Carlos Alcaraz celebra su histórico triunfo tirado en el suelo. / AFP

Masters 1.000

Alcaraz inicia una era en Miami

El murciano se impone en dos mangas al noruego Ruud, consigue su primer Masters 1.000 con solo 18 años y emula a Nadal, que a su edad se impuso en Montecarlo

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

Era su día soñado, su primera final de un torneo importante. Después de un recorrido extraordinario en Florida, Carlos Alcaraz se citó en el Hard Rock Stadium de Miami con el noruego Casper Ruud, octavo jugador del mundo y pupilo de la academia de Rafa Nadal. En juego, nada menos que un Masters 1.000, el estreno en un título de esta envergadura para ambos. Solo se habían enfrentado una vez. Fue en tierra batida y el español se impuso al mejor jugador vikingo del momento por un rotundo 6-2 y 6-4. Pero eso fue hace un año en Marbella. Este domingo, la historia era diferente. El murciano había crecido de forma exponencial en estos meses, evolucionado en su juego, y sabía lo que es tumbar a figuras de la raqueta y poner incluso contra las cuerdas al mismísimo Rafa Nadal en las semifinales de Indian Wells. Pero tocaba refrendarlo en el momento cumbre. Y lo hizo con una demostración de físico, toque y sobre todo cabeza, fuerza mental, la que solo tienen los grandes.

Ya no es el murciano ese jugador que flojeaba fuera de la arcilla. Ahora, su potencial es enorme en cualquier superficie. Lo había demostrado también esta semana a lo largo de su recorrido por Miami, con capacidad para adaptarse a diferentes escenarios en los partidos, como le pasó con el griego Tsitsipas o con Kecmanovic en cuartos. Ruud presentaba en el saque su arma más letal, pero también la poseía el polaco Hurkacz y sucumbió ante la clase y potencia del jugador murciano. Llegaba el momento de la verdad, donde la responsabilidad crece, los nervios afloran y los músculos se tensan. Y la nueva estrella del tenis español no falló. Fue claramente de menos a más y tras comenzar con 1-4 adverso, creció hasta imponerse con claridad por 7-5 y 6-4 en una hora y 52 minutos.

El 'niño maravilla' ya no es una promesa, es toda una realidad, el campeón más joven en Miami. Con solo 18 años y 11 meses, se convirtió en el primer jugador español en conquistar este torneo. Y recordó a ese Rafa Nadal que con un mes menos que él ganó en Montecarlo. Con 19 años, el manacorense se coronó en su primer Roland Garros. Palabras mayores. Alcaraz está en el camino, sin prisa pero sin pausa, sin presiones añadidas, con trabajo y talento.

A toda la tensión que supone una final para un chaval de solo 18 años hay que sumarle la emoción que representó para el tenista de El Palmar haber recibido horas antes del gran momento la visita entusiasta de Juan Carlos Ferrero, su entrenador, su sostén, su mentor, su vida en el plano profesional. El extenista valenciano no había podido viajar desde el principio a Miami por la muerte de su padre, pero tras la semifinal hizo de tripas corazón y acudió a Florida. Un abrazo sentido con Alcaraz, un regalo extraordinario para la ya realidad del tenis español, una motivación añadida.

El abrazo del maestro

Empezó demasiado nervioso Alcaraz, que en apenas 13 minutos ya había sufrido en una rotura de su servicio y perdía 3-0. No se hallaba, pero tocaba concentrarse, remar, agarrarse a la pista y esperar a que el noruego bajase sus prestaciones y él se consolidase con más solidez en sus golpes. Por fin llegó el primer juego de Carlitos. Le costó, pero allí estaba su primer 'game' en una final de un Masters 1.000. Padeció para entrar en el partido, pero ya estaba metido de lleno en él. Ni siquiera el 1-4 hizo mella en el murciano, que fue nadando hasta alcanzar la orilla en el set inicial e imponerse por 7-5 tras una hora exacta de juego. Pasó de fallar muchos primeros saques a ganar el 80% de los puntos con los primeros servicios. Se dejó de dejadas precipitadas y se fue con más valentía hacia la red. Acierto.

Juego largo para abrir la segunda manga, con servicio para el nórdico. Y lo ganó Alcaraz en la tercera bola de 'break' de que dispuso. Estaba venciendo en la pista por su clase, pero sobre todo por el poder de su mente. Ruud dudaba cada vez más, fallaba en la red, tomaba malas decisiones. Ganó en blanco el español su siguiente servicio y volvió a lograr el 'break'. Sumaba ya un parcial de 9-1 desde que perdía por 1-4 en la primera manga. Su duelo más esperado, ya estaba muy bien perfilado.

Tenía media copa en la mano pero faltaba lo más difícil, saber agarrarla. Alcaraz iba cuesta abajo, a toda mecha pero con seguridad. En el cuarto juego de este segundo set, Alcaraz levantó hasta cinco pelotas de 'break', pero cedió en la sexta. Ruud lo había visto todo perdido y se lanzó a la desesperada. Confirmó esa rotura ganando su saque en blanco. Había final. El noruego precisó en ese momento asistencia del fisioterapeuta. Tres minutos de tiempo médico para uno, de reflexión para otro. De vuelta, poco más de un minuto y un par de 'aces' para ponerse 4-2. Juego en blanco. A partir de ahí, cada uno mantuvo su saque, hasta que Alcaraz ganó el definitivo en blanco. Enorme. Dedicado a Ferrero, al padre de 'Juanqui', a ese abuelo que le recetó «cabeza, corazón y cojones» y a toda España.

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