Mel sostiene un balón en el transcurso de una sesión. / UD LAS PALMAS

Mel y su comprensión y tacto con las consignas impuestas

El técnico, en plena sintonía con presidente y dirección deportiva, acata sin debates la lista de bajas comunicada este lunes y en la que no ha participado

I. S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

De «amor total» declaró hace días Mel que era su relación profesional con la UD. Y lo cierto es que esta sintonía club-entrenador va más allá de la propaganda y se demuestra y afianza con hechos puntuales. El último viene con la maniobra de la entidad para aligerar masa salarial y que obliga a dar entre cinco o seis bajas en la primera plantilla sin opción a reponerlas con refuerzos. Todas las contingencias que puedan surgir hasta el final de campaña en materia de recursos humanos, tendrá que digerirlas el entrenador con gente de la casa, nada nuevo, por otra parte, para un Mel que en sus veintidós meses de pertenencia al club ha abierto decididamente la espita a la cantera, propiciando infinidad de estrenos y con hitos como el de Pedri, ahora estrella emergente del Barcelona y al que tuteló siendo un juvenil de 16 años.

El preparador madrileño no ha participado en las deliberaciones de la comisión deportiva para determinar qué jugadores son prescindibles y deben salir y, además, fue ayer cuando conoció la identidad de los implicados. Y ha asumido con corporativismo el modelo de gestión de la UD, en el que se pone a disposición del técnico una plantilla a la que debe extraer rendimiento, sin entrar a fichar o imponer descartes, como así se da en otras entidades que otorgan más poder ejecutivo y autonomía al inquilino de su banquillo.

«Su buen trabajo lo complementa con actuaciones que van en idéntica dirección a la del club, lo que refuerza su figura. Siempre ha entendido perfectamente las posibilidades y limitaciones de la UD, no es egoísta, como muchos compañeros de su profesión, y se ha adaptado, de la mejor manera, a todas las situaciones», razonan, con satisfacción, desde el alto mando.

Para un entrenador no es fácil asumir que, lejos de acudir al mercado invernal, va a tener que acabar la temporada con menos efectivos de los que tuvo al comienzo y con el añadido de que dos de los que figuran en nómina, Aythami y Cedrés, no podrán jugar hasta el curso que viene por gravedad en sus lesiones. Pero de Mel no va a salir queja alguna al respecto, al ser testigo y partícipe de que la situación económica hace indispensable acudir a estos recortes.

Su comprensión y empatía tienen ahora un realce especial dado que, aunque afecta a su competencia, pues se debe a sus jugadores y está sujeto a los resultados, Mel se ha mostrado leal a sus superiores y ha acatado con buen ánimo lo que viene. Su postura de conformidad en absoluto se traduce en conformismo o complacencia. De puertas para adentro mantiene las proclamas ambiciosas en el vestuario, un llamamiento semanal a afrontar cada jornada con máximas pretensiones. Así se explica el excelente balance que está dejando enero, Copa al margen, tras despachar, en apenas una semana, a Espanyol y Mallorca, conquista que no está al alcance de muchos. Una prueba más de que hay mimbres y, también, posibilidad de soltar remanente.

Ramírez y Mel están en la misma onda y tampoco ya hay tiranteces desde la dirección deportiva, como se daba en la etapa de difícil cohabitación entre Rocco Maiorino y Toni Otero. Con Luis Helguera y Tino Luis Cabrera hay una comunicación fluida y niveles de confianza consolidados. Helguera apostó por su renovación en verano y con Tino Luis ya coincidió en el Real Betis y mezcló de maravilla. En lo que respecta a Tonono, su tacto con los canteranos y el diamante compartido de Pedri, uno lo captó y amarró y el otro le dio vuelo y le hizo visible al mundo, les hormigonó el vínculo. Así, en ese entorno feliz, apego con el presidente y óptica compartida con sus superiores, cualquier maniobra se adopta sin estrés ni discrepancias. Y por el bien común.