Autopista hacia el cielo en Elche

14/12/2019

La UD llega al Martínez Valero en un momento emergente y clave para anclarse en las posiciones de privilegio, el reto propuesto ahora que todos mezclan de maravilla en torno a la figura estelar de Jonathan Viera, que va de recital en recital.

Ignacio S. Acedo Elche -Enviado especial

Tal y como está la UD, lanzada a golpe de triunfos, hasta tres consecutivos ya, procede colgarle todas las etiquetas relucientes y pronósticos favorables hoy en Elche. Pocos equipos de la categoría pueden presumir de la exuberancia adquirida de un tiempo a esta parte, figura capital de Jonathan Viera de por medio, y semejante propulsión invita a esperar lo mejor de los muchachos de Pepe Mel, ahora con todos los cielos despejados y las previsiones más nítidas. Es lo que da tener en las filas propias al acaso mejor futbolista de la categoría, un devorador de rivales y con una tarjeta de presentación que resulta imponente: diez goles en once partidos, cinco en los últimos tres.

Ya le vale al Elche poner grilletes y sembrar de trampas el Martínez Valero. Ni así podría bastar para frenar a Jonathan, desatado y al que las dudas sobre su futuro, lejos de restarle prestancia, le han convertido en un cañón. Con la incertidumbre latente de su vigencia en la UD, a él le ha dado por jugar como los ángeles. A otros les entraría tembleque y recato. No es el caso de Jonathan, de recital en recital.

Viera, en efecto, condiciona cualquier análisis previo del partido. Se trata de un elemento diferencial y que, sin desmerecer al resto del coro, tiene todas las llaves posibles. A poco que mantenga su nivel de efectividad y excelencia, el pleito se inclinará para la UD. Normal que cada pelota acabe en sus pies y que sea el destinatario de todos sus compañeros. Claro que, al calor del veintiuno, carburan todos. Narvaéz mete todo lo que tira, Pedri mantiene sus destellos, qué decir de Benito y así se podría abarcar al resto.

Versiones mejoradas que han terminado por plasmarse en la salud competitiva de una UD a la que ya no resulta fácil echarle el lazo. Después de una coyuntura extrema, con un parte industrial en la enfermería que llevó al límite a Pepe Mel, se ha normalizado todo. Hasta Araujo anda de vuelta, lo que prueba la mutación de piel que ha experimentado un equipo armado y rebosante de argumentos, confianzas y aspiraciones. Del vértigo clasificatorio se ha pasado a un debate más aristocrático, con el sueño de discutir el ascenso en boca de muchos. Ante esos cálculos a largo plazo, Mel antepone lo inmediato. Conocedor del entorno y el sistema, el técnico sabe que todo pasa por regar el presente, seguir ganando, mayormente. Y la prueba de esta tarde tiene sus aristas, dada la oposición que anuncia un Elche bien compacto, también venido a más y que ha dado buenas muestras de su capacitación. Por no ir más lejos, llega de frenar en seco al Cádiz y en el Carranza, misión que no está al alcance de cualquiera, lo que, en sí, avisa y previene. Y otro dato de aliño: no pierde desde finales de octubre. Ya ha llovido, sí.

De vuelta Aythami y Mantovani al centro de la defensa, salvo cambio de opinión repentino, el resto del once sale de memoria. No hay necesidad alguna de más cambios por la dinámica que se lleva y esa necesidad de generar automatismos y de consolidar un núcleo de protagonistas. Sin haber podido repetir once en toda la temporada, estos primeros pasos para la cohesión tienen una importancia capital para el cuerpo técnico. Tampoco va a ser Mel un freno para los que se están ganando el jornal de punta a punta, desde Valles, bien consolidado bajo palos, a Narváez, cuya precisión quirúrgica para clavarla desde los costados del área está creando auténtica sensación. El colombiano ha hecho costumbre de una ciencia. Y que siga así, pensarán él y el resto. Tres golazos hasta la fecha y que pase el siguiente.

He ahí una de las grandes noticias que deja el equipo, centrado en atender a su potencial y extensión sin distraerse mucho en lo que le puede esperar. El Elche, en este caso, no inquieta tanto a Mel como que su gente haga lo que tiene que hacer. En paridad a meter la pierna y sudar la camiseta, esta UD va dos cuerpos por encima y eso se tiene que hacer notar, faltaría más. Un efecto intimidatorio que ya va calando en el resto, que miran con retrovisor a Las Palmas cada vez que toca medir fuerzas.

Discurso ambicioso, actitud innegociable y ganas multiplicadas. También Jonathan Viera. Con él debe bastar y sobrar. Suficiente para seguir lanzados.