Cuartos de final

Nadal aplaza el último baile

El español jugará su decimoquinta semifinal en el Grand Slam parisino tras vencer en un partidazo a Djokovic

ENRIC GARDINER Madrid

Rafa Nadal jugó su último partido en Roland Garros, sí... Su último partido hasta que este viernes dispute una de las semifinales del torneo parisino. Porque Nadal, el que tiene 35 años y cumplirá en unos días 36, volvió atrás en el tiempo, se puso el mono de trabajo de cuando apenas tenía 20, y derribó a Novak Djokovic, incapaz de dar con la medicina contra el español, en un encuentro que vale la decimoquinta semifinal para el balear, por 6-2, 4-6, 6-2 y 7-6 (4).

«Es increíble», dijo Nadal emocionado. Fueron sus primeras palabras tras las más de cuatro horas que le costó eliminar al serbio. Una victoria en la que muy poca gente confiaba. Por las condiciones, porque la televisión eligió ponerle contra las cuerdas y colocarle en la jornada nocturna, la más dura para su tenis; por el estado de Djokovic, en una racha de nueve victorias consecutivas y sin haber cedido un solo set en cuatro partidos en París; y por su edad y estado físico. A sus 35 años, a días de cumplir 36, venía de jugar más de cuatro horas hacía dos días. Y se impuso a todo.

Quizás ese punto de favoritismo fue lo que provocó que Djokovic saliera aletargado, incluso sorprendido por el nivel de Nadal, que arrancó con su derecha a pleno rendimiento y con un dominio de la pista que invalidó que fuera de noche, de día o como si se jugara en Belgrado.

Se jugó a lo que quiso Nadal durante set y medio. El nivel de Nadal recordó al de la final de 2020, cuando el torneo se disputó en octubre, en pleno otoño, y en la final pasó por encima de un Djokovic que se fue con un 'rosco' incluido. Había plenas reminiscencias de aquello, hasta que el número uno empezó a resurgir. Hubo un bajón físico de Nadal y un toque de atención del serbio, que pasó del 3-0 30-15 en el segundo set a apuntarse un parcial de 6-1.

Batalla titánica

El partido se había igualado y, aunque el marcador no lo indicase, la batalla había sido titánica, con dos horas de encuentro para apenas dirimir dos sets. Noche larga en París, los espectadores se prepararon con mantas, al menos los pocos valientes que colorearon una Philippe Chatrier desmejorada por los huecos en la grada. La decisión de la organización de colocar el mejor partido del torneo por la noche no fue buena para el espectáculo.

Al menos para el visual, porque en la pista no bajó el ritmo. Nadal, tras perder el segundo set, se fue al baño, hizo borrón y cuenta nueva y cambió la inercia del partido. Djokovic perdió su ventaja mental, se enfrió y vio cómo se le marchó el tercer set. Las dejadas de Nadal, hizo hasta 29, su porcentaje en la red, donde ganó más del 70 % de puntos, y, sobre todo, los errores con el revés de Djokovic, que elevó su cuenta por encima de 30, permitieron que el manacorense volviera a la superficie y colocara una ventaja letal. Nunca el español ha perdido un partido en el que dominara por 2-1 a Djokovic y solo en tres ocasiones se han ido hasta el quinto set.

Esta apuntó a ser la cuarta. Djokovic lo tuvo en su mano. Ventaja de 4-1 y de 5-2. Restó dos veces para forzar el parcial definitivo y sacó una vez para ello. Dispuso de dos puntos de set. Estuvo a un punto de ganar, por tercera vez en su carrera, dos sets a Nadal en París. Y no ocurrió.

Nadal remontó del 5-2 al 5-5, forzó un desempate, el 19 de su rivalidad, empatados hasta ese momento a nueve para cada uno, e inclinó el partido a su favor. No sin sufrir otra vuelta en la montaña rusa. El español se erigió con un 6-1, es decir, cinco puntos de partido, pero desperdició los cuatro primeros. Dios cuatro respiros a Djokovic, que se hundió con el último ese que Nadal remachó con un revés demoledor.

El de Manacor llega a su decimoquinta semifinal en París, ronda que siempre que ha jugado, ha terminado con el título. Su rival será el verdugo de Carlos Alcaraz, Alexander Zverev, al que domina en el cara a cara por 6-3, siendo en tierra batida de 4-1.