El líder deja en cueros a la UD

09/02/2020

La UD Las Palmas pierde con el Cádiz (1-2) y suma su séptimo partido consecutivo en liga sin ganar. Rubén Castro anota el tanto grancanario.

Está la UD metida en un lío gordo, una deriva hiriente camino de los dos meses sin ganar y con un porrón de fatalidades a cuestas. En el momento más crítico de la temporada, con el grifo de adversidades a toda pastilla, hay caras de sepelio por el Gran Canaria al advertirse cada uno de los síntomas que anteceden a la descomposición: esfuerzos siempre insuficientes, suertes nefastas en cada variedad y el peor desenlace posible. Todo, en prolongación. Un palo tras otro, mayormente, y que con la llegada del Cádiz, líder de la categoría y lanzado a Primera, acentuó el castigo. No caben reproches a la UD en sudores, esfuerzos y orgullos. Hubo arrestos hasta el final, por muy feo que se pusiera todo con el 0-2 con el que se entró en el tramo final del partido, y de justicia es poner en valor que, desaciertos al margen, los jugadores respetaron la profesión con su entrega y sacrificio. Claro que en este negocio la lírica vale de poco si no se acompaña con puntos. Y el sumidero es interminable por aquí, ya con siete jornadas consecutivas huérfanas de victorias, y la incesante sensación de que los malos tiempo se han instalado con anclajes. No hay manera de escapar al laberinto de adversidades. Cuando no es el VAR, ayer de nuevo en cuestión con la señalización de otro penaltito en contra, el mal se localiza en la poca puntería, en la maximización milagrosa de los méritos del contrario o en la lista interminable de lo que pudo ser y no fue. Mientras, la competición, que no espera a nadie, rescata el vértigo al abismo, con los de abajo apretando y encariendo la permanencia, ahora convertida de nuevo en el santo grial de este proyecto. Porque atender a otro frente que no sea el de salvar el pellejo, con la que está cayendo, atentaría contra la realidad. En la travesía de minas y trampas que queda por delante, la UD debe ceñirse a la supervivencia. No caben otras grandilocuencias.

Mel apostó por lo esperado. Poco más le quedaba con lo que tenía. Quiso amurallarse por el centro con tres en la retaguardia, carrileros largos y Fabio y Javi Castellano fijando posiciones. Una selva de piernas para descolgar a Pedri como avanzadilla para Narváez y Rubén. No se sabe bien si con intenciones creativas o con afán de molestar al Cádiz, un equipo hecho para el contragolpe y al que no le incomoda eso de verlas venir. El caso es que la UD se atragantó de balón, casi siempre mal gestionado y en posesiones sin mala uva, y el visitante, confortable en la situación. No hubo manera de meterle mano al líder en el empacho de querer y no poder. Apenas se requirió a Cifuentes, más allá de centros facilones y un intento de Lemos, incorporado arriba, y al que le beneficiaron unos rebotes antes de encañonar. Pero poco más. Le faltaba a la UD la amplitud que puso el Cádiz, con Salvi condenando a Benito con sus carreras por la derecha y Perea hurgando por la izquierda. Todo, bajo la orden de Álex Fernández, pelotero mayúsculo y con una toma de decisiones impecable.

Y se sabía que en el alambre, con todo parejo, el Cádiz es como ninguno a la hora de encontrar oro. De una mala maniobra de Aythami nació el 0-1. El capitán debió de verlo fácil o no lo avisaron, pero perdió un balón en las inmediaciones de la frontal en pugna de Malbasic, quien no tardó en largar una rosca al segundo palo que encontró el golpe certero de Perea, con Eric llegando una hora tarde a la marca. Era el minuto 17 y nada más había pasado. Lo justo, eso sí, para que el Cádiz colocara las cosas donde pretendía. En ventaja y bien abrochado atrás. Como en miles de partidos en los que ha salido triunfal.

No encontró antídoto Las Palmas para alterar al oponente. Pedri fue estéril en el rol de situarse en la media para organizar, Rubén y Narváez naufragaron, sitiados por una defensa tan ortodoxa como abundante, y por las bandas la actividad se reducía a episodios anecdóticos de Srnic y Benito, a cuyos centros nunca hubo recepción. Tan mal lo vio Mel que puso a calentar a Varela, Kirian y Haro. La mezcla que había ideado se encaminaba a otro patinazo. Y en la grada, primero protestas y, luego, murmurmullos y cierto desaire. Era urgente cambiar el plan y reordenar piezas.

A la salida del camerino fue el Cádiz quien envió el primer mensaje para la segunda mitad. Un centrocampista, Edu Ramos, por un delantero, Lozano. Recogió Mel el guante de Cervera con Varela como agitador y prescindiendo de un Fabio que tuvo mejores días. Varela se dejó ver pronto con dos chutazos, uno que obligó al portero a sacar puños, y tuvo buen impacto en el resto. Mejor que la circulación pasara por él ya adentrados en territorio enemigo. El argentino salió sin fronteras, moviéndose por todo el frente ofensivo. Fueron los mejores momentos de la UD, volcada sin retrovisor al área del Cádiz en una crecida imparable. La tuvo Javi en una incorporación en la que orientó mal el empeine, Cifuentes arruinó el empate de Srnic con el piecuando su tiro cruzado y franco iba a la red y, ya la multiplicación de la insistencia, Varelase marcó un tango en el balcón del área y que le terminó en falta grosera de Fali, de esas que Viera clavaba por sistema. No está Jonathan y la diferencia en la ejecución dolió a la vista, con ensayo de Mauricio Lemos.

Era el tramo de la UD, otra vez en cueros por su falta de gol por mucho mimo y empeño que pusiera en ire arriba. Un procedimiento industrioso, paciente y repetitivo que contrastó con los colmillos del Cádiz, al que le bastaron dos carreras para echarle la persiana al asunto.

Si hasta el momento Salvi era el trueno cuando le encontraban en carrera, ya en el campo Alejo, la tortura para los laterales se dobló. Alejo, velocista consumado, taladró por la diestra con dos acciones ganadoras, siempre con el mismo gesto. Serpenteo, profundidad y centro imponente. En el primero, Valles se marcó un paradón cuando Álvaro, libre de polvo y paja, ya festejaba el segundo. Enorme el meta andaluz, sin tembleque y con reflejos después de venir de una mala tarde en Riazor. Volvió Alejo a dejarse ver y, en jugada calcada, con los mismos protagonistas que segundos antes, el árbitro sancionó con penalti un derribo a Álvaro en el que el portero no da la impresión de querer mandarlo al suelo en un choque fortuito y ya con el balón fuera. Hubo revisión de VAR, faltaría más, pero cada repetición aumentó las dudas y el enfado de todos, empezando por un Álvaro encolerizado por semejante desenlace. Álex hizo el 0-1 desde el punto fatídico y quedó a gusto de ateos y creyentes seguir esperando el milagro todo no acabara en derrota.

Rubén, a centro quirúrgico de Varela, le puso picante al pleito. Era el 1-2 y quedaba tiempo pro delante. Hubo clamor ambiental y acometida. Ilusión pasajera hasta un pitido final con eco criminal.