Emma Raducanu alza el trofeo como ganadora del US Open. / afp

US Open

Raducanu rompe el cielo de Nueva York

La tenista británica se hace con el US Open a sus 18 años y es la primera preclasificada en lograrlo en toda la historia

ENRIC GARDINER

El día en que se conmemoraba en Nueva York el 20 aniversario del 11-S fueron dos tenistas que no habían nacido cuando los aviones apagaron el cielo de la ciudad las que se disputaron el título de campeonas en el Abierto de los Estados Unidos. Finalmente Emma Raducanu, la más joven de las dos precoces que han asombrado al mundo durante dos semanas, fue la que triunfó en la traca final. Se impuso a Leylah Fernández, un año mayor que ella, por (6-4 y 6-3) para completar un torneo impoluto que le ha lanzado al estrellato.

Porque la británica es la primera mujer de su país en conquistar un Grand Slam desde que lo hiciera Virginia Wade en Wimbledon 1977 y la primera en ganar un título de esta categoría procediendo de la fase previa. Tampoco ha dejado escapar un solo set por el torneo. Su puño de hierro en Nueva York ha sido tal que en ninguno de los siete partidos del cuadro final ha cedido más de cuatro juegos en un set. Su aventura americana ya es historia del tenis, historia de la vida de una jugadora que, al comienzo del torneo, cuando tenía que disputar la fase previa, ya tenía comprado el billete de vuelta a casa. Para antes de que empezara el cuadro final.

Para una tenista que era la número 338 del mundo antes de que empezara Wimbledon, que no empezó a competir en 2021 hasta que acabó sus exámenes de matemáticas y economía y que cuando aterrizó en Nueva York era simplemente la nueva promesa británica. Una más en una nación que necesita talento ante la cada vez más cercana marcha de Andy Murray.

Pero Raducanu ya no es una promesa. Con solo 18 años mostró una madurez brutal en una pista con 24.000 aficionados. Con toda la presión encima de saber que hacía 44 años que ninguna británica tocaba un trofeo de este estilo. Y jugó como si nada de eso le afectara. Como si fuera un partido más, una oportunidad de disfrutar y de seguir mejorando. Con la diferencia de que esta vez ya no era un escalón lo que tenía delante, sino la gloria.

Una rival más tierna

En un partido en el que se tardó más de media hora en disputar seis juegos, Raducanu hizo las veces de veterana ante Fernández, más nerviosa, más tierna, más superada por la situación. Mientras, la británica, a dos puntos de ganar su primer torneo y su primer Grand Slam (algo que ya logró Jelena Ostapenko en 2017) esbozaba una sonrisa que trataba de ocultar con la mano.

Solo tuvo un traspiés, una rozadura con el cemento que le hizo sangre en la rodilla y tener que llamar al médico cuando sacaba para partido. Pero ni ese parón le despistó. Con un saque directo selló la victoria más importante de su vida.

Incluso Wade, presente en la grada de la Arthur Ashe, presenciaba con admiración lo que su sucesora estaba cimentando en la pista. Una estrella rompiendo el techo de Nueva York. Una Raducanu que hace dos meses prefería sacar dieces en sus exámenes antes que pasar a octavos de final de Wimbledon y que tuvo que sacarse nuevos billetes de avión de vuelta a Londres.

Dos semanas después de cancelar el vuelo, escaló a la grada de la Arthur Ashe para abrazar a su equipo y a su familia. La estrella de Emma Raducanu ha empezado a brillar.