Lo de Viera es un escándalo

03/10/2019

La UD cabalga imparable a lomos de Jonathan, que se marcó un partidazo en El Toralín, abriendo el camino para la victoria con un gol de bandera de falta y sentenció inventando una jugada tremenda en la que terminó rematando a la red Pedri. La nueva exhibición del veintiuno permite romper el maleficio lejos del Gran Canaria, con una sequía de triunfos como visitante que se prolongaba desde marzo.

Qué decir de Jonathan Viera, quien se ha bastado para darle vuelo a la UD en el momento más necesario. Hoy el amanecer combina admiración, aplausos y suspiro unánime por los prodigios llegados de China con este futbolista inabarcable, acaso el mejor de todos los que compiten en esta categoría y en parte de la Primera División. Y aunque tiene un coro que no desmerece, con Pedri al frente, no hay debate a la hora de medir el impacto celestial que ha tenido, está teniendo y tendrá en el equipo. En el pasado fue, por sintetizar en una cronología acelerada, canterano estelar, dirigió el último retorno a la máxima categoría, allá por 2015, y reventó registros con su venta al Beijing. Ahora lleva tres partidos desde su regreso y ha decidido dos. Y, en lo que queda por venir, se da por hecho que seguirá facturando puntos y alegrías para el club de su vida. Un futbolista total al servicio del proyecto y que lo está reflotando a base de arte y goles, como se vio anoche en El Toralín. Suyo fue el 0-1 de extremo a extremo, agarrando el balón en zona de nadie, orientándolo a portería, forzando su derribo y coronando la serie con lanzamiento ganador. Y en el segundo, obra de Pedri, todo volvió a partir de su ingenio, correteando en vertical para cortar la oposición de la Ponferradina, habilitar a la banda y, luego, en un alarde de generosidad y talante periférico, dejar pasar el envío desde el costado para que lo remachara Pedri, en posición menos forzada. Viera omnipresente, Viera activado, Viera más Viera que nunca.

Sin triunfos lejos de casa desde marzo, que se dice pronto, y con una Ponferradina cuya última derrota en su feudo fue en enero, también ha llovido, todas las estadísticas saltaron por los aires por obra y gracia del genio de La Feria.

Lo de Viera es un escándalo

La UD se marcó una primera parte académica, pragmática y muy al estilo que se recomienda en este escaparate. Líneas juntas, espíritu grupal y actitud con mayúsculas. Hasta Pedri fue al suelo cuando hubo de pelear la pelota. Mel quería simetría y ocupación racional de los espacios con y sin balón y, desde la banda, pudo contemplar complacido que sus muchachos obedecían su dictado con encomiable entusiasmo. Ahí se desactivó la pujanza que siempre caracteriza a la Ponferradina en su territorio. Claro que anoche compareció en El Toralín un visitante adiestrado para la pelea. Y, a la hora de marcar diferencias, nadie como el señor Jonathan Viera, una bomba nuclear. En el elogio que merece el despliegue físico de la UD en un partido que, se sabía, tendría cortesías las justas, el veintiuno emergió a lo grande. Enchufado desde el primer segundo, fue una gozada ver la lección de caudillaje y cancha que firmó Jonathan, simplemente imparable. Se movió sin fronteras, siempre en el sitio exacto, con una magistral toma de decisiones, a la batuta del resto, dirigiendo el ejército. Izquierda, derecha,norte, sur, en el enganche, bajando a aliviar la salida de Aythami... Tremendo. En su figura se resumió todo lo que ofreció Las Palmas, mejor sobre el jardín y que no paró de crecer.

Claro que con Viera se espera la excelencia y, cuando todavía no se había producido aviso alguno en las áreas, allá por el minuto 24, Viera se hizo sitio cerca de la corona del rectángulo local, irrumpiendo en diagonal, como le gusta, desde lzquierda. Lo tuvieron que tirar al piso. Y la falta supuso una golosina fantástica para su lanzamiento de comba, el que le define. La clavó perfecta por el palo del portero y con esa facilidad que le hace ser un elegido.

Toda la paridad con la que se estaban desarrollando el pleito hasta ahí, la mandó Viera a la red. Y el 0-1 fue agua bendita porque otorgó el cuajo que necesitaba la UD para gobernar en El Toralín. Hasta la suerte estuvo de lado porque, a los pocos segundos, el árbitro sancionó unas supuestas manos de De la Bella dentro del área. Otro penaltito para la colección en tiempos del VAR. Hubo, esta vez sí, justicia poética, porque lo tiró de pena Yuri, arriba y mordido, con lo que se salvaguardó la renta y, salvado el susto, no hubo manera de discutirle el mando a los de amarillo. Fueron momentos de recreo y dominio, desquiciada la Ponferradina y con Viera a sus anchas. Crecido, el propio Jonathan casi hace el segundo desde una posición calcada a su acierto anterior, aunque el portero lució puños cuando el balón se colaba.

Lo de Viera es un escándalo

Hacía mucho tiempo que no lucía así el equipo lejos del Gran Canaria, decidido a la sentencia y mostrando un perfil gremial enorme. Muy al final del acto, y más por insistencia que acierto, se requirió a Josep, inédito anteriormente. Un trallazo lejano de Ríos Reina y una internada de Valcarce que, batido el valenciano, sacó sobre la línea Mantovani, equilibraron el cómputo de méritos. Pero si una lectura había dejado el partido para la UD es que estaba para ganarlo. A calidad no había debate con el anfitrión. Y, con todos metiendo pierna y corazón, las distancias se ampliaban a límites inalcanzables para el de casa.

A la vuelta del camerino, se dio continuidad al plan. Cierto que la Ponferradina intentó ganar metros y acaparar más el balón. Empujaron con fe los de Bolo, aunque sus opciones se redujeran a intentos lejanos y desviados. Aythami y Mantovani, bien abrigados por Fabio en la zona de contención, marcaron la raya muy lejos de Josep y, por los costados, De la Bella y Lemos tampoco cedían ni una.

Corrió el reloj y terminó pasando lo que tenía que pasar. Viera, que había probado sin éxito para otro gol, volvió a inventar por la izquierda. Limpió contrarios con su golpe de cintura y acabó cediendo para la subida de De la Bella, quien puso un centro raso y perfecto para Jonathan. Con ojos en la nuca, vio que Pedri llegaba a su espalda en mejor disposición para engatillar y dejó pasar el esférico cuando todos esperaban que lo reventase. En asistencia sin tocarla, Pedri aprovechó el regalo de su mejor socio y, con finura y precisión, la puso pegada al palo. Necesita poco el tinerfeño para armar el taco y, en su segundo gol de la temporada, enseñó capacidad resolutiva desde la naturalidad, con intuición para perfilarse y colmillo. Todo, en resumen, lo que se le pide a un chico que hará carrera y cátedra en el oficio.

Con la persiana bajada y todo a favor, hubo tiempo hasta para que Josep saliera en la foto con dos paradas soberbias, salvaguardando la integridad de su marco haciendo gala de elasticidad y reflejos, luego de algunos días raros. Faena completa que permitió minutos a Deivid o Kirian como cambios más destinados a la psicología que a la producción. De eso ya se había encargado un tal Jonathan Viera.