacidad de respuesta del equipo ante el Ibiza después de la derrota sufrida ante el Mirandés. Lo vivido en Anduva desconcertó por completo en la dirigencia, tanto por las decisiones tomadas por el entrenador como por la imagen del equipo, a merced del adversario y, a juicio del propio Mel, «tirando en 45 minutos todo el trabajo realizado desde el inicio de la pretemporada». Una regresión repentina que, pese al propósito de enmienda, no se corrigió del todo el sábado. Los males que el técnico enumeró se reprodujeron por momentos, con errores defensivos de bulto, como el que originó el 0-1 y algunos otros que no pasaron a mayores por la falta de puntería, desconexiones del partido y rendimiento dispar. Sin restar mérito alguno al Ibiza, las concesiones propias terminaron derivando todo lo que vino. Y aunque el gol de Moleiro evitó la derrota, el saldo final, con unas tablas, no satisfacen las expectativas. Nadie salió contento del Gran Canaria tras este resultado y el sentimiento predominante es de rabia por una nueva oportunidad perdida, importante, además, porque hubiese permitido, de haberse dado un signo positivo, encuzar la reacción que se pretende.

La confianza en las posibilidades de la plantilla y en la gestión de Mel no ha sufrido erosión hasta el momento, lo que no quita que se añada presión para lo que viene. Para la visita a Burgos, mayormente. Sin que todavía se hable de cupo de errores, la conveniencia de no pasar otra jornada sin ganar, viniéndose de donde se viene, explica a las claras que el encuentro del próximo lunes haya cobrado un valor añadido al que se le podía presuponer en un principio. Es la carga de no haber hecho los deberes anteriormente y comenzar a caminar con las cuentas pendientes de ser cuadradas.

En el vestuario son conscientes de que no puede dilatarse más la deseada regularidad y, desde la certidumbre de que se posee todo lo necesario para ello, se encara con máxima responsabilidad un compromiso que debe marcar un punto de inflexión y que obliga a ganar para atajar cualquier atisbo de crisis. El mejor pegamento son los resultados y para la próxima jornada todo irá enfocado a eso: a facturar tres puntos que erradiquen debates e inseguridades.