Rafa Nadal se emplea a fondo en Melbourne. / afp

Tercera ronda

Nadal sube los decibelios y avanza a octavos con Carreño y Badosa

Alcaraz se queda al borde de la épica y de sellar la primera gran remontada de su vida

ENRIC GARDINER Madrid

Karen Khachanov era una verdadera piedra de toque para Rafael Nadal en Melbourne y el balear lo destrozó. Un triunfo de mucho mérito (6-3, 6-2, 3-6 y 6-1), ante un rival al que tenía dominado en el cara a cara (8-0), pero que siempre es una garantía en pista dura.

El ruso se vio eliminado por el mejor Nadal del torneo y desde que volvió de la lesión. La versión más pulida para sumar su decimoquinta presencia en los octavos de final de Australia y ver con mucho optimismo la segunda semana del único Grand Slam que nunca ha ganado en dos ocasiones.

El manacorense jugó un partido muy inteligente, minimizando esfuerzos y aplacando la derecha y la potencia del de Moscú, que en ocho enfrentamientos solo ha conseguido arrancarle dos set. Tras dos sets rutinarios, Khachanov comenzó un bombardeo que le sirvió para apuntarse el parcial, pero que Nadal mitigó, aumentando mucho su nivel, y poniendo a punto sus armas para lo que vendrá después.

Ahora Nadal se enfrentará al ganador del duelo entre Adrian Mannarino y Aslan Karatsev, semifinalista el año pasado aquí. Pablo Carreño, que eliminó a Sebastian Korda (6-4, 7-5, 6-7 (6) y 6-3), se medirá en octavos a Berrettini. Será la tercera vez que el asturiano pelee por los cuartos de final. También avanza la catalana Paula Badosa tras imponerse a la ucraniana Marta Kostyuk por 6-2, 5-7 y 6-4

Por su parte, Carlos Alcaraz se quedó a un paso de una remontada histórica. A un 'tie break' de levantar por primera vez en su carrera dos sets adversos en un Grand Slam. Lo hubiera logrado a más temprana edad de la que lo hicieron Rafael Nadal, Novak Djokovic y Roger Federer. Pero no pudo ser. Matteo Berrettini, a punto de claudicar, salvó los muebles antes el joven español y evitó la épica (6-2, 7-6 (3), 4-6, 2-6 y 7-6 (5)).

Alcaraz crece perdiendo

El murciano, en la primera vez que llegaba tan lejos en Australia, puso contra las cuerdas al número siete del mundo durante más de cuatro horas. Una refriega en la que se combinaron los nervios de Alcaraz, al que le costó cogerle el tempo al partido y medir sus pasos en la Rod Laver Arena, la pista más grande de Melbourne Park, con su infinita calidad, la que le lleva a estos territorios pese a tener poco más de 18 años.

Alcaraz, una vez se calmó, empezó a explotar las debilidades al revés del transalpino y a ganar terreno. Dispuso de una bola de 'break' en el quinto que pudo ser crucial y salvó un punto de partido antes de que el saque del finalista en Wimbledon le pasara por encima en el superdesempate.

«Estoy cada vez más cerca de los mejores. Tengo el nivel y estoy jugando muy bien. Me siento listo para pelear por hacer grandes cosas. Me voy un poco jodido por la derrota, pero con la sensación de que lo he dado todo», apostilló el español, que en la próxima actualización del ránking ATP aparecerá, por primera vez en su carrera, entre los 30 mejores del mundo.