Fútbol /UD Las Palmas

La antología de Pedri

20/06/2020
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Fue en el minuto 75, cuando el partido se perdía con mediocridades y parecía abocado a la nada. Sin goles, sin fútbol, una grosería entre la impotencia de la UD y la agonía de un Lugo que trataba de mantenerse en pie con uno menos. Pedri, hasta entonces en sintonía con el resto, decidió que ya estaba bien, que ahí estaba él. Irrumpió por el costado derecho y abrió para Srnic, que la prolongó hasta la línea de fondo para su carrera. Pedri llegó sobrado, pero de espaldas, sin pisar el área, con poco maniobrabilidad por la presencia de Jaume, que estaba al corte acechante. Debió verlo con el cogote porque su sutileza nació de la intuición. Acarició en la recepción con el exterior para, en un rapto de genio, en una milésima, partir la vigilancia con un toque de empeine elevando la pelota al lado menos previsible, para adentro, apurando la baldosa que tenía y encarar la portería. Le dio al balón la altura justa, los palmos necesarios para que ralentizara su caída y llegara a tiempo el golpe de cintura del que se valió. El baile corporal para orientarse fue de una elegancia suprema. Pegado a la cal, ya en perpendicular al palo, Pedri dio su tercer toque con la izquierda que ya arruinaba al defensa y le ponía de cara la acción. Con el cuerpo fuera del perímetro, incluso aguantando un leve empujón de un Jaume ya superado, en un equilibrismo extremo. Y, cabeza alta e interior de derecha, asistencia a la posición de Rubén, que se comió entero el caramelo para facturar sin oposición.

Pedri necesitó tres segundos para convertir un balón anónimo en una pieza de museo, una antología a la altura de Valerón o Viera, por acudir a referentes contemporáneos. Una exhibición de destreza, una explosión de arte y cuya única penitencia será que no tuvo más testigos presenciales que la comitiva testimonial autorizada para estar en el estadio. Porque con afición presente se hubiese caído el Gran Canaria. Pedri viene de meses en los que apenas se hizo visible. Entre la caída del equipo, el agotamiento físico que cargaban sus pulmones adolescentes, jugándolo todo sin descanso y el parón, las noticias suyas se perdían en la melancolía. En lo que fue y en lo que estaba por venir más que en lo que era su presente. Una transición incómoda para un chico de 17 años al que ya ha echado el guante el Barcelona con cheque generoso de por medio y que pretende salir por la puerta grande. Todo lo que ha hecho esta temporada le enmarca. Ni un achaque. Pero hasta él mismo sabía que se esperaba una nueva sacudida con su firma, ese trazo de los distinguidos, de los de su especie. Lo de ayer valió para ganar el partido y el reconocimiento a su contribución magistral no es más que un acto de justicia. Salvo milagro, Pedri vive sus últimos tiempos en la UD y, aunque sea por la televisión, ahora que los estadios están precintados, conviene saborearlo de amarillo y paladear cada aparición suya. Llamado a marcar una época si completa la progresión que todos le adivinan, algún día se podrá presumir por aquí de que fueron testigos de sus inicios.

El pedestal para Pedri y elogio, también generoso, para Josep, soberbio al impedir que un penalti, riguroso es poco y con 0-0, agujereara a la UD al filo de la hora de partido. El árbitro tuvo ojo fino para ver un supuesto derribo de Fabio, pero, luego, obvió un agarrón a Aridai. Curioso criterio. El caso es que el castigo fue excesivo y Josep, que ya lleva tres partidos consecutivos sin encajar, aguantó bien a Herrera, le adivinó la intención y le ahorró a la UD un apuro de cuidado. Guantes fiables los del valenciano, que combina sus clases de alemán para irse al Leipzig con un nuevo renacer bajo palos.

Fue, en resumen, un nuevo capítulo de alegrías para Las Palmas, al que definitivamente le ha sentado de maravilla el reinicio. Siete puntos de nueve posibles, adiós a la mala racha y sueños de grandeza atendiendo a las posibilidades que todavía da la tabla. Con 45 unidades y un latifundio de separación respecto al descenso, da la impresión de que se vuelve a estar a tiempo de tentar a la suerte. Queda en los jugadores, en todo caso, capaces de ganar en cuatro días más partidos que en seis meses. Si se ponen la tarea y mantienen el buen tono que vienen mostrando, hay cosas que decir.

Hasta el desenlace estelar, primero con Josep agigantado, después con Pedri bajando de los cielos, la UD tuvo una faena farragosa. Con las rotaciones anunciadas y una espesura que es norma en el resto, le costó a la UD. En una primera parte prescindible, sembrada de imprecisiones, con desarrollo a cámara lenta, de jaqueca, lo mejor vino con la expulsión de Campadabal, que ya dejaba al Lugo vendido para los restos. Para más no dio el tramo inicial de un partido lleno de miedos y precauciones, don un equipo que vino a no perder y otro algo perdido, sin gente que le diera a la pelota coherencia y sentido. A la UD le sobraron mil pases y le faltó profundidad. Con Fabio y Galarreta en la zona ancha mucho pase de seguridad cuando lo que pedía el encuentro un poco de osadía. Bandas ciegas, Benito de lateral pierde presencia, y Narvaéz con Rubén arriba en soledad, sin abastecimientos, condenados al balón dividido. Era lo que quería el Lugo, empantanar el pleito, que no se jugara a nada y avanzara el reloj huérfano de novedades. Claro que ya al filo del descanso, Campadabal, que cargaba una amarilla, se borró con una falta absurda en la medular. Un impulso para el ánimo de la UD.

Mel resguardó a Mantovani y Aythami, ya amonestados, viendo la mano floja de Gorostegui Fernández, y terminó sacando toda la artillería, con Cristian, Varela y Srnic para ganar metros y verticalidad.

En plena búsqueda del maná, Josep le negó al Lugo el gol desde el punto fatídico. Era un buen indicio, apuntaba a que el día estaba puesto, definitivamente, para la UD. Por lo que fuera, no terminaba de llegar la ocasión buena. Centros a nadie, remates sin brújula, galopes instrascendentes. El visitante, que pedía agua con las dos manos, terminaba por creérselo hasta que Pedri agarró el balón y dibujó una secuencia que ya forma parte del patrimonio del club.

- Ficha técnica:

1. UD Las Palmas: Josep Martínez; Eric Curbelo, Mantovani (Mauricio Lemos, min. 46), Aythami Artiles (Srnic, min. 46), Benito Ramírez; Aridai (Cristian López, min. 62), Ruiz de Galarreta (Fede Varela, min. 68), Fabio, Pedri; Narváez (De la Bella, min. 78) y Rubén Castro.

0. CD Lugo: Ander Cantero; Campabadal, Marcelo Djaló, Josete Malagón, Canella (Jaume Grau, min. 66); Hugo Rama (Carrillo, min. 80), Fernando Seoane, Jaime Seoane (Kravets, min. 66); Iriome (Gerard Valentín, min. 53), Manu Barreiro (Pita, min. 53) y Cristian Herrera.

Gol: 1-0, min. 74: Rubén Castro.

Árbitro: Aitor Gorostegui-Fernández Ortega (Comité Vasco). Expulsó por doble tarjeta amarilla al jugador visitante Campabadal (minutos 35 y 42). Además, amonestó a sus compañeros Canella (28) y Jaime Seoane (62), y a los locales Mantovani (12), Aythami Artiles (14) y Fabio (85).

Incidencias: partido de la trigésima cuarta jornada de LaLiga SmartBank disputado sin público en el Estadio de Gran Canaria