Corazón, orgullo y compromiso

19/03/2019

La derrota ante el Mallorca rompió cálculos pero no esperanzas y Pepe Mel ya trabaja en el rearme anímico de la UD, que afronta el partido de la próxima jornada ante el Granada con el imperativo de ganar

Tropiezo digerido y con los cinco sentidos puestos en Granada. En la UD «nadie se rinde», como aseguran fuentes de la entidad, y van a ponerle corazón y «lo que haga falta» para mantener vivo el sueño de entrar en la promoción de ascenso a Primera División. La clasificación y las sensaciones no son las mejores para abordar un desafío cada vez más encarecido, pero ni la directiva ni Pepe Mel van a consentir que se bajen los brazos a falta de doce jornadas para la finalización del calendario regular.

La derrota frente al Mallorca (1-2) ha supuesto un retroceso del todo inesperado y que, a ojos del propio entrenador, rompe muchos de sus cálculos en el tramo de competición que resta. Mel consideraba innegociable la fortaleza en casa, más sabiendo que los desplazamientos que restan son de altísima dificultad, con la mayoría de anfitriones en la lucha por la zona alta de la clasificación, intercalando, además, un derbi en Tenerife. Pero, ya con el año hecho, no queda otra que reciclarse.

Y si antes valía con no perder en Los Cármenes, ahora la exigencia se infla hasta la obligación de lograr la victoria para insistir. «Si ya se logró en Riazor, ahora se puede repetir», sostienen en el vestuario a propósito del partido del próximo domingo.

Nuevamente cobra relevancia la faceta psicológica en Pepe Mel, experto en el arte de la sugestión con sus jugadores y que, al igual que hizo dos semanas atrás, recién aterrizado, cuando se ganó el apoyo incondicional de todos gracias a su tacto y discurso, conviene repetir. Ahora le toca volver a trabajar esa faceta para levantar, cuanto antes, la moral de sus hombres.

Pero su mensaje a la dirigencia es claro: sabía que habría piedras en el camino y tan importante fue mantener la serenidad cuando se ganó frente al Deportivo como no hundirse tras el primer revés sufrido en casa. Y aunque sabe que los días se harán más largos, confía plenamente en su libreto. Está convencido de que la condición anímica de los futbolistas será la más óptima para afrontar la jornada venidera en la que tiene muy claro que no se puede fallar.

Pese a que opina que con ocho o diez triunfos más se garantizaría la plaza para las eliminatorias por el ascenso, lo que todavía otorga la posibilidad de errar algún tiro, sí admite que el impacto de dos derrotas seguidas sería, con las apreturas actuales, casi definitivo. De ahí que si el partido de Granada ya era una final de antemano ahora, tras lo de Mallorca, haya cobrado la categoría de «finalísima».