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Antonio Rodríguez Bosmediano, durante la entrevista concedida a CANARIAS7. Arcadio Suárez

«Dejé el Osasuna en 1978... Pero cuando voy a Pamplona me paran por la calle»

Fútbol ·

Antonio Rodríguez Bosmediano, ex de la UD y el club navarro, se emociona al recordar su pasado defendiendo dos escudos que rivalizan el próximo domingo

Ignacio S. Acedo

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 20 de febrero 2024, 17:50

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De niño su madre le empezó a llamar Ñoño porque era «muy pequeñito» y con ese apodo Antonio Rodríguez Bosmediano (Las Palmas de Gran Canaria, 1946) no solo hizo carrera como futbolista profesional en una de las mejores etapas de la UD y, también, en el Atlético Osasuna, donde se consagró como ídolo por sus bríos y potencia como interior zurdo. También ha levantado un imperio gastronómico en la capital grancanaria, con varios locales de éxito y fama, que ya ni necesita publicidad. El domingo se cruzan los dos escudos de su corazón. Habla emocionado. Los años, los recuerdos, esas vivencias de los buenos tiempos...

–¿Con qué equipo va el domingo?

–La UD me lo dio todo pero fue en elOsasuna donde triunfé. En Pamplona me acogieron como si fuera mi casa y fueron unas temporadas maravillosas (1973-78) y en las que disfruté muchísimo pese a que no jugamos en Primera. Entonces, como no quiero ser injusto con nadie, pues que empaten. A la UD le viene bien ese punto y creo que el Atlético Osasuna también lo firma.

–¿Irá al estadio?

–No. Me pongo muy mal de los nervios. Prefiero no ir.

–¿Su favorito?

–Osasuna tiene una base importante de sus años en Primera. El año pasado hizo una temporada espectacular, con la final de Copa, y eso se nota. Creo que su bloque está mejor conjuntado que el de la UD, pero a un partido todo puede pasar y más jugando la UD como local.

–¿Está disfrutando, como el resto de la afición, de esta UD pujante en Primera?

–Me alegro mucho de que el equipo esté como está. En Primera División, que es su lugar, y haciendo que la gente se divierta. Creo que nos falta un delantero centro para poder hacer más goles. Pero, en general, esta UD creo que va por muy buen camino. No es fácil competir en la máxima categoría y este equipo lo hace muy bien.

–¿Cómo acabó usted en Pamplona después de tener protagonismo en aquella UD floreciente de finales de los sesenta y comienzo de los setenta?

–Sinibaldi no contaba conmigo y García Panasco fue muy claro. Me llamó y me dijo que me buscara equipo. Yo lo que quería era jugar. Primero estuve en el Valladolid con otros canarios como Menchu o Melián. Fue una campaña muy buena (1972-73) en la que estuvimos a punto de subir a Primera. Luego volví y seguía la misma situación, por lo que me decidí a marcharme definitivamente. García Panasco me dijo que esperara para ver si podían cobrar traspaso, pero me negué. Si la UD no me quería, al menos que me dejaran mirar por mi futuro y así fue. Lo hablé con él y, al final, no me puso ningún problema. Rosendo Hernández estaba en el Tudelano y me llamó para que probara allí. Jugamos un amistoso contra el Osasuna, que quería fichar a Cordón, un delantero muy alto al que Rosendo también se había llevado para allá. Pero me salió un partidazo y Fermín Ezcurra, que era el presidente del Osasuna, me dijo que me fichaban a mí. Y no lo dudé. Fue una decisión acertadísima.

–La afición rojilla acabó idolatrándole, encajó a la perfección.

–Fue una etapa preciosa. Cuando miro las fotos y los recuerdos me vienen cosas muy bonitas a la cabeza... Viví en Pamplona de maravilla, me adapté a todo. Al campo embarrado, al frío... Era como si llevara allí toda la vida. Y desde el primer día. Y sí, el trato de la gente siempre fue impresionante. Hace dos años fui a los Sanfermines y me reconocían los aficionados. Mi último año en el Osasuna fue en 1978 y todavía me paran por la calle... ¡Qué más puedo pedir!

–¿Y qué piensa cuando oye que al jugador canario le cuesta rendir cuando sale de casa por su experiencia tan positiva en Navarra?

–Es que yo ni me paré a pensar si me iba a adaptar o tendría algún problema allí. Me encantaba jugar al fútbol, todos me brindaron un recibimiento fantástico e hice mi trabajo lo mejor que podía. Por suerte, todo fue de maravilla. Hice grandes amistades que todavía conservo allí. Fue un orgullo y un privilegio para mí.

–¿Se sintió más reconocido fuera que en su tierra?

–Fueron dos etapas diferentes y que no hay que comparar. Aquí alcancé mi sueño, después de jugar en el Artesano y San Antonio, de llegar a filiales de la UD y estar en el primer equipo con gente como Germán, Tonono, Guedes, Castellano, Martín Marrero... Luis Molowny fue quien me dio esa oportunidad. Recuerdo que del equipo regional subimos nueve de golpe, de los campos de tierra a Primera, algo impensable hoy. Y pude tener el honor de ser internacional en categorías inferiores. Luego, ya en el Osasuna, todo fue rodado en todos los sentidos. Me siento querido aquí y allí.

–¿Es eso lo más importante, que quede un buen recuerdo personal por encima de los goles y los méritos en el campo?

–Por encima de futbolistas somos personas. Yo me quedo con los granes compañeros que tuve, con los que me ayudaron y a los que yo pude ayudar. Encontré buenos vestuarios, grandes personas y la gente siempre me mostró respeto y cariño. Me siento un privilegiado por haber disfrutado del fútbol y haber vivido todo lo que pude vivir, tanto en mi tierra como en las otras ciudades en las que estuve.

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