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Alcaraz y el espejo de Federer

El joven tenista murciano sorprendió con su histórico triunfo ante Tsitsipas en el Abierto de Estados Unidos

ENRIC GARDINER Madrid

«Nunca había visto a alguien golpear la pelota con tanta fuerza», reflexionaba Stefanos Tsitsipas minutos después de que Carlos Alcaraz le expulsara de la pista Arthur Ashe con la potencia y la valentía con la que el murciano se presentó al mundo. Ese planeta tenis que ya venía avisando desde hace tiempo de la magnitud del talento que Juan Carlos Ferrero lleva moldeando en su academia de Villena desde hace tres años.

Todos los escalones que Alcaraz ha ido subiendo en el último año y medio explotaron la madrugada del viernes al sábado. Era noche cerrada ya en Nueva York cuando el joven murciano se impuso a Tsitsipas, la tercera mejor raqueta del mundo y un hombre que estuvo hace escasos meses a un set de ganar Roland Garros. Se cerraba así un círculo que ha visto a Alcaraz ser el más joven de los 100 primeros del mundo, convertirse en el sexto tenista en la historia en ganar un partido ATP antes de los 17 años y en mejorar a Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic como el más precoz en sumar victorias en los cuatro Grand Slams, con apenas 18 años y cinco meses.

A principios de 2020, con 16 años, Alcaraz rondaba el puesto 500 del mundo; ahora está a una victoria (Peter Gojowcyzk, este domingo) de meterse en los cuartos de final de un Grand Slam. Su progresión ha dado todos los pasos adecuados. Ganó cinco Challengers y a su primer 'top 100' en 2020. Debutó en los cuatro grandes en 2021, en todos ellos con victoria, y levantó su primer título en la tierra batida de Umag hace apenas dos meses.

Antes había despuntado con mucho mérito en los escalones primerizos del tenis. Su pasión por el deporte comenzó a los tres años, gracias a que su padre, director de un club de tenis en El Palmar, le puso una raqueta en las manos. Desde ahí se convirtió en el mejor infantil de España en 2016, ganó las Finales ATP sub-14 de Londres en 2017 y levantó la Copa Davis júnior en 2018.

Además, en los últimos meses le ha dado tiempo para perfeccionar su inglés, tarea que trabajó mucho durante la cuarentena que sufrió en Melbourne a principios de año, estudiar para sacarse el carnet de conducir y celebrar su cumpleaños en la pista Manolo Santana en su primer y hasta la fecha único enfrentamiento oficial contra Nadal.

«Agresivo todo el tiempo»

Y es que, aunque todos los focos le apuntan como su sucesor, lo cierto es que Alcaraz se desmarca del balear para abrazar el tenis de otro maestro. «No intento copiar el estilo de ningún jugador, solo quiero jugar a mi manera. Pero si tuviera que decir un jugador al que intento parecerme, creo que sería Federer. Porque intento ser agresivo todo el tiempo. Sería un sueño jugar contra él», admitió Alcaraz, que demostró esa agresividad conectando más de 50 golpes ganadores ante Tsitsipas.

Aunque nunca se han enfrentado, sí hubo un pequeño acercamiento entre Federer y Alcaraz. Fue cuando el murciano tenía 16 años y se encontraba en Wimbledon disputando el torneo júnior. En su camino a los cuartos de final, Alcaraz tuvo tiempo para pelotear con el suizo, antes de que este se midiera a Nadal en semifinales. Una instantánea con un sonriente Alcaraz rememora aquel momento. «Un sueño hecho realidad. Ha sido un orgullo calentar con el mejor jugador de la historia del tenis en hierba», comentó el murciano.

En las últimas horas el deporte mundial le ha bendecido. Desde Luka Doncic, hasta Boris Becker, David Ferrer y Gerard Piqué. Todos quedaron deslumbrados por un diamante al que aún le queda mucho recorrido.

«Creo que este partido va a aumentar su confianza y su nivel a partir de ahora», apuntó a Eurosport Juan Carlos Ferrero. «Tenía el presentimiento de que iba a ser un partido especial porque desde hacía tiempo quería jugar contra Tsitsipas. Carlos se encuentra muy cómodo desde la línea de fondo, siendo muy agresivo todo el tiempo. Ese es su juego. Tiene mucha velocidad en la derecha y le encanta ir para arriba. Tenía un plan y lo cumplió», apostilló.