Las heridas abiertas que deja la Copa

15/09/2018

Varios jugadores quedan señalados tras el ridículo ante el Majadahonda y las censuras públicas del técnico anticipan que, en previsión de nuevos episodios similares, no asumirá riesgo alguno, por lo que impondrá la meritocracia y no rotará

La derrota ante el Rayo Majadahonda (1-2), que acarreó como daño colateral la eliminación prematura de la Copa del Rey, ha dejado en la UD heridas abiertas y varios futbolistas señalados. Manolo Jiménez fue claro y explícito a la conclusión del partido. Habló de que no se puede repetir lo sucedido e, incluso, fue más allá al considerar que su equipo «tiró» el partido. «Si en el futuro se aburren, que vayan al cine, se compren un libro o coman pipas», remachó al ser cuestionado por esos jugadores a los que dio minutos y que no le respondieron como esperaba. Aviso claro de que, con la competencia que hay en la plantilla, este tipo de resbalones puede tener un peaje insuperable, y más ahora que, con la Liga como único frente, y a partido semanal, no va a necesitar de rotaciones. «A mí me pagan para ganar partidos», insistió el preparador andaluz. Quienes conocen a Jiménez inciden precisamente en este aspecto: el resultadismo. En adelante, sabe que el único pegamento para sostener el proyecto vendrá en los marcadores, por encima de modos y maneras. Y está decidido a que el patinazo copero marque frontera en esta temporada.

En otras palabras, ya con un once más o menos estabilizado cada fin de semana, y al que se han sumado recientemente De la Bella y Timor, se va a dejar de experimentos e irá sobre seguro. Esperará a Araujo y no da por perdida la batalla por recuperar a Tana. El resto, parecen cartas marcadas que, salvo lesión o sanción, van a ir cogiendo cuajo y kilómetros con el desafío de un ascenso que no admitirá pasos atrás. En este sentido, Jiménez no piensa asumir riesgo alguno. Tirará el núcleo duro, atenderá a la meritocracia y limitará al máximo las variaciones.

Entiende el entrenador que la gestión que pretendía con el reparto de minutos ya ha encallado, con el coste del adiós a la Copa, y las segundas oportunidades, si llegan , tendrán que hacerse esperar más de lo previsto y, en todo caso, vendrían impuestas por contingencias físicas o federativas.

Porque, así lo admite en su círculo íntimo, nadie contaba con esta derrota ante el Majadahonda y la digestión no está siendo fácil.

En la zona noble del Gran Canaria el disgusto tampoco se disimula aunque, en consonancia con el sentir del entrenador, opinan que lo esencial es el ascenso y el resto no es más que ruido, aunque actuaciones de este tipo ayudan poco y dan una pésima publicidad.

La UD cortocircuitó en todas las líneas frente al Majadahonda. Inseguridad del portero, una defensa llena de vías de agua, ausencia en el centro del campo de contención y mando y nulo poder intimidatorio en el área contraria. Mientras el oponente llegaba una y otra vez, al calor del ritmo que terminó implantando, en Las Palmas la fractura fue imparable, pese a versos sueltos como Maikel Mesa, Blum o Momo, insuficientes sus esfuerzos en clara minoría.

Claro que las piezas más codiciadas por el cuerpo técnico vieron el partido desde fuera (exceptuando Mesa y un Rubén Castro que tuvo minutos al final) y el remedio a tamaño caos tiene receta al alcance: volver a poner a los mejores. De ahí que expresara su «total confianza» en la plantilla que dispone. Mañana, por lo pronto, encara la visita al Extremadura con una presión añadida.

Si ganar en Almendralejo ya era imperativo para enganchar por ver primera dos triunfos en Liga, ahora, con el patinazo del jueves presente, esta cita cobra mayor trascendencia. En el segundo desplazamiento de la temporada, no cabe más alternativa que la de sumar los tres puntos. No quiere urgencias en septiembre Manolo Jiménez.

Y en su mano está en que eso sea así.