Dos estadios para cumplir los sueños

22/08/2019

El Insular, de 1949 a 2003, y el Gran Canaria, desde hace dieciséis años casa de la UD, han sido los escenarios en los que el equipo ha desarrollado su vínculo con la afición y en los que generaciones y generaciones de seguidores han dejado patente su fidelidad a los colores. Latidos de afecto y entusiasmo en los barrios capitalinos de Ciudad Jardín y Siete Palmas.

Primero, el Insular, que se convirtió en el escenario de los sueños durante más de 50 años. Y, desde 2003, el Gran Canaria, la casa en la que se está desarrollando la vida moderna de la UD y en la que, actualmente, hasta se ha integrado la sede. En setenta años de vida dos han sido los estadios en los que el equipo ha vivido y desarrollado sus evoluciones ante la afición grancanaria.

1944, año de inauguración del Insular. Fue un 25 de diciembre y con un amistoso entre las selecciones del Puerto y de Las Palmas. Por entonces aún no existía la UD Las Palmas.

El Insular nació antes, incluso, que la entidad, pues su inauguración data de 1944, un lustro antes de la conformación oficial del club, y se le asocian recuerdos imborrables hasta el punto de que su cierre generó honda controversia, dada la resistencia de gran parte de aficionados y hasta dirigentes de hacer la mudanza. Ubicado en el corazón de la capital, y con capacidad para 20.000 espectadores, vivió el nacimiento, maduración y expansión del equipo, creando un vínculo sentimental que hoy permanece, pese a que ahora es un parque urbano lo que está a la vista en su superficie original.

«En el campo sentías la grada, en la grada olías el césped», matiza Mamé León, uno de los ídolos de siempre, para ilustrar el ambiente mágico que allí se generaba en cada día de partido. Cedrés, Manolo Montes, Torres, Molowny, Pepín, Silva, Aparicio, Germán, Guedes, Tonono, Carnevali, Wolff, Brindisi, Félix, Morete, Juani, Felipe, Contreras, Narciso y toda una larga lista de nombres incrustados en la historia no conocieron otra pradera para convertirse eternos en la memoria popular.

Estampa del Gran Canaria desde la Grada Curva en una actuación reciente de la UD Las Palmas.
Estampa del Gran Canaria desde la Grada Curva en una actuación reciente de la UD Las Palmas.
2003, año de inauguración del Gran Canaria. El 8 de mayo de ese año, cinco después del inicio de su construcción, UD y Anderlecht protagonizaron un amistoso para su apertura.

El Cabildo de Gran Canaria promovió, a finales de la década de los noventa, la construcción de un nuevo recinto al considerar que el p aso del tiempo haba dejado obsoleto el recinto de Ciudad Jardín. Se eligió la zona periférica de Siete Palmas, entonces en plena ebullición urbanística y que reunía las condiciones orográficas para acoger el nuevo estadio.

Y un amistoso frente al Anderlecht belga, el 8 de mayo de 2003, bautizó la que hasta hoy es la plaza que defiende la UD como local.

Dieciséis años de vida en los que ya se albergan alegrías para la hemeroteca (dos ascensos, a Segunda en 2006 y a Primera División en 2015), eclosión de figuras contemporáneas (Jonathan Viera o Vitolo a la cabeza) y adecuaciones para mejorar la accesibilidad y comodidad de todos (la supresión de las pistas de atletismo y el acercamiento del público se celebró como una reforma necesaria, si bien faltan trabajos para completar logísticamente las torres que hay en la Naciente).

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    ¿De quién cree que es la culpa del pésimo arranque liguero de la UD Las Palmas?

    El presidente.
    El entrenador.
    La plantilla.
    De todos por igual.
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