Fútbol / UD Las Palmas

El último rugido que dio el Insular

21/05/2020
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Doce años que se hicieron eternos llevaba la UD lejos de la Primera División. Una travesía en el desierto, con paso intermedio por el infierno de la Segunda B, que tocó a su fin en la primavera de 2000 con una goleada al Elche (4-1) y el posterior terremoto de felicidad sobre el césped del Insular. Lleno hasta la bandera, con más de 20.000 espectadores que acabaron invadiendo el césped a la conclusión del partido, el recinto de Ciudad Jardín vivió su último ascenso ya en el tramo final de la larga vida que tuvo desde que abrió sus puertas en 1944 con la denominación original de Estadio Las Palmas. Poco después sería clausurado dejando una huella nostálgica todavía vigente.

Regresar a la máxima categoría fue la justa recompensa para un proyecto que, dirigido con maestría por Sergio Kresic, encumbró a una plantilla que hizo de la regularidad y la eficacia sus señas de identidad. La UD acabó la campaña como campeón de Segunda y le sobraron dos jornadas del calendario para certificar su salto de división, toda una demostración de autoridad que abrillantó más si cabe la culminación de uno de los grandes éxitos de su historia.

Kresic condujo a la UD con un libreto resultadista, a la postre, lo que da frutos en Segunda por encima de estética y debates románticos. Vino para subir, apostó por la vieja guardia con refrescos de calidad (en el mercado invernal llegó Jarni del Real Madrid, toda una señal) y jamás negoció sus ideales. Incluso, a mitad de camino, se permitió una proclama pasional cuando detectó que había presiones periféricas que podían derribar su obra de autor. Porque aquella UD era, por encima de todo, la UD de Kresic. Metódico en su trabajo, cuadriculado en algunos planteamientos con los que estaba dispuesto a morir, dotando de credibilidad cada una de sus decisiones, fue firme de punta a punta.

Desde la presidencia, Manuel García Navarro también procuró la estabilidad necesaria blindando su apuesta ganadora. Su intuición de que Kresic era una carta imbatible fue cobrando cuerpo a medida que pasaban las jornadas. No todo fue fácil, pues al término de la primera vuelta Las Palmas ocupaba la cuarta posición. Eso sí, se permitió lujos inolvidables para la afición, como ganar los dos derbis al Tenerife, y protagonizó una escalada imparable hasta la cabeza de la clasificación, donde se instaló para no salir.

Ese 21 de mayo, veinte años atrás, con Gran Canaria vestida de fiesta, la UD logró su quinto ascenso a Primera en un entorno mágico que ya nunca más se daría. El diferencial de aquel Insular queda como insignia para la eternidad.